La guerra intestina de redes no es subversiva

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

La arena de debate y de discusión política, particularmente en plataformas digitales y en redes sociales, es de llamar la atención, y ese es un factor simbólico propio de la época moderna que nos toca vivir.

Primero, debo anticipar que desde este espacio no se está en contra de lo álgido y caluroso de la esencia humana en cuanto a la pertenencia ideológica o la defensa de ideales y convicciones, porque es parte de las sensaciones y emociones del ser humano y no se puede hacer nada por contrarrestarlos.

Asistir con energía y con temperamento, mostrando lo vivo que está un ser humano, es incluso uno de los aspectos más sanos que pueden haber en la vida.

Lo anterior, sencillamente, porque un ser humano está manifestando su plenitud en el momento presente al expresar sus emociones, cualesquiera que sean.

El problema, creo yo, es cuando ya se pasa al terreno de la falta de respeto y los malos deseos y la emisión de un mensaje cargado de veneno mental, con una muy mala energía y con una firme intención por atentar contra la integridad emocional del receptor de un mensaje. Y es que a veces me atrevo a pensar que el efecto es el mismo al de un daño o perjuicio físico o real.

Muchas de las explicaciones que a nivel de redes se dan es que ese tipo de malos mensajes provienen de cuentas fake, trolls o bots manejados con inteligencia artificial.

Sin embargo, también salen a relucir perfiles de cuentas que dan pie a verificar que se tratan de personas reales, en algunos casos con un número de seguidores o personas a seguir importante y con una dinámica de publicaciones en una línea normal.

¿Hasta dónde esa efervescencia, que va más allá de la expresión de una emoción o de la defensa de una convicción y que atenta, directa o indirectamente, contra la integridad de otra persona, es benéfica o perjudicial?

Vivimos una época donde a nivel de plataformas digitales y redes sociales el veneno mental, mezclado con mensajes de odio y repudio y ofensas de muy diversa variabilidad, se da sin detenimiento alguno.

¿Estos elementos de desborde emocional contribuyen a la organización subversiva? ¿Estos factores son aliados de la estrategia y de la capacidad reflexiva que se necesita para revertir ciertas condiciones preexistentes a nivel político? No lo creo.

Porque es evidente que cuando mucha gente se expresa de esa manera la víscera les está ganando y el descontrol interno se está haciendo presente y la ausencia de armonía y de paz, más allá insisto de la defensa acalorada de una convicción, hace perder serenidad, y luego entonces se pierde toda posibilidad política de cambio en un trasfondo.

Me atrevo a pensar también que quienes están inmersos en esa guerra intestina tienen efectos emocionales muy adversos que son latentes hoy a nivel de la calle con aumentos indiscriminados de los niveles de violencia y de descontrol con actos consecuentes muy deleznables y dañinos para la integridad humana.

Lo anterior, sin dejar de considerar, que su factor causal se remonta de forma más contundente hacia las contradicciones del sistema económico capitalista tan latentes en esta época moderna y de la cual este momento tecnológico es parte indudablemente.

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