“Muñequita linda”… Cuando la voz se convierte en luz

Por Ingrid Gómez Lugos

Foto: Eréndira Negrete

 

En memoria de la tragedia ocurrida en la Guardería ABC,

en Hermosillo, Sonora.

Una antigua casa albergaba una escuela de música en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Era una tarde-noche de junio, de esas que te llenan de nostalgia absoluta al recordar a quienes ya no están.

 

Cuarenta personas invadidas, de un sentimiento profundo, se encontraban ahí. Reunidas en un patio grande al aire libre, suspirando con fuerzas y deseando retornar hacia aquellos tiempos donde fueron felices.

 

La causante de tan emotivo momento era una delicada y conmovedora voz a capela que inundaba el espacio con una composición de María Grever titulada “Te quiero, dijiste (muñequita linda)”.

 

Esta melodía trata de la historia de una pequeña niña que murió y posterior al deceso su madre la sentía tan cerca, al grado de imaginar que cuando ella le hablaba, su niña le respondía.

 

“Al escuchar las primeras notas se me erizó la piel. Sentí un enorme vacío y a la vez la nostalgia me pegaba con dureza. Recordé a mi pequeña hija quien murió hace un par de años. Es extraño que incluso antes de escuchar la melodía me sentí alegre y triste. Sentí a mi niña conmigo.

 

Al escuchar a Natalia hasta creí verla regalarme una sonrisa. La soprano es una chica que te transporta hasta esos tiempos. Desde el primer instante que la escuché me enamoré de su voz y es mucho más que eso. Es una esencia, un sabor único capaz de llevarte a un universo perfecto de paz”.

 

Fue lo que describió un asistente de aquel recital de ópera. Las personas se sintieron conmovidas de pies a cabeza. Por sus rostros se deslizaban gotas de tristeza y amor.

 

El aire corría, la tarde se iba. Poco a poco se oscurecía y la luna se asomaba a deleitar sus oídos con la música de Natalia Montesinos, una chica tenor que tocaba corazones al instante de interpretar cualquier pieza.

 

“Estaba justo enfrente de la chica que interpretó ‘Muñequita linda’. No pude contenerme. Mis lágrimas delataron el recuerdo de mi hermana, quien falleció hace unos años. Ella era muy chiquita y cuando mi mamá salía de casa yo la cuidaba. Jugábamos y nos divertíamos en un parque cercano.

 

Recuerdo también cuando la abuela iba a visitarnos. Se sentaba en la mecedora y abrazaba con suavidad a la pequeña. Yo me acurrucaba en su hombro. Y en ese momento nos cantaba: ‘Muñequita linda, de cabellos de oro, de dientes de perla, labios de rubí. Dime si me quieres, como yo te adoro, si de mí te acuerdas, como yo de ti’. Nos acariciaba y sonreía. Es grandioso recordarlo, es como si las estuviera viendo a las dos, conmigo. Ahora, que ya no las tengo, desearía revivir el momento”.

 

No todos los cantantes o intérpretes de música clásica te hacen sentir esto. Es algo sumamente complicado transmitir lo que sientes mediante su voz. La perspectiva de sintonizar a una Natalia es sumamente increíble. Literalmente cambia vidas.

 

Al culminar la canción todos los asistentes se pusieron de pie, aplaudieron con fuerza. Muchos se limpiaron las lágrimas. Otros corrieron de inmediato a felicitar a la intérprete. Ella se miraba emocionada, también con ganas de llorar porque seguramente algo hizo bien. Se acercó a charlar con muchas de las personas que instantes atrás se habían llenado de sentimiento. Regaló sonrisas y demostró su sencillez y bondad con gestos amables para los presentes.

 

Natalia es una chica evidentemente noble, de corazón limpio que transmite su energía positiva desde que la escuchas. No es común encontrar este tipo de gente en todos lados.

 

Después de tan impresionante participación continuó un recital de rock, que evidentemente no hizo llorar a la muchedumbre, pero también dejó un agradable sabor de boca.

 

Es cierto, las canciones deben escucharse, pero más que eso, sentirse. Todo eso lo hace Natalia, la joven que logró que en un concierto pequeño la mayoría de la aglomeración llorara al recordar y sentirse dentro de una historia.

 

La música clásica está escaseando, cada vez hay menos consumidores. Normalmente les atrae a los abuelos o personas de la tercera edad, a los jóvenes casi no. Por ello es digno regalarle una ovación enorme a Natalia, por ser una chica que impulsa, que inspira a querer ser parte de este mundo maravilloso de la ópera.

 

La radiante noche se despidió con las estrellas, cada una de ellas es una muñequita linda, de una historia, de una canción. Debe haber muchas que todavía no se han contado pero siempre se recuerdan, porque siguen ahí y nunca se irán.

 

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