Mentiras, calumnias y censuras

Por Roque Juan Carrasco Aquino

Mientras los jóvenes universitarios de distintos países rechazan las políticas militaristas de sus países; el imperio, reprime y destruye la democracia que pregona. No son las ideas las que habrán de reprimir ni el silencio avanzará sobre Gaza. Son las luchas callejeras y la razón de las ideologías fuera de los claustros académicos, serán las armas que transformarán los hechos ocultos de las bombas asesinas del sionismo descerebrado.

Es sabido en estos tiempos que, en los encuentros públicos difundidos para plantear paradigmas de visiones a concretar épicamente se diluyen. Por ejemplo, en contiendas para elecciones o en foros abiertos a debatir puntos de vista sobre cuestiones preocupantes de la sociedad. Se sabe entonces que, en un encuentro o debate entre personas civilizadas, anteponen la sensatez, el equilibrio y los razonamientos de los discursos para el análisis. 

En este sentido, son responsabilidad de quienes participan y desean convencer o precisar ideas, argumentos, percepciones y para hacer comprender al público intranquilo por temas sustanciales. Sin embargo, resalta la insensatez y lo absurdo.

Esta premisa es lo común en sociedades civilizadas. Es un derecho de todo ciudadano interesarse de lo que acontece en su vida diaria. Tal es el principio de democracia en estar bien informado con la realidad comunitaria, socializar el medio colectivizado e informar sobre la base de la verdad transparente de lo existente. Es también analizarla, contrastarla y rechazar los sesgos de la ideología conservadora, neoliberal, racista, supremacista y clasista. 

Entonces, hablar de democracia en la verdad de la cotidianidad, es romper con las calumnias, el arrebato, la intriga, las falsedades que corrompen la dignidad humana. Claro, en escenarios donde la razón se subsume a la imposición y al autoritarismo de la imagen y semejanza del poder dominante del capitalismo voraz.

En este escenario es importante analizar sustancialmente el significado de la mentira, sobre todo, lo que hoy defienden los conservadores: la adoran, aman y convierten en el modus vivendi sus razones burguesas para imponer sus verdades a medias y con sesgos fascistas y autoritarios. 

En esta dirección, planteamos esta idea de Vide Rodríguez: “Un juicio dado es verdadero en el grado en que su contenido podría mantenerse a la luz de un sistema completo de conocimiento, y falso en el grado en el que su aparición allí exigiría transformación. Según el autor, el contenido de una creencia consiste en pensar en sus relaciones esenciales” (Rodríguez; 2016: 3). 

Al tiempo, consideramos también que, sobre la base de las mentiras se impone la irracionalidad en tres direcciones: a) para el control de la realidad en función a la imposición y al saqueo de recursos, en lo específico; b) el sesgo a la verdad se corrompe la realidad para distorsionar la esencia de los hechos históricos y; c) la mentira se impone para obtener el dominio sobre la voluntad popular y despreciar objetivos concretos de la sociedad mayoritaria.

En estas condiciones, cuando, la realidad aflora a lado de la verdad, las calumnias, mentiras y la censura se destruyen en contrapuesta a la democracia. Ésta, como la expresión de participaciones conscientes, solidarias y de perseverancia en la incorporación de anhelos de la colectividad: resolver problemas y proponer alternativas comunitarias. No valorizar ni mercantilizar en términos de valor de cambio por encima de necesidades populares. 

Implica, entonces, transformar realidades encapsuladas que defienden intereses particulares sobre mentiras, calumnias y censuras del poder autoritario de los conservadores. 

Entonces podemos decir que la memoria social debe prevalecer en superioridad del valor de cambio de la información, donde el uso de la palabra no sea de dominio de poder, de malversación de lo público y desterrar los fines de grupos para imponer el miedo, las falsas ideas, el mito de lo privado para enriquecerse en el dogma del trabajo y el esfuerzo divino. 

Esto se destruye con el espíritu revolucionario de encontrar, analizar y transformar las contradicciones; también, desde sus propias raíces de cada fenómeno en la opacidad y banalizado por los dueños de la verdad capitalista.

Desde el punto de vista de los conservadores, la verdad es algo cuantitativo, medible, manipulable y negociable. Es un simplismo de la objetividad para reducirse en la subjetividad cosificadora; que simplemente se puede, siempre, manipular y medir para especular. 

De Lenin retomamos esta idea para contextualizar: “Las formas del ser no las puede el pensamiento extraer y deducir jamás de sí mismo, sino únicamente del mundo exterior . . . Los principios no son el punto de partida de la investigación [como resulta según Dühring, que pretende ser un materialista, pero que no sabe aplicar consecuentemente el materialismo], sino sus resultados finales; estos principios no se aplican a la naturaleza y a la historia humana, sino que son abstracciones de ellas; no son la naturaleza y la humanidad las que se rigen por los principios, sino que los principios son verdaderos precisamente en tanto en cuanto concuerden con la naturaleza y con la historia” (Lenin; 2014). 

Esta es la razón dialéctica del por qué los conservadores se remiten más a las calumnias y no a analizar las verdaderas formas que van más allá de las meras percepciones aparentes o la subjetividad de lo aparente. No se toma en cuenta la realidad compleja en constante transformación. Por ello, la calumnia antepone las falsas ideas elaboradas para engañar e imponer la irrealidad disfrazada de hechos sin contenidos.

En la abstracción de los procesos reales, los conservadores rehúyen y denigran para obtener sus voluntades mercantilistas. Se valora al individuo por lo que puede generar de riqueza; es el trabajador quien vende su fuerza de trabajo para reproducirse. En suma, lo convierten en mercancía para intercambiar en cualquier momento. 

La calumnia, entonces, es el arma de los simplistas, ignorantes y reduccionistas de la realidad rica en sus propiedades para ser analizada de manera crítica y no de apariencias para confundir la esencia misma de los hechos históricos.

Es ahí donde se impone la censura para no desdoblar la realidad, los hechos concretos, la materialidad de la verdad y los procesos trascendentes. 

Por ello, a mayor caducidad de la verdad, de los procesos del materialismo histórico y sus formas manifiestas en la totalidad la censura interviene imponiéndose sobre la verdad concreta, pues encierra en las mazmorras de la historia la objetividad y destruye lo evidente y lo real de los hechos. 

Las contradicciones son las vicisitudes y lamentos de la sociedad. Pero, no en abstracto, sino en concreto de la clase trabajadora y de las personas pensantes, inteligentes y críticas con su entorno inmediato. Claro, sin componendas ni timoratos para convertirse en viles mercancías al servicio de la oligarquía y del capital.

Referencias

Lenin (2014): Capitulo I. La teoría del conocimiento del empiriocriticismo y la del materialismo dialéctico. 1. Las sensaciones y los complejos de sensaciones. En línea. Página web: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1908/mye/index.htm.Vide Rodríguez, Vicente (2016): Análisis filosófico y teológico de la mentira desde la teoría de los actos de habla. Revista Perseitas, vol. 4, núm. 2. En línea. Página web: https://www.redalyc.org/journal/4989/498952389004/498952389004.pdf.

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