Nunca somos ni tan malos, ni tan buenos

 

Por Karenina Díaz Menchaca

 

¡Nunca es tarde para que nos lleguen los mensajes, las señales, los consejos… bueno, en realidad no lo sé!, sólo sé que el cine ha sido designado, por una servidora, como uno de los vehículos preferidos para despejar mis dudas, mis miedos y mis fantasías, ¿a ustedes les pasa?

Aunque también están los escaparates, la voz del locutor de la radio, las palabras sueltas de los transeúntes que caminan a mi lado por las calles, los cuchicheos de los comensales en aquella fonda de cocina económica de la colonia Roma, las pláticas de las doñas que nos ayudan en las faenas de la casa (son lo mejor sus historias), también a ellos les he –prácticamente- conminado a ser mis emisarios divinos.

En estos tiempos en donde todo ocurre y no ocurre nada, algo de entre todo lo que vemos que nos pasa enfrente de nuestros ojos y nuestros oídos, de pronto nos puede –hasta- salvar la vida, ¡claro!, en un caso completamente drástico; pero, ya de menos, hacernos reflexionar o sacudir de nuestra zona de confort.

“Un Monstruo viene a verme” (A Monster Calls, 2017) película filmada por el cineasta español Juan Antonio Bayona (quien también filmó Orfanato) recientemente estrenada en México, es una verdadera belleza, no sólo por los juegos visuales y pictóricos, sino porque nos hace recordar cómo hemos dejado de temer, escuchar y sobre todo, conciliar, con el monstruo que nos ha acompañado desde que somos niños. Basada en la novela de Patrick Ness (quien también escribió el guión para la versión cinematográfica, lo cual ayudó mucho, según yo) nos guía por el camino de un duelo necesario, pero sin quedarse sólo ahí. Nos hace comprender el sinuoso y prodigioso camino hacia la madurez.

Yo no vine a hacer una reseña de la película, hay mejores críticos que yo para ello ó bien pueden googlear lo que quieran. Yo sólo vengo a narrarles un cacho que me gustó sobremanera, ¡ay! ¡si por un momento dejáramos de ser tan ‘humanos, demasiado humanos’! (parafraseando a Nietszche), ¡si fuésemos menos impulsivos!; sí, me hizo ruido – mejor dicho- me ronroneó como ese gato que se escucha dentro del pecho cuando nos acompaña el asma.

Hay tres momentos en que El Monstruo (Liam Neeson) le cuenta al niño algunos relatos, cada uno de esos relatos tienen un significado y el chico (Lewis MacDougall), tendrá que ir descifrando a lo largo de la película para qué le servirán. En uno de éstos le cuenta la historia (espero transmitírselas adecuadamente) de un rey que queda viudo, al quedar viudo conoce a una joven mujer, una mujer que simbólicamente es casi como la madrastra de Blanca Nieves, vuelve a contraer nupcias, por supuesto con la bella y joven mujer. Con los años, el rey muere, culpan a aquella bruja ‘malvada’ y ‘despiadada’. El ya joven príncipe, producto del primer matrimonio, se entera de que la madrastra quiere casarse con él para así seguir siendo la reina, pero él está enamorado de una muchacha plebeya, lo que encoleriza a la bruja madrastra, así que un buen día, huyen los jóvenes. Al huir, por entre el bosque, cae la noche y quedan profundamente dormidos debajo de un hermoso y frondoso árbol. Al despertar, la sorpresa es un gran charco de sangre y la amada, yaciendo muerta a lado del príncipe.

La narración es llevada por el Monstruo y el Monstruo tiene cara y cuerpo de un fuerte, viejo y erudito árbol, posee un tono de voz potente, justiciero, pero, como ya dije, ante todo, es un ser sabio.

El niño, de 12 años, queda impactado con la historia y hace sus propias conjeturas, pero el Monstruo le vuelve a narrar: El rey, no muere por un supuesto envenenamiento planeado por su joven esposa, sino por la edad; sin embargo, todos la culparon a ella, la gente siempre pensó mal de ella, pero ella después llena de ira transforma el reinado en un turbio entorno y desea casarse cuanto antes con su hijastro para continuar con el reinado. Ante esto, el joven huye con la amada plebeya, pero él la asesina – sí- la mata debajo de ese árbol. ¿Por qué?, porque sólo así la gente del pueblo cree que la malvada reina utilizó su hechicería y su maldad para hacerle daño a su rival y así, sólo así, el joven recuperó el trono y con ello la paz al reino. La llamada bruja es llevada muy lejos de ahí, por el propio Monstruo, quien la aleja para mantenerla viva.

Inmediatamente después, el Monstruo le explica al niño que no todos somos ni completamente buenos, ni completamente malos. Así, la idea es que cada uno entendamos que muchas veces para llegar a una decisión o un acto, considerado como “bueno”, debiste hacer otros que pudieron ser – hasta-  terribles.  ¿Por qué? No lo sé, pero sí puedo comprender que muchos no perdonarían a un príncipe que asesinó a su amada novia, en pos de recuperar su reino y sobre todo, la paz de éste. ¿Por qué? Porque nos es más directo, más común, más habitual, no pensar. ¿O prejuzgar es lo mejor?, ¿Cuántos asesinatos son en realidad un propósito para mejorar?

Mientras lo reflexionamos juntos, no se pierdan esta hermosa película A Monster Calls, con Liam Neeson, Lewis MacDougall,  Felicity Jones, Sigourney Weaver, Toby Kebbell y Geraldine Chaplin.

 

 

 

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