En entrega de plazas: Todo fue vestido dominguero y felicidad

Por Irma Ramírez Orozco.

Foto: Edgar López

    

Se asignaron plazas a docentes en la Ciudad de México.

La ceremonia se llevó a cabo con la solemnidad que requería el caso. Actores, paleros y tramoya, libreto en mano, bien peinados y rechinando de limpios, recibieron al público, a los profesores y a los reporteros. Una voz llena, varonil, que me recordó a los locutores de la XEW, condujo el evento. En el escenario, los diez jovencitos, los mejores calificados, de  mirada tierna, satisfecha, sentados muy tiesos, tan nerviosos que daban ganas de abrazarlos, esperaban su premio. 

       Juan Díaz de La Torre, Presidente del Consejo General del SNTE, de traje, corbata y actitud formal ante el atril, ha conservado la imagen conocida. No ha envejecido prematuramente, aunque vivió situaciones que para él pudieron ser muy difíciles, incluso amenazantes, como la estrecha cercanía con Elba Esther Gordillo al momento de ser encarcelada. Además, se mantuvo alejado de los profesores de base que rechazaron la llamada reforma educativa. Eso, políticamente correcto para los objetivos de Peña Nieto, de hacer los amarres necesarios para que los cambios a la ley fueran aprobados, probablemente en estos tiempos de reorganizar y controlar, Juan Díaz ya no les sirva. Ya buscarán «un gallo» que trate de «dirigir» al magisterio.

      Díaz de la Torre mencionó el Artículo Tercero de la Constitución, pero no de los cambios que desataron el descontento a lo ancho y largo del país. Naturalmente, para qué meterse en honduras, si todos estaban festejando tranquilos. «Los maestros siempre han estado a la altura de lo que México les ha demandado, cometen un error aquellos que los han estigmatizado, descalificado, satanizado» dijo.  (¡!  ¿?)Cuando se opinó que los maestros eran unos vándalos, delincuentes, no recuerdo que haya alzado la voz en su defensa.

      Nos asaltaron las preguntas pero en ese evento como en tantos más, no hay espacio para el cuestionamiento. La obra de teatro está escrita, los actores designados, los parlamentos conocidos y ensayados; al público le corresponde ver, callar o aplaudir.

      Entregaron  nuevas plazas, los jóvenes con mejor calificación eligieron escuela en una ubicación de privilegio. ¿Así  se rompe el círculo de la desigualdad?  Los mejores maestros a los mejores lugares. Los demás a los cinturones de miseria en las ciudades, a la sierra, al pantano. ¿Esos lugares antes fueron boletinados u ofrecidos a los mejores profesores en servicio? Se conocen tantos dramas de maestros que han buscado un cambio de adscripción toda su vida, que con esas anécdotas pudiera escribir un libro. Doscientas treinta y tres plazas de la Ciudad de México fueron entregadas. Aunque ahora la escuela está al Centro, no supimos si los directores tuvieron algo que ver con la detección de las plazas vacantes.

    La «transparencia» fue la palabra que más se mencionó, limitada a la tan televisada: venta de plazas. Es difícil creer que la corrupción se haya eliminado. La corrupción no sólo se da en la venta de plazas, se puede vender un permiso, un cambio de adscripción, un préstamo, un crédito hipotecario, la aceptación de documentos, pero sabemos que ahí no están los problemas más fuertes, sino en las concesiones, licitaciones, moches y más moches y la lista puede seguir si pensamos un poquito en la cantidad de dinero que fluyó indebidamente y que conocimos cuando Elba Esther Gordillo cayó de la gracia de Peña Nieto. Porque en la dirigencia del sindicato siguen las mismas personas, los mismos compromisos, la misma estructura piramidal y corporativa que propicia la corrupción. Pero podemos estar tranquilos, Díaz de la Torre dijo que desde «noviembre» lucha denodadamente por sus agremiados. Buscará más presupuesto, aumento salarial ¿De dónde? ¿Del impuesto a la gasolina? Ni una sola palabra sobre corrupción. Cínicamente nada, cuando se habla tanto de transparencia.

       Tocó el turno al Secretario de Educación Pública. Como lo conocemos, traje de corte perfecto y tela de buena calidad. Tomó el micrófono y empezó a caminar en el escenario. A él se le ven algunas canas, un poco más delgado, ha de ser difícil lidiar con su personalidad. Mantenerse firme ante sus  órdenes de represión, violencia, muertos, enfrentar el fracaso, el repudio de los profesores y al mismo tiempo mostrar un rostro  afable, aparentemente dispuesto a la explicación.

     Según Aurelio Nuño, el viejo sistema educativo tenía todos los males del mundo, era opaco, sin reglas claras, sustentado en heredar o vender plazas; en el compadrazgo y el influyentismo. Olvidó mencionar que antes se otorgaba una plaza al estudiante que obtenía la certificación de alguna escuela normal pública, a través de un título. Es decir, si a todo egresado le correspondía una plaza, sin costo alguno. ¿Dónde estaba la opacidad? Tal vez la diferencia está en que ahora no le tienen confianza a las escuelas normales. ¿Hay sobrepoblación de maestros? ¿No habrá influido un poco el hecho de haber registrado un montón de normales privadas de la famosa marca «Patito»?Antes había corrupción, claro que sí, pero eso da para otra historia. A partir de las plazas que se están otorgando, todo empieza transparente, basado en el esfuerzo y el mérito, dice el Secretario. Y para «simbolizarlo», pasaron los diez jóvenes de nuevo ingreso a elegir escuela en una computadora. Es una lástima que los símbolos no tengan fuerza cuando están ayunos de contenido.

     Un principio para todo profesor es que el alumno llega al salón de clases con todo un equipaje de saberes que se toman en cuenta. Tal parece que Nuño quiere iniciar de cero con los profesores de nuevo ingreso. ¿Por qué no recibir la Secretaría en una actitud menos soberbia, de conocer y respetar el equipaje de sabiduría que el sistema educativo lleva encima? ¿Por qué no tomar en cuenta además de las normas, las vidas de miles y miles de profesores que han construido la historia del sistema educativo en México?  Hay problemas, claro que sí, se necesitan cambios, claro que sí,  pero no se puede desechar de un plumazo todo un cúmulo de experiencias. 

         El evento terminó con los consabidos aplausos y una fila, el  besamano, como en los mejores tiempos del viejo sistema que el Secretario de Educación dice que quiere sepultar. Me pareció una fiesta de fin de cursos, cuando se entregan los premios a los alumnos aplicados, las fallas se ocultan, los errores se disculpan y todo es vestido dominguero y felicidad. Pero a este teatro le faltó verosimilitud, le sobró almidón, y no tuvo cercanía, ni siquiera un saborcito o aroma, a pueblo. 

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