Ama de casa un poco….existencialista

 Por Karenina Díaz Menchaca

 

Te levantas, te estiras, y dices: “es martes, es miércoles, ya casi es viernes”,  y aunque se acerque el fin de semana, de pronto te miras a ti mismo diciéndote  “ y cuál es la diferencia”.

Si bien la vida sigue su curso, sabemos que el ser humano es capaz de adaptarse a las rutinas, incluso a las más desagradables, pero ¡oh! El existencialismo ha pasado de moda, el desenfreno positivista es con lo que se vive ahora, sobre todo ante el cúmulo de millennials tan contentos ellos con la vida que les tocó (pues cómo no, si la chamba ya la hicimos las generaciones anteriores, nos tocó la ambivalencia de luchar contra la autoridad y luego ser parte de ella, en fin).

Desde que era niña ha habido libros en casa y había dos que en aquellos párvulos ayeres me llamaban poderosamente la atención: Taxi Driver (novela, de la cual se hizo una película con el entonces jovensísimo Robert de Niro y Jodie Foster, una niña) y La Peste de Albert Camus. Libros que miraba y miraba de lejos, por cierto, Taxi Driver siempre estaba en el pequeño baño de mi casa, pero entonces la foto de De Niro como un punk casi me aterrorizaba, creo que mis padres eran rudos.

Luego vinieron a mis manos algunos otros ya como adquisición propia, como La Náusea, El Extranjero, La Metamorfosis, bueno y por qué les estoy contando esto, ¡ah si! Pues porque digo que del existencialismo ya no quedó mucho que digamos, sólo como referencia romántica y literaria, aunque por un lado, mejor.

Recuerdo esto, porque la rutina de la vida es para mi justo como todo ese compendio de existencialismo, en el que te preguntas ¿quién soy? y ¿qué hago aquí? No consumo drogas, así que mis preguntas no descienden de esos mundos. Mi curiosidad por algunos aspectos de la vida humana me hacen llegar a un punto en el que en verdad siento que no me siento, no sé si me explique, es decir, es como si nos viéramos afuera de nosotros mismos y nos confrontáramos realmente quiénes somos.

Me siento, para decirlo más directamente, como El Extranjero de Camus, aunque el personaje de Camus era completamente indiferente a lo que sucedía su alrededor, yo más bien me siento un poco así, pero en donde la rutina me pone a cuestionarme ¿por qué corremos?, ¿Para quién somos indispensables?,  ¿quiénes realmente importan en nuestra vida?, ¿por qué Facebook es más importante que mirar el amanecer?, ¿por qué queremos ir a eventos para sentirnos importantes y luego subimos las fotos a una red social?, ¿por qué tengo 530 amigos en una red social, de los cuales conozco menos de la mitad?, ¿Por qué a veces quiero ser una stepmom?, ¿por qué no me entiendo tan fácil con las mamás de colegio y su grupo de Whatsapp?, ni en ningún grupo de Whatsaap, ¿Por qué para algunas amigas soy feminista y para otras, una sumisa?

Puras preguntas que no llevan a ninguna parte, pero déjenme ser existencialista de vez en cuando. Al parecer mi tedio viene de una reflexión que sin ser feminista, depende de los hábitos de una mujer casada y que trabaja, el mundo no está hecho para las mujeres, así, al más puro drama de una película de Woody Allen. Creo que las tareas domésticas y las aspiraciones menos terrenales de los deberes diarios no se llevan bien. Hay mujeres que sueñan con la casita y tenerlo todo en orden, a mí me cansa, y me cansa mucho, porque el orden y la limpieza me gustan, pero para ello tendría que restar tiempo a lecturas o a salidas con amigos y amigas con las que quisiera pasar un rato, algo que de todas formas no hago. ¡Ah!, ya sé lo que están pensando, que ni que me tuvieran secuestrada  o quizás doy a entender que estoy casada con un esposo celoso y posesivo, pues no.  Mi problema es por mucho el de muchas mujeres de mi edad, en donde lo que gana  es el sentido de responsabilidad y la culpa, las demandas de los hijos, de los padres y de todo mundo.

Creo que ayudaría mucho saber, quienes aún fuimos educadas para ser unas “buenas” mujeres -aunque hay quienes  aseguran que soy bruja, ¡qué risa!-  pues eso,  que es bueno ser una bruja  de vez en cuando, ¡qué divertido sería!

En fin, si hasta Sylvia Plath sufría con estos cuestionamientos, entonces por qué yo no, o algunas de ustedes.  Sírvase el existencialismo para quejarme un poco de la rutina y para decirles que no deberíamos actuar como hombres para ser respetadas en este mundo patriarcal, aunque muchos aseguran que la mujer siempre se sale con la suya, sólo si muestra las piernas o las chichis y creo que mi apuesta tampoco va por ahí, con el sólo hecho de plantarnos en este mundo ya somos unas diosas, eso creía Graves y yo también. ¡He dicho!

Los dejo porque me voy a lavar platos, pero antes, leamos a Plath…

Cinderella, by Sylvia Plath

The prince leans to the girl in scarlet heels,
Her green eyes slant, hair flaring in a fan
Of silver as the rondo slows; now reels
Begin on tilted violins to span

The whole revolving tall glass palace hall
Where guests slide gliding into light like wine;
Rose candles flicker on the lilac wall
Reflecting in a million flagons’ shine,

And glided couples all in whirling trance
Follow holiday revel begun long since,
Until near twelve the strange girl all at once
Guilt-stricken halts, pales, clings to the prince

As amid the hectic music and cocktail talk
She hears the caustic ticking of the clock.

 

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