Arqueología en el metro de la Cdmx, un documental de Carlo Ardán

Texto y fotos Carlo Ardán Montiel

Un internauta me preguntó el porqué había armado un documental, que se encuentra en la web, sobre los descubrimientos arqueológicos al inicio de la construcción del Metro al final de los años sesentas. El cuestionamiento, supongo, se debe a que mi profesión es la de fotógrafo y el ámbito sobre ese tema es de arqueólogos, antropólogos y otras especialidades no menos importantes.

Argumento (y me sustento), sobre todo para mí mismo, que me desempeño como fotógrafo documentalista, una fauna que inventé. La más natural inquietud de saber qué hay en el mutismo de una imagen, en este caso con un enfoque hacia la historia y la arqueología, se inicia al relativamente fácil “click” del aparato fotográfico y que continúa con el proceso de documentación para contextualizarla  y darle  verdadera luz al objeto fotografiado.

Como un proyecto absolutamente a título personal,  al final me causó una gran satisfacción el terminarlo pues es un tema que difícilmente se ha abordado y dirigido al público en general, salvo publicaciones especializadas. A ese trabajo se sumaron otros escollos: apatía, indiferencia, desdén y desdeño de  personas cercanas con la que se buscaba difundir lo realizado.

Justificado así, puedo comentar brevemente que entre los temas centrales de ese documental, está la pirámide que  se encuentra en la correspondencia de las Líneas 1 y 2 del Metro en la estación Pino Suárez. En ese lugar no existe información adecuada respecto a ese monumento ni su importancia histórica. Ello me indujo a indagar. La fotografía de la pirámide, al centro de ese cuadrángulo, no me decía nada y con ese nada pasan diario por ahí miles de usuarios del Metro. Con las limitaciones a las que un ciudadano común (un c.c. del pueblo) pueda tener acceso, se fue vislumbrando una rica información a la que había que darle forma, sin pretender llegar a la profundidad y totalidad del tema, pues es inagotable, además de que en el largo proceso constructivo del Sistema de Transporte Colectivo (STC) los descubrimientos arqueológicos son cotidianos. En esa documentación se menciona lo que está al alcance de quien tenga interés y que puede consultarse en bibliotecas, revistas y libros. Sobre todo en el museo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Ese sitio era un centro ceremonial que funcionaba también para controlar la entrada de mercancías hacia la Gran Tenochtitlán, centro del poder mexica. La pirámide se encontraba rodeada de recintos tipo palacio y casas habitacionales. Esos restos arquitectónicos que se detectaron fueron destruidos para darle paso a la obra de esa estación del Metro. La pirámide muestra propiamente las diferentes etapas constructivas que tuvo a través del tiempo. La última, por ser redonda, se sabe que estuvo dedicada a Ehécatl, Dios del Viento; así lo señalan los arqueólogos. De las piezas más importantes ahí encontradas es la escultura de un mono que está investido con el atributo bucal de esa deidad, pues sus tenebrosos aullidos se asemejan a los de un ventarrón. La cabeza de ese mono, además, prefigura la constelación central del sorprendente zodiaco mexica que ahí se muestra.

Otros detalles importantes de ese centro ceremonial, indican que la pirámide de Ehécatl queda en línea recta, sur-norte, con la cúpula de la pirámide principal del Templo Mayor. También, uno  de los más ilustres arqueólogos, Raúl González Rul, escudriñando los testimonios históricos, propone que en ese lugar se dio el primer encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma en el año de 1519, con las consecuencias que todos conocemos.

La búsqueda puede llevar a conclusiones y ahí me atrevo a mostrar el lugar que ocupaba ese conjunto arquitectónico, para ubicarlo en tiempo y espacio, por medio de una composición de fotografías e ilustraciones. Nada fuera de lo que pudo ser real. Se propone también con una ilustración, la estructura normal que debió tener esa pequeña pirámide, pues lo que vemos ahora es su “esqueleto”, como ya se mencionó.

Se muestran fotografías de las piezas arqueológicas que se han encontrado en ese lugar y otras estaciones del Metro, documentándolas cuando la información existe y que están en exhibición  en el museo del INAH. Además, y por supuesto, se localizaron osamentas humanas y de fauna de la época mexica y ricos hallazgos de la época virreinal.

Sorprende, que de todo el material encontrado, se suman también desentierros de periodos de más antigüedad como vestigios de mamuts, principalmente, que existieron en el Valle de México hace veinte mil años y un cráneo humano de hace once mil que en el lenguaje coloquial de los antropólogos se conoce como “El hombre del metro Balderas”. Los valiosos descubrimientos históricos suscitados por la construcción del Metro, debido a su longitud y profundidad, han sido un venero de testimonios que se encuentran en el subsuelo de esta gran metrópoli, un  subsuelo que parece un libro inmerso que de cuando en cuando nos abre algunas de sus páginas inéditas.

En resumen, documentar, que se inicia con el click de la cámara, enciende un motor de búsqueda para aprender, finalmente,  que ver supera la mirada cuando la imagen estática se consustancia de lo que le dio origen al objeto fotografiado.

Octubre 2015

Referencias:

Título: “Arqueología en el Metro de la Ciudad de México”

http://carloardanm.blogspot.mx

 

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