Poesía sonora con olor a historia

Por Melchor Arellano

 

El modernismo y post modernismo de la humanidad, ha arrastrado en paralelo el desarrollo del arte sonoro, hasta convertirlo en un universo de múltiples formas y variadas espirales de creatividad. La épica posible del arte sonoro, refiere a un actor itinerante de la historia, que ha dejado su huella en cada espacio, tiempo y armonía artística.

 

Formas y líneas de construcción creativa, impregnaron un devenir multiforme y polisémico del arte sonoro. Paro dicho arte no solo ha tenido cambios históricos, sino que ha forjado corrientes sonoras dinámicas y creativas en el desarrollo de la sociedad internacional. De esta suerte, los ruidos, poesía, filme acústico y música concreta, discurren la dinámica de una creación que lejos de dilatarse, se enriquece cada día.

 

Las nuevas formas de creación sonora, son producto del proceso iniciado en 1877, con la aparición de la grabación y en la segunda mitad del Siglo XX, caracterizado por el descomunal avance de la tecnología que permiten la manipulación y manejo del sonido, con una precisión nunca antes lograda. El arte sonoro, ha sobrevivido a los avatares y aventuras del tiempo. Asimismo, se ha enriquecido con los cambios y avances de la tecnología, para emerger victorioso en la era tecno trónica. En sus inicios, las estaciones de radio, así como instituciones interesadas en la labor sonora, crearon centros de experimentación, entre 1948 y 1970.

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En este marco, cabe destacar la labor desplegada en Suecia en los años 60, traducida en el Text- Sound Composition, a través de obras para radio en el programa Punto y Coma en 1965, que dio forma al desarrollo del arte en la radio. Las ideas han buscado ampliar el uso del lenguaje hacia otras posibilidades, como los sonidos electrónicos. De esta forma, la radio y el arte se convierten en el nuevo paradigma de la creación acústica.

 

Entonces, el arte sonoro inundó otras esferas como la poesía y fusión de nuevas tecnologías. En los años 70 Murray Schafer, evidenció que el epicentro del arte acústico, es el paisaje sonoro, al que definió como, conjunto de estudios sobre el medio sonoro y su relación con el hombre, dando margen al empleo de términos ecología acústica, paisaje y diseño sonoro. De suyo, el arte de la sonoridad se significa por integrar poesía y música mediante elementos del teatro, danza y performance, luego fortalecidos con el avance de la tecnología digital.

 

Dichos avances irrumpen en la perspectiva del Siglo XXI, fortalecidos por la mezcla de añejas y nuevas tecnologías, al igual que la incesante búsqueda de respuestas novedosas, orientadas a forjar y vigorizar el arte sonoro. En esta revitalización constante del arte sonoro, los artistas y compositores, han hecho posible el avance expresivo de la radio a formas como el arte acústico. Los movimientos culturales del Siglo XX, contribuyeron o fueron parte esencial del potencial artístico que adquirió expresiones como el collage de perspectivas múltiples.

 

El Cine y la acústica

Dziga Vertov, es uno de los cineastas en la grabación de los sonidos entre 1916 y 1917. Para él, el concepto de sonido abarcaba todo el mundo audible.

De ahí se pasó a la música concreta, producto del avance tecnológico que hizo posible desde 1948, una nueva técnica de composición musical llamada música concreta, precisamente.

La música concreta, fue creada a partir de la tecnología radiofónica o partir de grabar sonidos, aislándolos, combinándolos, repitiéndolos y superponiéndolos, para generar estructuras complejas: componer obras con sonidos y ruidos sin importar origen, naturaleza, cotidianidad, así como voces e instrumentos tradicionales.

 

Música alternativa

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Más tarde, hablaríamos de música alternativa, sobre todo a partir a partir del uso de tecnología; o sea, la llamada música electroacústica relegada mediáticamente, quizá porque sus contenidos y metas asumieron una tentativa artística, atípica al despojarse de interés mercantil.

La música electrónica se identifica con elementos mercantiles basados en el pulso y repetición como estrategia compositiva, en tanto que la música electroacústica explora múltiples posibilidades de control tímbrico y espacial, como elemento central de su lenguaje o expresión.

El equipo electrónico será en la segunda mitad del Siglo XX, el epicentro de la exploración sonora que dependía de grandes presupuestos oficiales para existir, ligándola al contexto académico. En las últimas décadas del Siglo XX, las tecnologías cambiaron el contexto musical y hoy (inmersos en la Red On Line), existe una convergencia efectiva entre elementos o herramientas de trabajo y la composición misma, para estilos musicales diferentes.

Actualmente, los creadores trabajan sin que importe el lenguaje y estilo musical, mediante el empleo de tecnologías disponibles en dispositivos análogos y digitales, creando variados resultados sonoros, a partir de parámetros y herramientas individuales.

Música electroacústica en sus manifestaciones mixtas, procesamiento en tiempo real y acusmática (para medios sin instrumentos acústicos), no solo son un vehículo sonoro tecnológico para el compositor, sino una forma extendida y diversa, de crear formas y expresiones musicales.

Hoy es posible asistir a un concierto sin músicos, escuchando al compositor convertido en intérprete, gracias a la mesa de mezcla, para mover el sonido entre los distintos planos y espacios, creados por la posición de las bocinas y, como cualquier obre escultórica o pictórica, las piezas de música electroacústica y acusmática, irradian el objetivo de explorar dificultades como el control de la precepción de las fuentes sonoras, convertidas en herramientas de creación musical, para luego esculpirlas o moldearlas como una fuente inagotable de belleza.

Al final de cuentas, hablamos de un arte históricamente acumulado, que permite la pervivencia y repetición de las emociones más bellas y encontradas, para deleitar sin límite nuestros sentidos. Pese a que hoy, se deja de lado el arte por la rapidez y facilidades de la tecnología, el arte sonoro se esculpe tan nítidamente igual que en los tiempos pasados y por venir.

El arte sonoro seguirá irrumpiendo con fuerza inusitada para acompañar el desarrollo cultural de las sociedades en sus aspiraciones artísticas y de avance integral. México aún está lejos de una cultura musical, llevada a todos los ámbitos educativos, que deja atrás el status de una sociedad negada, mediocre e impregnada de justificaciones pseudo educativas.

Este breve acercamiento epistemológico hermenéutico sobre la historia y corrientes musicales, así como uso de nuevos paradigmas y avance tecnológico del arte sonoro, debería hacernos reflexionar sobre la conveniencia de forjar una cultura musical en nuestro país y, no seguir quedándonos en remedos de aprendizajes basados en la farsa cíclica que distingue a nuestro sistema educativo. Y por cierto ¿Dónde quedó la radio?

 

 

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