Estados Unidos entre Soros, los demócratas y Trump como rival

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Hay varias teorías, documentación, conspiraciones, reseñas y perspectivas sobre el papel de las instituciones financieras y crediticias con escalas políticas en la economía global.

Algunos argumentan y suscriben, con base sólidas o a la ligera, que hay un programa económico global impulsado por actores supuestamente filántropos e incondicionales a la causa democrática internacional, como George Soros, el Partido Demócrata, la Unión Europea, el Banco Mundial y las Naciones Unidas, que prioriza la economía verde y la financiarización, en vez de fortalecer el círculo virtuoso de la economía. 

Otros, como Donald Trump y ciertos actores de perfil conservador y soberanista, promueven un enfoque más proteccionista y centrado en la producción y distribución de bienes y servicios tangibles.

Es importante suscribir que la economía es un sistema complejo determinado por múltiples factores y actores en constante participación. No existe una sola verdad, argumento, hipótesis o programa económico que domine el panorama global de la economía. Eso está claro.

La interacción entre la economía, la cultura, los medios, la política y la sociedad es dinámica, cambiante y está en constante evolución, porque eso define la razón de ser del capitalismo como modo de producción.

En cuanto al programa económico de Donald Trump, desde 2016 y de cara al 2024, es cierto que ha promovido políticas soberanas, proteccionistas y ha enfatizado la importancia de la producción y distribución de bienes y servicios tangibles en la economía estadounidense, suscribiendo los factores positivos de los criterios de producción y distribución en los Estados Unidos.

Sin embargo, es importante analizar críticamente las implicaciones, naturalezas y consecuencias de estas políticas, tanto a nivel nacional como global, considerando que el eco estadounidense tiene influencia en el mundo.

Finalmente, el debate sobre el programa económico global y las políticas de Donald Trump es complejo y multifacético, sobre todo por los compromisos con los distintos actores económicos dominantes de nacionalidad estadounidense con escala planetaria. Es importante considerar múltiples perspectivas y fuentes de información para formarse una opinión informada.

La economía global se encuentra en un punto de inflexión determinante, con dos visiones contrapuestas que buscan moldear su futuro y sobreponerse. 

Por un lado, la élite financiera, los bancos, las agencias verdes vinculadas a los financieristas, representada por figuras como George Soros, diversos actores políticos, intelectuales y perfiles mediáticos y la totalidad del Partido Demócrata, que promueven una agenda de economía verde y la financiarización de la economía, enfocada en la sostenibilidad y la globalización de las finanzas.

Por otro lado, Donald Trump y su movimiento político, con una inmensidad de capitales afines dentro de la geografía estadounidense, que abogan por un enfoque proteccionista y centrado en la producción y distribución de bienes y servicios tangibles, priorizando la economía estadounidense y el factor trabajo vivo, el uso de tecnología y el uso de los estándares internos de calidad de la economía estadounidense.

Ambas visiones tienen sus argumentos y defensores. La economía verde y la financiarización prometen una transición hacia una economía más sostenible y globalizada, con beneficios para el medio ambiente y la cooperación internacional. Sin embargo, también han sido criticadas por generar desigualdad y concentrar el poder en manos de unos pocos, dándole prioridad al factor dinero.

La propuesta de Donald Trump, por otro lado, busca revivir la economía estadounidense y proteger los intereses de los trabajadores y las empresas nacionales con el objetivo de cumplir con el círculo virtuoso de la economía capitalista en una raigambre sana.

Aunque ha sido criticada por ser proteccionista, anti sustentable y potencialmente dañina para la globalización y las finanzas corporativas, también ha generado apoyo entre aquellos que ven en ella una oportunidad para revitalizar la economía y devolver el poder a los empresarios de orden industrial y comercial de la geografía estadounidense.

En este contexto, la propuesta de Donald Trump parece ser la más acertada para esta época, y más considerando la coyuntura estadounidense a nivel de correlación de fuerzas internas y riesgo de confrontación civil. 

Este es un momento en que la desigualdad económica y la pérdida de empleos bien remunerados son problemas crecientes en Estados Unidos, y su enfoque en la producción y distribución de bienes y servicios tangibles, así como su compromiso con el factor trabajo vivo, a nivel de ofrecer crear empleo de forma masiva, otorgan una visión más prometedora para el futuro económico estadounidense.

Además, su énfasis en la soberanía nacional y la protección de los intereses estadounidenses puede ayudar a contrarrestar la influencia de la élite financiera y política global, que a nivel de escala planetaria ejerce influencia en los programas macroeconómicos.

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