Petróleo en la herida

 

Por Astrid Perellón

 

15 de enero de 2017.-El tema del gasolinazo con el que terminó el 2016 en México, aún levanta ámpula y por mucho tiempo causará resquemor. Pese a ello voy a abordarlo mediante una idea loca que podría germinar en duda en el lector, causando una serie de eventos potencialmente interesantes en sí mismo.

 

Tomemos la referencia cuando Martha Debayle dijo en una entrevista no muy lejana que su revista <<no es para jodidos>>.  Aquel que ya tenía en su mentalidad la carencia, la incapacidad, la convicción de su propia falta de recursos mentales, emocionales y, por consiguiente, materiales, se sintió aludido.

 

Hay un chiste que se relaciona con lo que trato de transmitir. Un vaquero entra a una cantina. Abre las puertas abruptamente y declara, pintando una raya con su bota en el suelo de tierra: <<De esta línea para allá todos son unos pendejos y de este lado no>>. Uno solo se levanta y protesta, encolerizado <<¡Yo no soy pendejo!>> El vaquero con tono conciliador, agrega <<Pásele de este lado de la raya entonces>>

 

Es decir, nuestra reacción a los acontecimientos no hace más que indicar lo que ya creemos de nosotros. Independientemente de las implicaciones políticas, financieras, sociales y cada detalle comprobable, válido, justo, independientemente de todo ello en el tema del gasolizano, el punto es que, CUALQUIER acontecimiento bueno o malo revela quién es uno.

 

El jodido se sintió traicionado por Martha Debayle. Por el contrario, el que actualmente no tiene ni un centavo no se sintió agraviado por la declaración de la famosa comunicadora; sabe de sí mismo que no es jodido; que su situación es pasajera y remediable. Sus circunstancias no lo definen sino lo que cree de sí mismo. Sólo esa persona sabe lo que tiene qué hacer para dar un revés a su situación económica y lograr comprar la revista que disfruta. Sólo el que se levantó ante el vaquero sabía que no era pendejo y que no había que ajusticiar al vaquero, sino simplemente colocarse del otro lado de la raya.

 

Cualquier eventualidad es una raya. No importa cuánto proteste uno, cuán válido sea su argumento y cuántas acciones tome para cambiar, denunciar, inconformarse, ninguna de esas acciones es más importante que reconocer lo que se está revelando de uno mismo. Ante una eventualidad de alza de costos, ¿tengo la mentalidad de abundancia, capacidad, convicción de las oportunidades por venir, recursos mentales, emocionales y, por consiguiente, materiales para aprovechar las circunstancias? ¿No la tengo? No pasa nada. Este artículo no es una crítica, ni siquiera tiene fábula (un corto chiste nada más); este artículo solo es otra eventualidad.

 

 

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