Hombres que bailan El Cascanueces no para masculinizar, sino para devolverlo a su esencia humana.
Por Varinia de la Cruz
Dos universos aparentemente opuestos se rozan, se contradicen y finalmente dialogan sobre el mismo escenario del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.
Un Cascanueces diferente & AlebriSueños no es solo un programa doble: es una experiencia escénica que entiende que la tradición no es una vitrina inmóvil, sino un organismo vivo que respira, se transforma y se atreve a jugar.
El primer acto, AlebriSueños, abre la noche como un poema visual profundamente mexicano. Desde la figura de Pedro Linares, el creador de los alebrijes, la obra nos recuerda que el arte nace muchas veces del delirio, de la fiebre, del límite entre el miedo y la imaginación.
Las criaturas que emergen —coloridas, híbridas, imposibles— no son simples ornamentos: son símbolos de resiliencia, de identidad y de memoria colectiva. El lenguaje coreográfico, que mezcla ballet y danza contemporánea con recursos multimedia, convierte el escenario en un territorio onírico donde la tradición popular se eleva a categoría de arte total.

Los textiles de Pineda Covalín no visten cuerpos: los consagran como lienzos vivos, como herencia en movimiento.
Tras ese viaje sensorial, el segundo acto irrumpe con inteligencia y valentía: Un Cascanueces diferente. Aquí ocurre el gesto más radical del programa: el clásico navideño de Tchaikovski es interpretado íntegramente por hombres, en tutús, zapatillas de punta y maquillaje, sin parodia fácil y sin renunciar al rigor técnico.
La comedia está presente, sí, pero es una comedia culta, conocedora, que nace del profundo respeto por la obra original.
Como conocedores del Cascanueces tradicional, los creadores conservan su núcleo narrativo: la noche de Navidad, la niña —Clara— que recibe un cascanueces como regalo y, al dormir, cruza el umbral del sueño.
Los juguetes cobran vida, los ratones invaden el salón, el Cascanueces se transforma en príncipe tras vencer al Rey Ratón. El viaje al Reino de los Dulces no es solo fantasía: es un rito de paso, una alegoría del tránsito de la infancia a la conciencia, donde cada danza representa una emoción, un descubrimiento, una promesa.

Lo innovador de esta versión no está en burlarse del ballet, sino en revelar su estructura con humor y lucidez. Ver a hombres ejecutar con precisión impecable los códigos más exigentes del ballet clásico —tradicionalmente reservados a cuerpos femeninos— desmantela prejuicios sin necesidad de discursos.
El tutú deja de ser un símbolo de género para convertirse en un signo escénico; la punta, en una prueba de disciplina y virtuosismo; el maquillaje, en una máscara que permite exagerar, ironizar y, paradójicamente, humanizar.
Bajo la dirección de Víctor Treviño y la visión de Tonatiuh Gómez, esta propuesta demuestra que la excelencia técnica puede convivir con la risa inteligente. Cada escena es un guiño cómplice al público conocedor del ballet y, al mismo tiempo, una invitación abierta a quienes se acercan por primera vez. La carcajada no resta profundidad: la amplifica.

Un Cascanueces diferente & AlebriSueños es, en conjunto, una declaración artística clara y necesaria. Celebra la imaginación como territorio sin fronteras, afirma que la creatividad no tiene género y recuerda que el arte puede ser bello, irreverente, emotivo y profundamente humano al mismo tiempo.
En una sola noche, el espectáculo nos devuelve algo esencial: el derecho a soñar, a reír y a mirar los clásicos —y a nosotros mismos— con ojos nuevos.
Los creadores respetan su corazón narrativo: La innovación de esta puesta reside en su lectura contemporánea sin estridencias: hombres que bailan El Cascanueces no para masculinizarlo, sino para devolverlo a su esencia humana.
El resultado es una obra que honra la tradición y, al mismo tiempo, la sacude con elegancia. Aquí, la técnica es impecable, pero lo que permanece es otra cosa: la certeza de que el arte vive cuando se atreve a releer sus mitos, y que incluso un juguete de madera puede seguir enseñándonos a romper cáscaras —las del prejuicio, las del hábito— para encontrar, intacta, la emoción.
Este 18 de diciembre la Compañia Alebrisueños abre el telón nuevamente, en el escenario de color del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. No te la puedes perder.