La Ira

Por Karenina Díaz Menchaca

 

Las historietas (como Hulk) y el cine nos han acostumbrado a que gracias al enojo se manifiestan los poderes más extraordinarios, provocados siempre por un descontento irreversible, casi siempre después de haber ‘aguantado’ bullying por mucho tiempo. Es así como surgen aquellos personajes de quienes nunca se esperaban reacciones de verdadera transformación.

Dicen las abuelitas que si te enojas te pones viejito y ¿qué creen? Que es verdad, así como las arrugas de tanta risa. Sin embargo, al estar enojado el  organismo decae, la mente se atrofia, el estómago se deshace. La verdad es que no sé de dónde nazca la ira, pero estoy segura que algo químico se desata que obnubila la templanza.

Algunos proverbios y versículos sabios de la biblia nos recuerdan que:

El hombre iracundo levanta contiendas, Y el furioso muchas veces peca.  (Proverbios 29:22)

La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa. (Proverbios 19:11)

No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios. (Eclesiastés 7:9)

En la literatura hay muchas historias que nos envuelven en el clímax, gracias a la ira de alguien como Otelo, quien influenciado por una mente cizañosa  como la de Yago, logra impulsar su ira para el peor de los pecados: El asesinato. Caín es la historia de las historias, por donde empieza todo (según la creencia católica) cuando mata a Abel, guiado Caín precisamente por la envidia que le tuvo a su hermano, cuando Dios prefirió la ofrenda de Abel y no de Caín…y desde entonces matamos a nuestros hermanos, a nuestro prójimo, si es que lo crees así.

Hay un párrafo que me encanta y les comparto del ensayo Elogio de la Locura, de Erasmo de Rotterdam que define muy bien, a mi gusto, por dónde se desatan estas pasiones mundanas, como es el caso de la ira:

según la definición de los estoicos, si la sabiduría no es sino guiarse por la razón y, por el contrario, la estulticia dejarse llevar por el arbitrio de las pasiones, Júpiter, para que la vida humana no fuese irremediablemente triste y severa, nos dio más inclinación a las pasiones que a la razón, en tanta medida como lo que difiere medía onza de una libra. Además relegó a la razón a un angosto rincón de la cabeza, mientras dejaba el resto del cuerpo al imperio de los desórdenes y de dos tiranos violentísimos y contrarios: la ira, que domina en el castillo de

las entrañas y hasta en el corazón, fuente de la vida; y la concupiscencia, que ejerce dilatado imperio hasta lo más bajo del pubis.

 

Despedida

¡Y qué mejor que ustedes que saben de las bajas pasiones!, porque seguir con el resto de los pecados capitales sería muy necio y un tema inacabable – aunque esto último es lo mejor-, y es que a final de cuentas no deseo redimir a nadie. Ya no tengo mucha confianza en la humanidad, mmmh…. Sería bueno hablar de los que somos terriblemente pesimistas en otra emisión de estas Crónicas sencillas, que de crónicas no tiene mucho y de sencillas, pues digamos que de eso sí.

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One Thought to “La Ira”

  1. Fausto Carodi

    En era en que vivimos, de acuerdo a la cultura védica, Kali Yuga, equivale a violencia e hipocresía para los próximos 400 mil años, o sea, falta mucho e irá en progreso la mencionadaIra.

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