¿Por qué la guerra es interminable para el imperio?

Por Roque Juan Carrasco Aquino

“Guerras del exterminio humanitario, implican el cinismo del ser irracional desfigurado en la realidad obtusa de la ideología; despilfarra el bodrio de la hegemonía decadente. Pese a pretextos para imponer supremacías raciales y su brazo derecho el autoritarismo deforma las civilizaciones en la agonía del pensar del exterminio humanitario. Sobre promesas en argucias sucias, se depreda a la naturaleza y a la sociedad; hoy, la incertidumbre y la ansiedad frente a lo desconocido impera como parte del castigo de los dioses, hegemonizados por los imperios”.

La sordera del poder hegemónico del imperio gringo desborda la razón de la existencia humana. El inconsciente supera la conciencia ontológica de la conciencia en lo fundamental entre los pueblos. 

          Hoy, lo imperante ya no es la convivencia entre seres humanos; ya se ha perdido el diálogo equitativo para llegar a acuerdos o convencer a la razón como parte de un todo expresado colectivamente. Entonces emerge la irracionalidad como respuesta del dominio para destruir la convivencia social.

          En tanto, lo que en la actualidad predomina y en ocasiones percibimos, cuando en un remanso comunitario desaparece el equilibrio entre la voz y la palabra. Es ahí donde el conocimiento colectivo se estampa contra la negación de los otros seres pensantes. 

           La conciencia es engullida por el horror de la concreción lapidaria de los hechos transgresores de lo emancipado. Aquí la realidad se confunde con la ideología impuesta, guerrerista e intolerante, que no permite otra forma de concebir hechos sobre la interrelación existente. Es decir, como patrimonio heredado de otras civilizaciones. Quizá aquella, es decir, la comprensiva, la incluyente o la que convive entre clases distintas. Por supuesto, toda proporción guardada del pasado.

          En estas consideraciones de contexto, el imperio gringo se presenta como el dador de los bienes materiales que el Dios perverso del dinero confabula en santa alianza. Identifica al tirano engatusador para explotar, despojar, asesinar, intervenir en otros territorios: También, expulsa a la humanidad de sus patrimonios e impone su autoridad, sus leyes, ideologías, crisis, desesperanzas, derrotas, frustraciones y sus dolencias como desafortunado origen migrante e irrumpiendo violentamente en nuestras tierras civilizadas por el hombre-naturaleza-hombre-naturaleza; eran voces de respecto en compatibilidad entre sociedad-naturaleza.

          En tanto, las civilizaciones de América Latina precolombina, nos pueden mostrar sus dinámicas e interrelaciones entre sociedades, culturas; identidad, dominio de sus territorios y la solidaridad; aunado al respeto hacia los recursos naturales y la socialización de lo producido para los pueblos. 

          El hambre significaba un derrotero de la armonía y el contacto con sus dioses; antes que, el desprecio a la vida y no simplemente hacia la rentabilidad para la acumulación extraordinaria. Por supuesto, las condiciones materiales existentes eran otras y el proceso del desarrollo de las fuerzas productivas significaban otras formas de producción, consumo y distribución de los bienes producidos socialmente. 

          No obstante, significaban fases de consenso sui generis en la distribución para el acuerdo entre las sociedades. Asimismo, se basaban más en la conformidad entre el consumo sobre los intercambios de culturas e identidades.

          Por supuesto, entre un dominio de compartir territorialmente límites culturales sobre la base del respeto entre ellas. El trueque, el tequio, la ayuda mutua y la inclusión entre distintas clases dignificaban el desarrollo social y producción para sí.  

          Era la convivencia para enfrentar a la inexplicable transformación de la propia naturaleza hostil en aquellos tiempos. Sin embargo, es el punto de partida para mantener y comprender la cosmovisión sin depredarla y menos enfrascarse sobre el dominio e imponer la superioridad y la supremacía entre ámbitos comunitarios. Se percibía un ambiente de tolerancia, equidad, religiosa y limitaciones mortales para evocar tendencias solares entre eclipses y movimientos estelares.

          Las promesas de vivir más allá de la vida terrenal se explicaba y convertía con hechos de la estancia terrenal; no a la leyenda de un mesías que exigía la verdad absoluta; además de dirigir con su índice derecho a los verdaderos dueños del universo. 

         De modo que, los falsos ídolos y redentores genocidas del mundo nacen y se reproducen en las esferas de la sinrazón y de la hegemonía de la destrucción humanitaria. De Perogrullo los “elegidos” son los verdaderos depredadores de las culturas. Mientras la civilización occidental estalla de pus brotando en sus entrañas ideológicas de opresión y destrucción. 

         Lo que fue en un instante de saberes, en el presente se niegan para no superar hacia otra dirección incluyente y sin supremacías. Empero, el imperio depreda a la naturaleza, entre ella a la humanidad entera. He ahí la incapacidad de intelectuales y de gobiernos postrados a la égida de la barbarie sin direccionar otra alternativa socializada para todos los pueblos.

          Sin embargo, las guerras se contienen sobre la base de la destrucción de los seres humanos; en contra de los recursos naturales. La tendencia es hacia el desprecio a la vida comunitaria de los pueblos e imponer la supremacía racial. Aunado a prevalecer las ideologías recalcitrantes para devorarse a la especie humana y avasallar sociedades; al tiempo destruir las libertades. Castrando sueños de la conciencia sin acercar el devenir deteniendo en el aire que, el dinero desvanecerá con el poder del imperio del capital. 

          Oligarquías emergen con las guerras de exterminio; se agudizarán las luchas de clases; gobiernos descerebrados controlarán el diálogo, las palabras y sus voces se escucharán en los organismos internacionales.  

          Hoy, el proceso fascista, exterminador, y de las formas de producción armamentista dominará el escenario mundial. La quimera social muere a lado de los vaivenes de las guerras; a mayor desperdicio de la vida la insensibilidad aflora de lado del fascismo; pues, la devastación humana está en peligro de exterminarse con el imperio gringo.

          El imperialismo en su fase capitalista en crisis inflige supremacía racial prepotente y sobre relatos de fe aplica autoritarismo a los elegidos. Así despoja de territorios a los pueblos débiles a base del presupuesto exterminador bajo acciones fascistas occidentales. Pues, el genocidio es la razón irracional de la crisis civilizatoria.  

          Allí, el espacio acorta el coro del tiempo corporal de los mortales. Esto significa un antivalor social y desvaloriza intercambios fijados en la tasa de acumulación. Los vivos eran parte de la producción para una clase y no hacia todos. 

          En este sentido, el capital armamentista rompe fronteras y naciones al expandirse no para la humanidad, sino la conquista comercial allende al mar. Eso quedaba en la memoria de los extranjeros como Quetzalcóatl; importando imágenes externas a fin de venerar y, según los blancos españoles, evidenciar la idolatría de la malinche. Entonces, occidente niega el papel de las mujeres como parte de la reproducción social al depredar sus razones de procreación de la vida.

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