Las cenizas de Ángela: Retrato de una infancia

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Brooklyn, Nueva York. 1930. Nace Frank, el primogénito de Ángela y Malachy McCourt. Después de él llegan más niños a la familia y los padres deciden que es tiempo de volver a Irlanda, su país natal. Una vez que lleguen, se enfrentarán a la más cruda de las realidades.

Las cenizas de Ángela es un trabajo del escritor irlandés-estadounidense Frank McCourt que lo hizo acreedor al Premio Pulitzer y que son, en esencia, sus memorias. 

Su historia puede que sea como la de muchos inmigrantes, pero ésta en particular retrata un periodo muy significativo en la historia; esto es, el éxodo de irlandeses hacia el Nuevo Mundo en busca de una mejor calidad de vida para ellos y sus hijos así como los años posteriores a la Gran Depresión donde la economía aún no sanaba del todo y los pobres, como siempre, eran quienes peor la pasaban. 

Los McCourt regresan a su tierra, pero las condiciones no son las más óptimas y todo ello está contado por el pequeño Frank quien, de manera cándida, habla de su vida en familia que es todo menos idílica. 

Un padre alcohólico, una madre que se echa a cuestas a sus hijos para sacarlos adelante, un ambiente social y político hostil debido a la pobreza y las divisiones entre Irlanda e Irlanda del Norte, que terminan permeando en la frágil situación de este clan y causa estragos en su psique y su ánimo.

El relato del niño y adolescente Frank se centra en la pobreza y es ahí de donde se desprenden las problemáticas que toca este texto: la imposibilidad de proveer de lo básico y las adicciones producto de la frustración por no poder hacerlo, la marginación debido a la nacionalidad y las posturas políticas.

Las mujeres que tienen que “entrarle al quite” para mantener a los hijos cuando el hombre no cumple con su rol; los problemas de salud debido a la mala alimentación y la falta de higiene; las carencias no sólo económicas sino emocionales; la falta de apoyo y solidaridad por parte del entorno más cercano y la miseria en todas sus expresiones (sobre todo la humana, ya que las humillaciones a las que son sometidos no son poca cosa). 

Y en medio de todo ello está la mirada inocente de Frank quien, a pesar de ser el narrador, no es el protagonista sino su madre Ángela, esa mujer casi a prueba de todo que tiene que buscar el sustento mientras lidia con las múltiples enfermedades de sus hijos y el alcoholismo de Malachy, su marido. 

Se nos muestra a esta figura femenina que lucha contra las condiciones que la rodean con el único fin de sobrevivir mientras que desea siempre lo mejor, contagiando a sus hijos del pensamiento de una vida más allá de las privaciones de ese momento.

Las cenizas de Ángela tiene momentos muy duros y fuertes pero, al estar contado desde la perspectiva de un niño, viene acompañado por una dosis de humor propia de la edad. 

Es también una historia de superación personal lo que la convierte en un texto inspirador y, a pesar de ser un libro con bastantes páginas, la lectura es muy ágil y, quien lo sigue, logra involucrarse de lleno con las penurias de los McCourt.

Y es que en esta historia se llega a sentir que tiene a un lado al adulto Frank contándole la historia de su familia y diciéndole al oído que jamás hay que perder la capacidad de soñar con un futuro mejor porque tarde o temprano va a llegar ya que, después de tocar fondo, sólo queda nadar hacia la superficie.

Las cenizas de Ángela. Frank McCourt. 1996. Editorial Maeva.

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