Un mundo feliz: tan bello como irreal

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Londres. Año 632 después de Ford. Un grupo de estudiantes visita un lugar muy particular en el cual se les da una amplia explicación acerca de un tema específico: la división de la población desde su incubación. Bienvenidos a una nueva realidad.

Un mundo feliz es un trabajo del escritor inglés Aldous Huxley y es, sin lugar a dudas, un clásico de la literatura del siglo XX debido a que, de una forma u otra, ha logrado predecir el futuro. 

Utilizando un estilo narrativo, donde se cruzan diálogos e historias de distintos personajes, así como  líneas de tiempo, el autor nos presenta a dos personajes que son representativos de esos segmentos de la población: Bernard Marx y Lenina Crowne.

Marx sufre de discriminación por no haber sido creado de forma perfecta en términos de su físico, mas sí de su inteligencia, y Crowne encaja perfecto en la sociedad, pues es bella y su comportamiento es el adecuado. 

A través de ellos es que el lector descubrirá que los habitantes fueron traídos a este mundo de manera artificial con un previo diseño y que además, son adoctrinados para formar parte de un conjunto de castas, nombradas todas con las letras del alfabeto griego, siendo Alfa el estrato más alto y Épsilon el más bajo.

Pero eso no es todo. Este nuevo mundo, en el que los años se cuentan con la escala Ford, lo cual hace referencia a Henry Ford, tiene como lema “comunidad, identidad, estabilidad”.

Y en nombre de ello se llevan a cabo varias acciones, tales como la aplicación de hipnosis para sugestionar o implantar ideas en la población y el suministro de una sustancia llamada Soma, cuyo propósito es el de aliviar los sentimientos de melancolía que pudieran aquejar a las personas. 

Para evitar llegar a ese punto, se lleva a cabo la eugenesia, que es el diseño de seres humanos sin defecto alguno para que puedan ser felices, todo esto con el fin de alcanzar la felicidad total. 

Pero como siempre hay un inconforme que no comprende del todo la situación y comienza a cuestionar, es cuando entra en acción Bernard, quien trabaja en uno de estos laboratorios y, en unas vacaciones que toma con Lenina, tiene la oportunidad de conocer a John el Salvaje, un hombre que sin lugar a dudas se sale de la norma y cuya historia acerca de su concepción y su crianza les abrirá los ojos en cuanto a la realidad en la que han estado viviendo.

Un mundo feliz, a través de su narración ágil y su lenguaje sencillo, pero a la vez cargado de términos que pueden llegar a ser complicados para el lector, habla de muchos temas que en este momento no nos resultan tan extraños, a pesar de que este texto se escribió en la década de los treinta del siglo XX. 

Es así como encontraremos que la gente recurre a químicos para intentar calmar lo que le aqueja, cómo pierden su identidad convirtiéndose en copias del otro para poder ser aceptados socialmente, pero también se muestra a un ser como John el Salvaje que, una vez que es expuesto, se convierte en una celebridad por el simple hecho de ser diferente a los demás. 

Se nos habla del conformismo, del consumismo, el uso de la ciencia en perjuicio de la humanidad para privarla de sus características natas, la pérdida de la capacidad de raciocinio, así como de la libertad misma. 

Es por ello que este texto peca por momentos de visionario y pinta un panorama por demás desalentador, ya que advierte de las consecuencias de los actos realizados por quienes tienen el poder, pero también nos recuerda que el ser humano, por muy imperfecto que sea, posee el derecho de buscar su propia felicidad. 

Y eso nada ni nadie se lo debe quitar.Un mundo feliz. Aldous Huxley. 1932. Editorial Debolsillo.

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