Por Rivelino Rueda
Abraham Mendiola jamás regresó al SuperISSSTE de Vértiz luego de aquella tarde de abril de 2022. Cuatro policías de seguridad privada, inquisitivos, amenazantes, casi respirando en su nuca, lo persiguieron en todo momento al interior de la tienda departamental para verificar que no se robara nada.
Todo ocurrió en alrededor de veinte minutos. El hombre de 57 años, quien trabaja en la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) desde hace dos décadas y media, acudía esporádicamente a dicha tienda porque sabía del desabasto que padecía desde años atrás por el “saqueo permanente”.
Anaqueles vacíos luego de que días antes era abastecida la tienda. Secciones que cerraron repentinamente porque de un día a otro desaparecían sus productos sin ninguna explicación, como las áreas de carnicería, frutas y verduras, panadería, ropa para damas, caballeros, niñas y niños.
Eso sí. Mientras menos artículos había en existencia, más elementos de seguridad privada se dejaban ver en el centro comercial a cargo del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).
Como empleado del sector público, como vecino de la colonia Narvarte, en la alcaldía Benito Juárez de la Ciudad de México, y como derechohabiente del ISSSTE, Abraham Mendiola sabía, por experiencia propia y en charlas con compañeros de trabajo y vecinos, que el verdadero saqueo a ese icónico centro comercial del sector público –y a los otros 375 que llegó a tener esa institución de seguridad social– se perpetraba desde otros niveles.
Todavía a unos pasos de la puerta de salida, los elementos de resguardo y una mujer vestida de civil, que nunca se identificó, machacaron al cliente con groserías y acusaciones de que se había llevado algo sin pagar. Con radios de comunicación en mano, lanzando supuestas alertas al “centro de control”, obligaron a Abraham a quitarse la chamarra, vaciar las bolsas de su pantalón y despojarse de sus zapatos.
“Fue una vejación. Nunca regresé. Unos dos meses más tarde cerraron la tienda, pero ya no tenían nada. De hecho yo entré a comprar sólo un paquete de salchichas, porque fui a hacer unos trámites a las oficinas del Gobierno de la Ciudad de México, que estaban a un costado, y ya ni eso tenían. Los policías todavía se enojaron más cuando les dije que hicieran lo mismo con los que verdaderamente le estaban robando a la tienda, los funcionarios corruptos que fueron los responsables de que eso quebrara”.
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A más de un año de cerrar sus puertas a derechohabientes y al público en general, la sucursal insignia de las tiendas SuperISSSTE, ubicada en Avenida Doctor Vértiz y Obrero Mundial, en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, atraviesa un proceso de desmantelamiento que no ha estado exento de irregularidades administrativas.
Luego de que el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció en su conferencia matutina del 29 de agosto de 2023 que algunas tiendas del ISSSTE serían vendidas “por evidentes trazos de corrupción”, una auditoría interna a dicho organismo, correspondiente al ejercicio fiscal 2023, reveló que, aun en el proceso de mudanza de dicha tienda de autoservicio, se cometieron distintas anomalías.

Ese mismo día, en la conferencia mañanera de López Obrador en Palacio Nacional, Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y próxima secretaria de Gobernación del gabinete de la presidenta electa, Claudia Sheinbaum Pardo, señaló que el gobierno federal tomó la decisión de vender algunas tiendas del SuperISSSTE porque “no eran productivas”.
“Se tomó la decisión de hacer la venta de los predios del ISSSTE para de ahí tener recursos para hacer los hospitales, porque lo que le interesa al ISSSTE fundamentalmente es la salud de los mexicanos”, detalló la funcionaria.
De acuerdo con el acto de fiscalización número 01/350/2024 que realizó la Secretaría de la Función Pública (SFP) a dicho órgano desconcentrado del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), y cuyos resultados y observaciones fueron entregados el 27 de marzo de este año, la entidad registró irregularidades por más de 1.4 millones de pesos en la desinstalación de equipo, mobiliario y mudanza a la sucursal Villa Coapa.
Las anomalías detectadas por el órgano fiscalizador son, principalmente, en el fraccionamiento de servicios a distintos proveedores, lo que provocó la inexistencia de documentación por los trabajos realizados, la falta de actas de entrega-recepción y la nula evidencia del número de bienes que fueron desinstalados.
El acto de fiscalización señala que la Subdirección de Administración del SuperISSSTE fraccionó los servicios de transporte en el proceso de mudanza de la tienda departamental ubicada en la avenida Doctor Vértiz y entregó contratos a distintos proveedores por un monto de 739 mil 200 pesos, sin que “en ninguna de ellas se cuente con evidencia documental pertinente, competente y relevante con la cual se acredite que los servicios se hubieran realizado”.
