Mi sueño despierta con Leonard Cohen

Por Karenina Díaz Menchaca

Soñaba que, con pretexto de una visita que tengo pendiente, para visitar a un par de primos que viven en Canadá, iría feliz de la vida paseando por las calles de Toronto para luego dirigirme a Montreal dispuesta a encontrarme en algún café esquinado, de esos pequeños, sobrios, pero con su toque intelectual, ahí, como venido de un capítulo de Sherlock Holmes, a un hombre con gabardina, espigado, mirando al infinito o leyendo un diario.

Yo lo reconocería, no de tan lejos, sabría que era él y que esa era mi razón de aquella visita a esa hermosa ciudad afrancesada. Él estaría muy concentrado en las noticias y yo recordaría aquellas letras: “Looked through the paper/makes you wanna cry/nobody cares if the people/live or die”.

Muchas veces fue mi sueño despierta y entonces yo interrumpiría su sesión matutina –sin saber si tenía una sesión matutina noticiosa- y le pediría una “selfie”, si claro, podrá ser una bobada, pero ahí está Cohen, con su gabardina y todo ¡cómo no me tomaría una foto con él!, sería la sensación y la envidia en las redes. No sé exactamente si así quería siempre la historia, de vez en cuando la variaba, tengo la certeza de que si uno se encuentra a un artista como Leonard Cohen en otro país que no sea México, éste suele ser más accesible con los fans, ¡pura imaginación mental!

Cuando una sueña despierta vives el momento cada tanto y lo revives y lo revives, a veces hasta con cierta obsesión. Yo, al menos, tenía la esperanza de que ver a Leonard Cohen podría ser uno de esos, ni siquiera sé si radicaba en Montreal o en otro sitio, eso ya no conectaba con mi sueño.

Conocí a Leonard Cohen ya tarde, en mi época de universitaria, cuando un chico que me gustaba mucho lo escuchaba una y otra vez además resaltando aquella parte de “I’m your man”, que me parecía realmente petulante, después comencé a observar a otros chicos que se sentían un poco como Cohen, como los seductores por excelencia imitando su voz cuando cantaban sus canciones. Me cayó mal y ellos también.

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Pero poco a poco fui descubriendo sus letras, y como por aquellos años mi inglés era muy básico para un Cohen metafórico lo primero que entendí  fue: “I forget to pray for the angels, and then the angels forget the pray for us”  y me hizo “click”, pensé que era una muy lógica empatía con lo divino, si dejas de creer en los ángeles, ellos también. Así que dejé que Cohen entrara lentamente en mi vida y cada canción, con el tiempo fue adquiriendo formas distintas.

Para entonces ya no eran necesarios los chicos, para conocer más letras, pero sí para los  momentos en los que una canción nos hace estar casi a la altura de las circunstancias: “I saw you this morning, you were moving so fast, can’t seem to loosen my grip on the past/and I miss you so much, there’s no one in sight and we’re still making love”. Una canción que es justo ese soñarse despierto una y otra vez. Así fue que al final caí a los pies de un verdadero seductor.

Si el otro día mencioné que las mujeres por el sólo hecho de estar plantadas en este mundo, somos unas diosas, pues hay hombres que lo saben y así lo hacen ver en todo momento. No de una manera absurda y fanatizada y mucho menos de revanchismo  de género. Cohen sabía que él era el conquistador y la mujer la conquistada, en este típico y tradicional modelo que no debería perderse, y aún con todo se permitía, con todo ese humor que lo caracterizó, una que otra picardía: Give me crack and anal sex, take the only tree that’s left, and stuff it up the hole
in your culture…

Para Cohen hubieron mucho tipo de canciones para muchos tipos de mujeres, desde una Suzanne conectada con Jesús, a su amada Marianne y hasta una Joan de Arc a la que dedicó versos tan honestos: “She said, I’m tired of the war, I want the kind of work I had before, a wedding dress or something white, to wear upon my swollen appetite”.

Cohen también le escribió a la política y muy a su manera se burló de ella: Democracy is coming to the USA y luego a los héroes anónimos: Les Allemands étaient chez moi, ils m’ont dit: résigne-toi, mais je n’ai pas pu,  j’ai repris mon arme. Tuvo vida suficiente para escribirnos a todos, más allá de que su voz no fuera armoniosa y dulce, sus letras en definitivo lo fueron. A mí su voz no me estorbó, una vez superados a sus chicos imitadores.

Hace como cinco años comencé a comprar discos de Cohen, así que desde entonces “casi” lo escucho a diario, la noticia de su muerte fue muy triste para mí, como para decirle: «Hey, that’s no way to say goodbye«.

No sé qué me dolió más, si la noticia de su muerte o la pérdida de un sueño más que se desvanece de todo mi inventario de sueños despierta. ¡Que descanse en paz, Leonard Cohen!

And the holy dove was moving too

And every breath we drew was Hallelujah

 

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