La edad de la inocencia: pasión contra tradición

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Nueva York. 1870. El abogado Newland Archer está comprometido en matrimonio con la joven May Welland, ambos miembros de la alta sociedad neoyorquina. 

La llegada desde Polonia de la prima de May, la condesa Ellen Olenska, trastorna las vidas de la pareja, sobre todo la de Newland, ya que le hace dudar de sus sentimientos y su forma de ver la vida y su ambiente.

La edad de la inocencia es un trabajo de la escritora Edith Wharton publicado en 1920, pero situado varias décadas atrás, en la denominada Gilded Age, un periodo de mucho auge económico e industrial que representó una expansión en los círculos sociales de Estados Unidos.

Una época donde tuvieron que ser incluidos los nuevos ricos, para desagrado de la gente de rancio abolengo (o “ricos de toda la vida”). 

Es en este microcosmos en el que convergen los protagonistas que forman parte de un triángulo amoroso en el que Ellen Olenska, que irrumpe como una oleada de aire fresco en medio de un ambiente asfixiante, funge como la persona que rompe con el orden establecido de la sociedad al ser una mujer divorciada en contraste con su prima, hija de familia que se casará con su novio, de la misma posición que ella, cumpliendo así con lo que se espera de ambos.

Este texto trata temas como la estructura de la alta sociedad, con esa rigidez, clasismo y puritanismo que sólo acepta a sus iguales, pero que maneja una doble cara y una hipocresía que termina por desencantar a quienes la conforman.

Y que, a la vez, termina siendo un factor determinante en sus destinos. Es el caso de Newland, a quien el lector acaba por conocer del todo, ya que sus ideas y pensamientos le son compartidos.

Por lo tanto, es testigo de la transformación de este personaje que se va dando conforme avanza la lectura, ya que sus cimientos morales son sacudidos de forma violenta gracias a la presencia de Ellen, una mujer que se sale de los convencionalismos sociales. 

Y es aquí donde la autora toca un punto importante, como es el del papel de las mujeres en esta época, cuya función era meramente de adorno. Algunas de ellas sin voz ni voto o reducidas al cuidado de sus padres o de un marido bajo cuya ala recibían protección, pero se les negaba la posibilidad de crecimiento emocional o hasta de expresión de sus opiniones o sentimientos en medio de un entorno tremendamente conservador. 

También se habla de la diferencia entre el cariño y el amor pasional y cómo el primero de ellos no es suficiente para sostener una relación, mientras que el otro es capaz de llevar a un ser humano a desear renunciar a todo con tal de poder vivirlo plenamente y, en esta historia en particular, va ligado a la eterna lucha entre el querer y el deber.

La edad de la inocencia es un texto escrito en un lenguaje sencillo y comprensible, pero que en momentos podría enredar al lector.

Explica con detenimiento los árboles genealógicos de las familias pertenecientes a ese círculo tan estrecho, el cual es plasmado con detalle, pero a la vez con un tono de crítica por parte de la autora, quien en momentos usa un tono sutil en su narración y deja ciertas cosas en el tintero.

Ello, sin dejar de mostrar las ataduras que atrapan a Newland Archer y el conflicto entre los dos mundos en los que transita, al mismo tiempo que busca ser dueño de su destino.

La edad de la inocencia. Edith Wharton. 1920. Editorial Tusquets.

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