“La Subdirección de Administración de SuperISSSTE fraccionó los servicios de transporte, ya que al ser una Unidad Administrativa del ISSSTE estaba impedida a realizar el procedimiento de contratación bajo el amparo de la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público (LAASSP), y solicitó el pago de 22 cuentas por liquidar certificadas sin acreditar que los servicios se hubieran realizado”, establecen las conclusiones de la auditoría.
En los anexos de la auditoría se expone que los servicios de transporte se fraccionaron entre 22 proveedores, con contratos por un importe de 33 mil 600 pesos cada uno. Los servicios que se realizaron fueron, sobre todo, por el traslado de bienes de la Unidad de Venta Vértiz a las sucursales de Villa Coapa y Tacubaya, pero en todas se señala que “no se detallan los bienes que fueron trasladados, ni el número de fletes realizados”.
“Sí se cuenta con el acta de entrega-recepción, pero sólo se hace alusión general a un traslado, no obstante, no se refiere cuáles fueron los bienes transportados”, se destaca en otro apartado de los anexos.
Otra irregularidad detectada en la auditoría interna a dicho organismo –que abrió su primera tienda en 1953, en la colonia Juárez de la Ciudad de México, durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, y que actualmente cuenta con 72 sucursales, de las 375 que llegó a tener– fue el fraccionamiento de servicios de maniobras para la desinstalación y desconexión eléctrica de bienes en el SuperISSSTE Vértiz, por un monto de 294 mil 703 pesos.
De las diez cuentas por cobrar certificadas –añade el documento en poder de Reversos–, “en ninguna de ellas se cuenta con evidencia documental pertinente, competente y relevante con la cual la Subdirección de Administración de SuperISSSTE acredite que los servicios su hubieran realizado”.
Los pagos a los diez proveedores que realizaron dichos servicios, que iban de los 27 mil 80 pesos a los 29 mil 955 pesos, se efectuaron a pesar de que “no se contó con la información de los bienes desinstalados, así como el lugar al que fueron trasladados.
En el retiro de tres plantas de energía, por ejemplo, que tuvo una erogación de 29 mil 928 pesos, “no hay evidencia fotográfica de la desinstalación y maniobras realizadas, y en el acto de entrega-recepción no se detalla qué plantas de energía eléctrica fueron desinstaladas; tampoco se detalla en qué consistió la maniobra”.
El enorme predio donde se ubicaba dicha tienda de autoservicio, que fue inaugurado a principios de la década de los setenta del siglo pasado, en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, y que en su última etapa albergó oficinas del Gobierno de la Ciudad de México para trámites administrativos, para el registro a los programas del Bienestar del gobierno federal, así como de TELECOM (hoy Financiera para el Bienestar), en la actualidad se encuentra abandonado y sólo con una sucursal del Banco del Bienestar en la esquina de Doctor Vértiz y la calle Esperanza.

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Gloria Cadena observa con nostalgia el complejo abandonado. Faltan unos siete derechohabientes para que le toque su turno en el Banco del Bienestar. Recuerda que hubo una época donde ahí adentro, en el área de panadería, horneaban buenos pasteles y panes de dulce.
“Las conchas de chocolate y las orejas de hojaldre eran riquísimas. Es una tristeza para los que vimos esa tienda en todo su esplendor, con gente, con productos en los anaqueles, con buenas caras de los trabajadores”, comenta la mujer de 77 años.
Hoy todos los accesos están tapiados con tablones de madera. Los graffitis decoran un sitio que fue un lugar de abastecimiento de las clases medias de esta zona de la capital del país. Nadie sabe cuál será el destino del inmenso terreno, ni “los gallos”, los paisas que atienden el puesto de tacos que desde hace 20 años se ponen en la esquina de Vértiz y Esperanza a partir de las siete de la noche.
Abraham Mendiola se quedó con el antojo de preparar salchichas con papas esa tarde de abril de hace dos años. Salió mentando madres y jurando que nunca regresaría a ese lugar. Y sí. Nunca regresó. Meses más tarde terminaron de saquear una de las tiendas insigne de SuperISSSTE y cerraron sus puertas para siempre.
Y sí. No fue un saqueo de clientes o derechohabientes. Fue un saqueo que vino de otro lado. “Desde mero arriba”, como dice el presidente Andrés Manuel López Obrador.
@RivelinoRueda