Aviso de incendio… la catástrofe de la desigualdad

Por: Armando Leal

@armandoleal71

¡Qué flexibilidad, qué iniciativa histórica

y qué capacidad de sacrificio tienen estos parisienses!

Después de seis meses de hambre y de ruina,

¡La historia no conocía hasta ahora semejante ejemplo de heroísmo!

Si son vencidos, la culpa será, exclusivamente, de su buen corazón.

En la época posindustrial y posheroica

el cuerpo no es avanzadilla ni medio de producción.

A diferencia del cuerpo disciplinado, el cuerpo hedonista,

que se gusta y se disfruta a sí mismo

sin orientarse de ninguna manera a un fin superior,

desarrolla una postura de rechazo hacia el dolor.

BYUNG-CHUL HAN

Tiempos de oscuridad, de claridad, reflexión, días de guardar… La emergencia de salud que provoca la pandemia ha acelerado diversos procesos que se venían manifestando de forma casi silenciosa. El orden actual ha llevado a una desigualdad económica que no tiene comparación en la historia reciente de la humanidad.

Confrontamos una crisis climática que de seguir por este camino llevará a la extinción de la especie humana. La apuesta consumista no solo genera una cantidad de desechos, sino que reifica una racionalidad donde la existencia depende del nivel de consumo. Aparejado a ello; el individualismo tal vez una de las herencias más determinantes del neoliberalismo ha llegado a minar la colectividad al extremo de casi anularla.

El individualismo ha calado en la contemporaneidad de forma tal, que no hay antecedentes históricos de dicho fenómeno; confrontamos un sálvese quien pueda en extremo peligroso. Frente a la emergencia sanitaria, las grandes potencias económicas, los antiguos imperios, acapararon las vacunas, en detrimento de grandes sectores poblacionales que además de no contar con pertrechos médicos para hacer frente a la catástrofe han visto un proceso acendrado de pauperización de su existencia.

El 2020 podrá ser recordado como el año en que estuvimos en peligro, el año en que los Estados Unidos de Norteamérica acapararon las vacunas para liberarse del virus; en que millones de israelíes, ingleses, alemanes, franceses y serbios llegaron a tasas excepcionales de vacunación en detrimento de millones de países que no han podido acceder a la inmunización.

El neoliberalismo permeó la experiencia humana en varias dimensiones; la forma en que le damos respuesta a los retos humanos actuales es un ejemplo de ello. Un reciente estudio de Oxfam elaborado en conjunto con el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo demostró que sólo el 1% de la población mundial es responsable del 15% de las emisiones de carbono acumuladas entre 1990 y 2015, mientras que el 50% de la población más pobre apenas contribuye con 7 por ciento.

Otra cara de la experiencia neoliberal es la desigualdad social, que a su vez está detrás de la crisis ambiental que actualmente confrontamos. En 25 años, el 10 por ciento más rico de la humanidad emitió el 52% de las emisiones de carbono. Este pequeño porcentaje de la población basa su riqueza en la exfoliación de la tierra; ese 10 por ciento de la población no sólo ha aprovechado la emergencia sanitaria para incrementar su riqueza, sino es en parte responsable de la inviabilidad de la humanidad.

El filósofo Byung-Chul Han señala que estamos en la época de la sociedad posindustrial y experimentamos la sociedad neoliberal del rendimiento, donde el individualismo se vuelve un dispositivo central en el proyecto actual; así como una “ideología” donde el se le teme al dolor y se está obligado a ser feliz.

Esa obligación a ser feliz genera un sujeto disciplinado dedicado a asumir su destino como una cuestión eminentemente personal, de él pende su felicidad, está obligado a ser feliz, exitoso, a reelaborar las experiencias negativas y volverlas positivas, el campo de la oportunidad. Las experiencias traumáticas son catalizadores para la resiliencia.

El 1% de la población mundial, ese que produce el 15% de las emisiones de carbono, durante la emergencia sanitaria incrementó su riqueza en medio billón de dólares. Mientras 200 millones de personas cayeron en la pobreza por la pandemia. La resiliencia generó que 10 multimillonarios incrementaran su riqueza, a cambio 200 millones de personas se hicieron más pobres.

En los medios de comunicación masiva se discute sobre el cambio climático, se habla de una sociedad polarizada, lo mismo en México que en los Estados Unidos, ahí está Colombia, Brasil, España, Italia… Hablar de una sociedad polarizada es diametralmente diferente a señalar una colectividad desigual; donde un porcentaje mínimo de la población se queda con el porcentaje de la riqueza del resto.

Para Byung-Chul Han, el individuo contemporáneo está obligado a ser feliz, ser feliz en su miseria, ver la miseria como una posibilidad resiliente. La cosificación del conflicto se entrelaza con las negatividades que deben ser expulsadas del presente. El individuo actual debe ser positivo y “cultivar” la motivación, la autooptimización y la autorrealización.

La desigualdad económica, la lucha contra esa desigualdad van en contra de la positividad, porque necesariamente pasan por apuestas colectivas, porque la motivación, la autooptimización y la autorrealización son actos individuales. Tú felicidad pende de ti, tú realización pende de ti… de tu capacidad de resiliencia.

Los antiguos valores que aferraban la existencia humana; por ejemplo, la Patria y Dios fueron abandonados, en su lugar, como máximas pasajeras están la felicidad y el individualismo. En la idea de patria y de dios está contenida una idea de colectividad. En la sociedad neoliberal del rendimiento la falsa idea central es el individuo.

El científico, Pablo Servigne señala que: “En 2030, el mundo habrá cambiado totalmente. Mi sensación es que antes de ese año se producirá un hundimiento social”, donde probablemente resurjan los fascismos.

Para Servigne, en menos de nueve años la humanidad habrá experimentado un cambio radical. Philipp Blom, señala en: “Años de vértigo. Cultura y cambio en Occidente 1900-1914” que en los primeros tres lustros de la centuria pasada están contenidos los cambios que experimentó la humanidad durante el siglo XX.

En las primeras dos décadas de la presente centuria se encuentran encriptados, los secretos que signarán el apocalíptico cambio del que habla Servigne, ahí están las manifestaciones abiertas de una derecha xenófoba, homófoba, ahí el silencioso exterminio de los más pobres, la inquebrantable riqueza de ese 1%.

¿Motivos para la revuelta? una desigualdad económica extraordinaria que ha llevado a millones de seres humanos a condiciones de esclavitud. Sin embargo, se está atado en la felicidad, en la miseria se es feliz, en la muerte se es plenamente feliz.

En la época posindustrial aparentemente las victorias se las lleva ese reducido grupo de multimillonarios a los que les urge dejar este planeta y habitar el cosmos. ¡Sálvese quien pueda! En la sociedad neoliberal del rendimiento los mecanismos para evitar la revuelta y el descontento están ahí casi intocados.

El espacio público se inunda de un falso debate, se habla de la polarización, pero no de la pobreza, se habla del cambio climático, pero no de que el 10 por ciento más rico de la humanidad emite el 52% de las emisiones de carbono. En los falsos embates están supuestos defensores del medio ambiente, figuras mediáticas a quienes la miseria les incomoda al extremo de eliminar del análisis y de sus exigencias la reelaboración de un proyecto civilizatorio donde los multimillonarios dejen de serlo.

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