El itinerario mexicano debe ser el estadounidense y no el latinoamericano, pro-chino o ruso

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Como preámbulo introductorio empezaré el desarrollo de este texto asumiendo que las contradicciones del sistema económico capitalista se expresan, entre otras cosas, en la naturaleza de las relaciones comerciales y políticas que se dan entre países y en las alianzas geoestratégicas que la realización del valor económico demanda.

La ciencia política y las corrientes antropológicas y filosóficas distraen la atención intentando arraigar múltiples causalidades del por qué se estrechan vínculos estratégicos entre países, sin embargo y a la vista de la historia, es el mercado y las relaciones comerciales el factor más importante para entender las alianzas continentales o regionales.

Por ende, la dinámica comercial no se tienta el corazón en cuanto a romanticismos o similitudes culturales y afinidades regionales si de por medio están la plusvalía y la capacidad de expandir los ritmos cíclicos de reproducción de capital.

En México, ante la ausencia de condiciones concretas para la derrota del sistema económico desde la clase obrera y su posible organización y el progresivo auge que va teniendo el ala socialdemócrata y progresista de la política burguesa en tiempos de la 4T en el gobierno mexicano, muy en concomitancia con la agenda 2030 de la ONU y las socialdemocracias internacionales, que de forma mentirosa se asumen de izquierda, y sobre todo pensando en estas épocas de elecciones con todo y su naturaleza de farsa, pan y circo, la continuidad del modo de producción capitalista y la situación económica nacional se mantendrá igual.

Esto es, las mismas dinámicas explotación del trabajador y la sumisión al capital de la vida social.

Ante esto, y tomando como parámetro “el deber ser» de la política internacional y sobre todo el T-MEC desde México, es imperativo acotar que para nuestro país son prioritarios los vínculos, las compatibilidades, los entendimientos y hasta la obediencia con Estados Unidos. Así de claro.

Si en América Latina, por injerencia de China y Rusia, a través de países como Cuba, Nicaragua, Colombia, Bolivia, Brasil o Venezuela, se hacen intentos por torpedear la dominancia comercial estadounidense en América Latina, México está obligado a actuar como una válvula compensatoria en franca defensa de los intereses norteamericanos a nivel económico, mirando sus intereses íntimos, claro está.

De forma acertada, el presidente López Obrador, como carta de presentación de su política internacional, y de forma inteligente y estratégica, a lo largo de su sexenio les ha manifestado a los jefes de Estado de Latinoamérica la importancia de acompañar desde América Latina a los Estados Unidos en su contraataque geoestratégico a nivel comercial, tecnológico y económico contra Rusia y China.

Esto es algo que por ahora países como Bolivia, Cuba, Venezuela, Argentina o Brasil no pueden hacer, por su nivel de sumisión a China y Rusia.

Sin embargo, México siempre debe de voltear y llevar a cabo la preferencia estadounidense, tan solo porque la dinámica de la política monetaria mexicana y la situación financiera dependen de las crecidas de mercado del dólar americano, en claro impacto hacia el peso mexicano y el margen inflacionario interno.

O bien, porque 40 millones de connacionales están en los Estados Unidos trabajando y otros 25 millones de nacionales reciben remesas mes con mes, y a datos del INEGI y el Banco de México, para el año 2024, dentro del volumen comercial total nacional, el nivel de exportaciones netas de México tienen en un 91% como destino los Estados Unidos.

Además, la vecindad geográfica y los acuerdos públicos y secretos a nivel militar, policíaco y de combate a la delincuencia, con todo y que personalmente estos criterios coercitivos jamás los respaldaré por afinidades políticas muy íntimas, y que son aspectos que aún el gobierno de la cuarta transformación ha pactado con el gobierno estadounidense, hacen más claro el hecho de considerar que Estados Unidos tiene que ser la prioridad de México a nivel internacional.

México cuenta con patrones culturales e históricos similares a los de América Latina, pero en estos momentos ni siquiera esos factores sociales, antropológicos ni culturales pueden ser tan importantes como el aspecto económico que para México significa la función vital de su economía y la supervivencia de su población.

El reto del próximo o la próxima Jefa de Estado mexicano será no solo la continuidad sino la construcción de estrategias progresivas, en el margen de esa prioridad que México tiene que tener con los Estados Unidos, en todos los niveles.

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