Deja a tus hijos ser ellos mismos

 

Por Astrid Perellón

 

¿Qué desean los niños? Curiosear, obtener información, procesarla, aplicarla o darle salida de alguna forma. Sabiendo esto, puedes facilitarle esa experiencia que desea, acompañándolo. Desviando su movimiento que acarrearía peligro y describiendo lo que desea obtener de información. Permitirle procesar lo que dijiste con palabras sencillas y señas que le hagan IMAGINAR lo que experimentaría.

 

¿Lo intenta de nuevo? Tendrás que hacer más interesante la información que le compartes para que sea suficiente para él. Tendrás que hablar de manera que lo experimente más vívidamente. ¿Cambió de intención? ¿Te observa simplemente? ¿Espera que lo dejes en paz? Cada acción conlleva un nuevo proceso para ti de observación y decisión previa a la intervención (si está en peligro debes hacer esto muy rápido).

 

Suena agotador pero créeme que es más agotador intentar que terminen la universidad cuando ni siquiera saben a qué se quieren dedicar en la vida, o que dejen las drogas cuando desean evadirse del sistema adulto, que les parece inconsistente y poco satisfactorio. Suena extremo pero nuestros resultados actuales son producto natural de evitarles las experiencias.

 

He visto papás que ven a sus hijos dirigirse a lo que creen inadecuado (escaleras de juegos, columpios en movimiento, escalones) y, ante la falta de práctica de apreciar, observar y reconocer las capacidades de su hijo, asumen que se lastimará. Este tipo de padres gritan <<cuidado>>, distrayendo su atención hacia el grito y no hacia donde debería estar alerta para evitar la caída, el golpe o incluso acercarse más de lo debido a lo desconocido. Si puedes correr para ponerte frente a él, sin gritar, eres más útil a sus experiencias futuras. Si puedes esperarlo arriba de las escaleras para que intente subir bajo tu supervisión o desista por propia voluntad y no por tu grito, eres más útil a sus experiencias futuras.

 

Muchas veces, actuar como la típica autoridad acumula en el niño una serie de falsas creencias. Puede llegar a creer que es incapaz de saber lo que está bien y lo que está mal sin ayuda, puede desviarse de su autonomía, autorregulación y automotivación si haces confuso su exterior con tu irreflexiva intervención.

 

Sería como esa fábula del aquí y el ahora donde un niño tradicionalmente educado llegó a ser un ejecutivo al que un día se le incendió el edificio. Siguió las instrucciones de evacuación aunque sentía algo dentro de sí que le sugería desviarse a otra área. Aunque lo habían educado bien para seguir a la autoridad, la corazonada fue fuerte y así lo indicó a un bombero, quien halló atrapados a varios empleados. ¡Qué heroico se sintió el ejecutivo! Lamentablemente, en el trabajo no sabía cómo sentirse así diariamente.

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