Por Rivelino Rueda Tengo el derecho a no llevar la cuenta y de olvidarlos. ¡No! –repuso otra voz dentro de él–. «No tienes derecho de olvidar nada, ni de cerrar los ojos ante nada, ni de hacerlo más agradable, ni de cambiar nada. Ni siquiera tienes el derecho de engañarte a ti mismo acerca de ello». Ernest Hemingway/¿Por quién doblas las campanas? Alguien llegó gritando sobre lo horrorosa que era la escena, creo que fue Jerónimo, el amigo guerejo que vivía en la fábrica que tenía como giro la venta…