La muerte de José Luis Cuevas

Por Angélica Ruiz

 

La muerte del pintor, escultor e ilustrador mexicano, José Luis Cuevas ha inundado -primero- las redes sociales, luego de poco en poco, todos los diarios y espacios noticiosos informativos. No es para menos. La tarde de este lluvioso lunes 3 de julio falleció uno de los principales representantes de la llamada Generación de la Ruputra,  uno de los grandes del arte contemporáneo. Como en cascada, los muros del Facebook se llenaron de innumerables anécdotas de “amigos” que presumen las fotos con el extinto, sus encuentros, pláticas y  autógrafos… como si ello los hiciera más importantes que los demás mortales.

 

En fin, la verdad de las cosas es que con la partida de Cuevas, sí queda un enorme hueco qué llenar.  A sus 86 años, las historias sobre él son incontables. Algunas de ellas -ésta contada por su propio hermano Alberto-, es que siempre le gustó quitarse la edad, pues en realidad nació en 1931 y no en 1934 como solía decir.

 

También se cuenta que durante casi tres décadas el “enfant terrible” se tomó una fotografía diaria para mirar cómo envejecía, una tarea para la que contaba con la complicidad de su primera esposa, Bertha Riestra, quien pulsaba la cámara, y que concluyó a la muerte de ésta, en el año 2000.

 

El mote de el “enfant terrible”, («niño terrible» en francés) se lo ganó porque fue parte de una generación de artistas que se manifestaron contra la expresión del arte arraigada en programas políticos enfocados en alimentar ideas nacionalistas.

 

Pero no sólo eso, a José Luis Cuevas siempre le gustó manifestarse desde lo más excéntrico de sus sentidos de una manera destacada. Por ejemplo, su trabajo con el pincel era de una ferocidad gestual que lograba desnudar el alma de sus personajes, retratando siempre la magnificencia de la degradación humana en el mundo de la prostitución y el despotismo.

 

Su intención inicial era mostrar la angustia y la soledad del hombre y eligió para ello las escenas que encontró en hospitales y prostíbulos; sus modelos fueron y siguieron siendo la prostituta, el pordiosero, el loco y el enfermo. A pesar de la recurrencia de los temas, de Cuevas se puede decir que en su obra existen diferentes variantes protagonizados por seres deformes, bellas imágenes de personajes casi monstruosos. De ahí que fuera también uno de los más destacados representantes del neofigurativismo.

 

La desenfrenada personalidad del artista lo llevó también por los caminos del glamour. A él se le atribuye el haber bautizado en la década de los 60´s a la famosa “Zona Rosa”, de Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, en honor a la artista cubano-mexicana Rosa Carmina, de la que era su gran admirador, además de ser su zona preferida para enfiestarse.

 

En dicho lugar expuso lo que tituló como «Mural Efímero» en 1967, mismo volvió a montar al año siguiente en Ciudad Universitaria, como muestra de su apoyo a los movimientos estudiantiles que se desarrollaron ese año en la Ciudad de México. Su vena subversiva lo llevó  dos años después a manifestarse en contra de la guerra de Vietnam, en San Francisco, California, Estados Unidos, donde organizó diversos happenings para recaudar fondos.

 

Fueron varias las facetas donde Cuevas dio a conocer su talento. En teatro elaboró la escenografía de la obra «La noche de los asesinos», la cual fue premiada por la crítica especializada-. En 1965  hizo lo mismo para el «The American Ballet Company» en su espectáculo “El Quid”, realizado en Estados Unidos, y  que  montó junto con el actor y director Alfonso Arau y el escritor Carlos Monsiváis. Y en el cine se autointerpretó  en la película mexicana «Los amigos».

 

Han sido diferentes los premios y reconocimientos que Cuevas ha recibido a lo largo de su carrera, por ejemplo, en 1967 la exposición «Rosk 67» lo presenta como uno de los 50 pintores más importantes del momento. Ese mismo año, el New York Times -uno de los más importantes periódicos estadounidenses-, lo ubica entre los más grandes dibujantes del siglo XX.

 

Entre sus numerosas exposiciones individuales y colectivas se destacan las realizadas en Washington DC (1954), París (1955) y Nueva York (1957).

 

Hasta ahora se desconocen los motivos de su muerte, salvo su delicado estado de salud, por lo que se internaba continuamente en el hospital Médica Sur, según su hermano Alberto Cuevas; sin embargo, en el 2013 se hizo público su estado de salud y otros detalles más personales, cuando una de sus hijas denunció que su padre se encontraba casi en la indigencia, con problemas de nutrición y un principio de pulmonía. La familia acusó a su segunda esposa, Beatriz del Carmen Bazán, de haberle descuidado en su vejez.

 

Sin callar, el artista se defendió públicamente y en conferencia de prensa desmintió a sus hijas Mariana, Ximena y María José, revelando la poca armoniosa relación con ellas, quienes, reveló en ese entonces, habían acudido a un juez de lo familiar para exigir un régimen de visitas, pues “se presentaron como unas víctimas abandonadas y no se les abandonó en ningún momento”, afirmó el mismo Cuevas.

 

Este martes 4 de julio, el artista será homenajeado y despedido en el recinto del Palacio de Bellas Artes.

 

Premios y distinciones:

  • Primer Premio Internacional de Dibujo, Bienal de Sao Paulo (1959)
  • Primer Premio Internacional de Grabado, I Trienal de Nueva Delhi (1968).
  • Premio Nacional de Bellas Artes por el gobierno de México (1981)
  • Doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Sinaloa (1984(
  • Premio Internacional del Consejo Mundial del Grabado, San Francisco (1984).
  • Recibió la Orden de Caballero de las Artes y de las Letras de la República Francesa (1991).

Fue nombrado Artista de la Ciudad por el Gobierno del Distrito Federal de México, ocasión en que también se inauguró el Museo José Luis Cuevas en 1992.

 

Libros:

 

  • Cuevas por Cuevas, Ediciones Era, México, D.F., 1965.
  • Cuevario, Editorial Grijalbo, México, D.F., 1973.
  • Cuevas contra Cuevas

 

 

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