David Bowie es también eco… recordando a una leyenda

Por Miriam Mabel Martínez

Un eco que reverbera en la música de otros, en la vestimenta de muchos, que ha diseñado nuestras cabelleras, nuestras poses. Su presencia está también en otras lecturas a las que su música, siempre tan camaleónica como sus personajes, nos invitaba a hacer sin importar idiomas ni géneros. La presencia de Bowie, por fortuna, se convirtió en un motor de la interdisciplinariedad, en una referencia obligada de los estudios culturales, él fue en sí eso: un ser multidisciplinario en el que dialogaban distintos lenguajes, géneros y épocas.

Me gusta pensar en Bowie más allá de su apuesta sonora, artística y antropológica. Me gusta pensarlo extendido en mí y en todos ustedes. Escondido entre líneas en las letras de otras canciones (como en Major Tom de Peter Schilling) , reintepretado por otros en fabulosos covers (como el de Nirvana de The man who sold the world), interpretando a otros en el cine (de mis películas favoritas está The Hunger, John no es una variante de David Bowie, y sin embargo nadie hubiera podido interpretarlo mejor). Me fascinó verlo en la moda callejera, así como me gusta imaginar que su glam es un homenaje a Oscar Wilde. Para mí Bowie es no sólo parte del soundtrack de mi vida, ha sido una guía para explorar otros mundos. Un artista total, un pensador que visual y sonoro que supo reinterpretar la vida para compartirla con otros que somos nosotros.

Me gusta descubrir a Bowie a través de otros. Más allá de sus interpretaciones en el cine, de sus experimentos musicales, de su búsqueda de un sonido especial, de la aceptación de su esencia femenina y de su virilidad tan vulnerable como esas emociones de las que habla en sus canciones. Porque Bowie sin ser existencialista nos habló de esas rarezas que escondemos, de esos fantasmas que nos persiguen. Llegó al planeta tierra un día y con sus Spiders from Mars y llamó a los otros extraterrestres que también habitamos la tierra. Es quizá uno de los primeros Hombres de negro que supo reconocer a los “raros”, creando todo un cuerpo de trabajo en el que la “extravagancia” pronto se reveló como genialidad.

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¿Dónde está David Bowie? Está ahora sí que en todos lados, incluso en esta capa que tejí. Y en uno de los géneros en los que se esparció casi imperceptiblemente es en el cine. Su música está en una infinidad de películas, es acento, cómplice de encuentros de otros personajes, de liberaciones… está en los créditos, en las aperturas, en escenas donde se enamoran por primera vez dos personajes. En viajes a la luna y en viajes al interior, en destrucciones y en reconstrucciones. Es parte de nuestra memoria del cine, ahí también nos acompaña. Muchos de ustedes quizá lo hayan descubierto así, en una escena que recuerdan también por el sonido. Y bueno algo tuvo, tiene y tendrá que David Lynch abriera su película Lost Highway o Richard Curtis para cerrar The boat that rocked. Hay algo triste, tremendo y ensordecedor en su música, que mejor cierre de Seven. Bowie sintetizó ese sentir de los “raros”, esa ansiedad de los cambios y de la soledad. Hasta Fiona y Sherck se identifican con Changes, así como la banda de Happy Feet 2 con Under Presure. Así como Tony Scott lo eligió para The Hunger, Rydley Scott recurre a Starman en The Martian… Qué fondo más intenso y oscuro podría haber acompañado a Shoshanna en The Inglourious Bastards, Cat People parece haber sido compuesta sólo para esa escena de Tarantino. ¿Qué sería del Capitan Steve Zissou, en Life Aquatic de Wes Anderson, sin Life of Mars. Impensable como también lo es, la película Moon de Duncan Jones, hijo de David Bowie, quien de una hermosísima manera le hace una película más que a su padre, al Major Tom.
Este es sólo un breve pasaje de algunos de esos momentos cinematográficos de otros y con otros a los que Bowie hizo también más poderosos.

 

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