Las verdaderas olimpiadas

Por Karenina Díaz Menchaca

Las verdaderas olimpiadas, al menos las que yo conozco, no se crean que han sido aquellas experiencias con atletas nacionales y menos con las estrellas de antaño como un Raúl González, Ernesto Canto o hasta Ana Gabriela Guevara.

Por supuesto que tampoco ha sido con un Michael Phelps, con quien si me gustaría mucho sacarme una selfie para presumirle a mis amigos, familiares y enemigos. Pues no, tampoco es con este mega fenómeno del deporte internacional.

Mi padre, señores, tenía el récord olímpico  de caminata en el metro, uno de los grandes hallazgos del deporte nacional que después se fue haciendo olímpico. Nadie le ganaba a mi padre, con pasos largos, unos mocasines cómodos y una mochila cargando sobre su espalda, este señor conocido con el sobrenombre de Carodi, posee una de las marcas máximas en el deporte de caminata en el metro.

Con el garbo de un hombre que lleva prisa, con ademanes de un tipo cualquiera que va como alma que lleva el diablo, ahí iba mi padre con su rapidez y coraje alcanzando las medallas que ya quisieran estos atletas que sólo tienen el récord mundial de quejas al gobierno y de quejas por “falta de apoyo” (aunque esto último no sea verdad).

Uno piensa que se es original, hasta que le salen con que también baten récords sobre los pasillos que se intercalan de una estación a otra. Yo mera, Karenina, pensaba que era la más fregona compitiendo con otras féminas de zapatos altos, hasta que un día llegó mi padre diciéndome con total seriedad que él le ganaba a todos en el metro. Me quedé, como se dice vulgarmente, como de ¡Ay no ma…!

Y yo codeando a las demás mujeres que terminaban haciendo trampa las muy malditas haciéndose como si alguien las esperara, miraban su reloj y entonces corrían, me daba cuenta que entonces yo ya había ganado y que no aguantaron la presión, pues eso  mismo le pasaba a mi padre. Cuando nos revelamos ese secreto reímos mucho.

  • Papá, yo tengo el mejor tiempo, le dije.
  • No, no, yo les gano a todos, y luego a tipos bien chavos, pero no pueden conmigo.

Si  hablo en pasado no es porque Carodi ya no siga con nosotros en este mundo, ni Dios lo quiera, sino porque antes gozaba de mejor condición física, tan sólo hará unos cuatro años atrás. Es más, si él estuviera a lado mío, me estaría asegurando que aún lo hace y que sigue siendo el mejor, pero una es objetiva y realista, no dudo de su colmillo y de que las técnicas siempre se van superando, aún más que las demandas de un cuerpo joven, pero digamos que mi padre sí les podría ganar perfecto a los de su edad.

En realidad siempre vamos compitiendo en la vida. Lo de caminar veloz en el metro ya no lo ejerzo porque desgraciada o afortunadamente ando más en automóvil, ¡ah! Pero  de pronto me veo reconociéndome como una nueva conductora de velocidad en auto, algo que requiere mucho más colmillo, técnica y por supuesto, seguridad. La desventaja de este deporte urbano es que puede ser fatal, como todo deporte extremo puedes perderlo todo, y lo que no puedes perder  de vista es que no vale la pena si vas con alguien más o pones en riesgo la vida. Definitivamente lo del metro es más divertido y mucho más válido.

Creo que a Carodi y a mí nos gusta la velocidad, mover las piernas, llegar a un lugar sudorosos y pensar de que además del ejercicio físico, fuimos unos atletas bien fregones en nuestra rama. ¿Y los apoyos? Nunca llegaron, ¡maldita sea! De haber sabido….le hubiéramos dicho al Sistema de Transporte Colectivo que nos patrocinara con unos bonos gratis o yo qué sé.

Eso sí, les puedo decir y asegurar, que este es un deporte olímpico, pasa en todos los metros del mundo. Somos, los usuarios del metro, unos perros, unos loquillos, queremos llegar primero a todo, y cuando vas acelerando el paso el de a lado siempre se dará cuenta y se pondrá a tu tono sabiendo que lo quieres alcanzar, o que te tiene que alcanzar. Eso es, mis queridos amigos, una pelea natural, una pelea de salvajes…porque es lo que somos al final del día.

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One Thought to “Las verdaderas olimpiadas”

  1. Fausto Carodi

    jajaja mija, no pierdes la oportunidad. Efectivamente todavía a mis 65 años vuelo en los pasillos del Metro, me encanta la competencia en la zona del metro línea 5 que inicia en La Raza, es un pasillo cultural y un poco largo, pero el mejor es el de la línea 12 que va de Zapata a ésta, es muy larga y hay vía electrónica , o s ea, no caminas o te ayuda a acelerar. Debo añadir que de alguna manera fui alumno de Raúl González, Ernesto Canto y el nenegro, Daniel Bautista por los años 78, 79 y 80, cuando eran campeones del mundo y oro en olímpicos, son además mis amigos, por cierto, en la URSS donde le robaron la de oro a Bautista, nunca se recuperó, por eso lo rusos no fueron invitados al atletismo en Río, porque son muy transposos. Iba diario al Comité Olímpico a cubrir para El Sol de México, los veía entrenar y aprendí algo. Quizá por eso hago del metro diariamente una competencia sin problema de género o edad entra el competidor que quiera, aún no no me ganan. Claro después de comer no participo. Lo mismo del metro Copilco a la Facultad de Medicina algunos estudiantes van rápido y he tenido grandes rivales, incluso mujeres, pero sigo invicto, eso de la medalla de oro en metro, lo inventé yo, jajaja, pero gracias a ello mantengo un estado físico muy bueno, el metro es mi zona de confort y pista de entrenamiento, lo mismo las escaleras corriendo es muy buen deporte, ahí sí me ganan porque es poder y músculo y ya no tengo, más bien soy puro colmillo y técnica en la caminata, practiquen es muy buen ejercicio y ayuda a la mente a estar alerta en lugar de ir somnoliento observando una pantalla sin mirar por dónde caminas jajaja, viva el deporte y los olímpicos de atletismo es mi deporte magníficos atletas. Mi bebé por lo pronto de 2 años 8 meses ya lo estoy entrenando para que sea un atleta, ahí la llevamos tiene madera el nene… saludos mija… te amo…

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