La paradoja de volver a ser niño

Por Astrid Perellón

 

Es tendencia del adulto contemporáneo acudir a especialistas, asesores, terapeutas, cursos, libros, audios y retiros con tal de dominar tres cosas: 1) Cómo ser uno mismo; 2) Cómo conseguir todo lo que me propongo; 3) Cómo entablar relaciones sin dejar de ser uno mismo ni dejar de conseguir lo que me propongo.

 

A la vez, se puede observar en el entorno escolar actual que el programa académico se nutre también de una variedad de expertos con tal de implantar en el niño tres cosas: 1) Cómo ser lo que el adulto sabe que es provechoso para el niño; 2) Cómo conseguir lo que el adulto conoce que es adecuado para el niño; 3) Cómo llevarse bien con los demás sin dejar de ser provechoso ni dejar de conseguir lo que el adulto cree adecuado.

 

Podría dejarte con el dilema justo aquí pero sólo por diversión redondearé mi hallazgo: El adulto moderno paga por recuperar lo que de niño le indujeron a evadir.

 

Ya de adulto y a través de diversas técnicas, te reentrenas en recuperar tu certeza para perseguir lo que te apasiona. Misma certeza que poseías de niño al correr por el patio hasta que te condicionaron <<No Corras>>. Mediante ingeniosas dinámicas con otros adultos disciplinados volverás a conectarte con tu lado divertido que no teme. Mismo desenfado que te caracterizaba durante tus primeros pasos hasta que te regañaron por explorar el sabor de la tierra. Con otros adultos repetirás muchos ejercicios y reafirmaciones para lograr relacionarte desde el amor. Cualidad con la que naciste pues sentiste de inmediato amor incondicional por esa extraña mujer aunque se frustraba cuando no sabía qué significaba tu llanto.

 

Tal paradoja en el comportamiento indica que es momento de hallar en ti al mejor Coach. Si logras recrear en tu mente el niño que verdaderamente quisiste ser antes de los programas académicos y parentales podrás llegar a ser un adulto pleno. Todo esto lo puedes lograr en tu imaginación, no es necesario recurrir a la regresión mediante hipnosis.

 

Medita en aquella fábula del aquí y del ahora donde Atlas estaba abrumado por el peso del mundo sobre sus hombros tras muchos milenios. El sudor se le había petrificado, cubriéndolo de arriba abajo haciéndolo parecer una estatua. Así permanecía en una especie de monumento, silencioso para no gastar fuerzas hasta que un niño que visitaba un museo, interrumpió a la guía para preguntar <<¿Por qué sostiene el cielo con tanto esfuerzo si el cielo es gas?>> Atlas alzó la vista y frente a la mirada aterrorizada de los adultos y los ojos extasiados de los niños se largó de dicho museo. Su exhalación de alivio se elevó hasta el cielo que había cargado por tanto tiempo, mismo aliento que sanó la capa de ozono probando que, buscar el alivio, es provechoso no sólo para quien lo encuentra.

 

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