Brecha generacional o relacional

Por Astrid Perellón

 

Lunes 19 de diciembre de 2016.- Se habla de brechas generacionales como si fuera sentencia definitiva sobre que nunca podremos llevarnos bien con los de otra generación. No obstante, hay abuelos comprensivos y niños flexibles ante las incongruencias del adulto.

 

Es decir, existen formas de relacionarse hasta con aquellos que fueron criados de una manera absolutamente diferente. Si seguimos culpando a la brecha generacional seguiremos temiendo a los <<terribles toddlers>>, anticipando las desgracias de la <<edad de la punzada>>, padeciendo de antemano la depresión previa al <<segundo aire>> y atormentados por lo que será de nosotros cuando llegue <<la tercera edad>>.

 

En suma, vivimos atemorizados por los años que pasan cuando son garantía. Nadie se los come, nadie puede comprar tiempo adicional ni detener su paso. Argumentar que nuestros problemas para tratar con los demás tienen que ver con una brecha generacional nos impide conocer a los demás por lo que son; no por su edad (a final de cuentas, otra etiqueta más).

 

Dejemos de conducirnos creyendo que hay etapas, sistemas de clasificación, patrones de conducta y seamos quien deseamos ser, atentos a lo que el otro desea para sí, sin importar que tenga 1 o 100 años y los textos versados en la psique humana digan que se sale de los parámetros o que era justo de esperarse tal o cual actitud.

 

Como cierta fábula del aquí y del ahora donde un estudioso dedicó su vida a conocer al ser humano. Nunca conoció a persona alguna, más bien se enfrascó en textos especializados en la mente, historia, sociedad, el ciclo de la vida, etcétera. Cuando llegó la muerte por él, se emocionó. ¡Era lo único aprendido sobre el ser humano que experimentaría en carne propia!

 

 

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