La Gratitud

 Por Karenina Diaz Menchaca

Hace unas semanas me quejaba amargamente de la salud que a veces me achicopala (una linda palabra ésta ¿no?), pero a quien le estaba comunicando mi desgracia (entre comillas) me decía que su nieto estaba en el hospital con apenas dos añitos por una neumonía y peligraba su vida, y después me hizo ver que mi “problema” no era tan grave como otros que le suceden a miles, qué digo miles, millones de personas en el mundo. Deducciones que ya sabemos, pero que mientras estamos inmersos en nuestro dolor, pues no vemos más allá.

Nuestro propio infierno es el único válido mientras lo estamos padeciendo, porque nadie más lo vive y mientras estamos sumergidos en él no nos conmueven otras historias, hasta que nos volvemos empáticos con los demás y dejamos poco a poco sacar la cabeza de la alberca de depresión o de dolor o de angustia que nos tiene así, y al voltear a ver a nuestros semejantes caemos en la cuenta, incluso, de lo cobardes que podemos llegar a ser.

Un pequeño de dos años en terapia intensiva con neumonía no es tan diferente de otro pequeño en medio de una guerra. Los niños nos mueven, no sólo porque aparentan indefensión, sino porque a ellos hemos indilgado el futuro de la vida humana. Son los vientos de la prosperidad por un mundo mejor, porque nosotros, los adultos, acabamos con todo hasta que esos chiquitos también crecen y se convierten en lo que tanto criticamos. En fin, la historia de los tiempos. Afortunadamente no todos los adultos crecen con maldad, ni todos los niños sufren. Es más, les tengo una noticia, ¿se han puesto a pensar que en realidad sufrimos más por lo que pensamos que por lo que realmente sucede?

Como sea, los niños sí son el futuro, así que la misión de nosotros los adultos debería ser prioridad mundial. Ahora con tanta información estamos obligados a ser de los niños  principalmente, seres agradecidos, entre otras muchas responsabilidades.

¿Pero qué es la Gratitud?

Gratitud es una palabra de origen latín: gratitudo que significa gratitud, y el sufijo  tudo  que expresa “de cualidad”. Dicen que cuando expresamos gratitud se activan en nuestro cerebro descargas parecidas a las que experimentamos cuando estamos felices, pero espiritualmente lo que generamos tiene mucho más poder, sobre todo en uno mismo.

Desde niños nos enseñan a dar gracias, pero lo hacemos más como una convención social sin poner atención real a la gratitud. Hace unos días estuvieron en mi casa unos niños de 8 y 9 años, hermanos ellos, originarios de un pueblo del estado de México, Xalatlaco y llamó particularmente mi atención su enorme gratitud, por supuesto, ésta enseñada por su familia, sin embargo el que tan pequeños agradezcan cada alimento, cada mínima entrega de cariño y de atención me llenó el alma y ahora soy yo la agradecida. Que un niño te diga: “Gracias por la comida que preparó para mí”, se escucha tan poco. Me llenaron de esperanza.

Así fue cómo resonaron más aquellos quejidos de mucha gente con la que desgraciadamente tengo que convivir a diario, en el trabajo, en la calle, en la vida cotidiana, gente de la que escucho quejarse por lo que ganan, por lo que tienen que hacer y les toca hacer, pero se creen merecedores de todo y no agradecen ni lo más mínimo.  Yo misma me quejé de mi salud, pero estoy aprendiendo a que cada día es un nuevo comienzo para sentirme mejor y que si mi salud es digamos “mi problema”, entonces tengo la obligación de hacer algo por ello. ¿Para qué quejarnos de lo que no nos gusta sin hacer nada por mejorar?

Desde ahora, me he propuesto alejarme de personas así, para entonces, incluso, no convertir mis propias quejas en multitudinarias. Seré como estos pequeños que vinieron a recordarme el enorme regalo de la gratitud. Siempre, para todo y con todos, Gracias, Muchas Gracias, aún Gracias por los momentos de desgracia, porque de éstos también se aprende.

 

 

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