Por Anahí García Jáquez
Kifisia, Grecia. Década de los treinta. Las hermanas María, Infanta y Caterina viven con su madre y su tía. Las tres chicas son muy jóvenes aún, pero les espera mucho por ver y vivir en un periodo de tiempo por demás específico.
Tres veranos es un trabajo de la escritora griega Margarita Liberaki, quien sitúa la historia en las afueras de Atenas y recurre a Caterina, la hermana menor, para que sea la narradora de este relato.
Es así como conocemos a esta familia conformada por el abuelo Rodiá, que es el único hombre que vive ahí, a sus hijas Anna, quien es divorciada y madre de las tres jóvenes, y Teresa, quien es soltera.
Las edades de las chicas comprenden de los 16 a los 19 años, por lo que apenas se están abriendo a la vida, pero ya son conscientes de lo que sucede a su alrededor, pues saben que el matrimonio de sus padres terminó a causa de las infidelidades paternas, pero aun así mantienen una buena relación con su progenitor.
Conforme avanza la trama vamos conociendo a las hermanas y nos encontramos con que María está demasiado interesada en el sexo opuesto, a tal grado que su futuro se compromete por ello, pues las cosas se le salen de control.
Infanta es el caso opuesto, pues en lo único que piensa es en su desarrollo intelectual y en perseguir sus sueños. Y por otro lado está Caterina, quien observa lo que le rodea, al mismo tiempo que descubre un secreto que su madre le ha ocultado por años y que involucra a un miembro de su familia, en este caso la “abuela polaca”, como la llama, y que de alguna manera u otra ha influido en ella y en el resto de las mujeres de la familia.
Es así como la autora, a través de todas estas anécdotas, aborda temas por demás interesantes, tales como el inevitable paso de la adolescencia a la edad adulta, con todo lo que ello conlleva, que en este caso serían las decepciones sufridas, el resultado de decisiones, tanto correctas como incorrectas, así como la posibilidad o imposibilidad de cambiarlo; el despertar a la sexualidad y el reconocerse como personas con deseos hacia el sexo opuesto.
Pero además, la interacción con los hombres de su círculo más cercano; las heridas del pasado y su efecto en el presente; las ilusiones, los anhelos, la juventud y su respectiva alegría que parece que nunca se disipa; el amor y el desamor; el descubrimiento del mundo que les rodea; la comprensión de las relaciones humanas; los lazos familiares y la fraternidad.
Al ser un texto narrado por una adolescente, Tres veranos se siente fresco y ligero, por lo que el lector quedará cautivado y se sumergirá por completo.

Aunado a ello, están las descripciones de los paisajes del campo y del mar griegos, los cuales complementan la trama, dotándola de imágenes tan bellas como evocadoras, por lo que es inevitable transportarse hacia tan maravillosos lugares.
Así también, el resto de los personajes son realmente un complemento y aportan mucho, siendo algunos de ellos por demás entrañables y, sobre todo, esenciales para los giros argumentales.
Es así como el lector acompañará a estas tres chicas durante los tres veranos que las marcarán y que, en gran medida, determinarán el curso de sus vidas, por lo que el tiempo juega un papel muy importante y les hará saber a las hermanas que todo lo acontecido en ese periodo, por muy insignificante que parezca, las convertirá en las mujeres que están destinadas a ser o, al menos, las que ellas quieren llegar a ser.
Tres veranos. Margarita Liberaki. 1946. Editorial Periférica.