La fuerza del amor adolescente

 

Por Astrid Perellón

 

El amor adolescente proporciona un gran servicio al individuo; le permite experimentar el amor incondicional. Se supone que lo conocimos al nacer pues los padres aman incondicionalmente a sus hijos pero pudimos habernos confundido si nuestros padres condicionaban su estado de ánimo a nuestro comportamiento.

 

Con el amor adolescente, recuperamos el poder de notar la verdad sobre el amor: Yo soy capaz de amar, soy capaz de acumular razones para amar a otro. Enfocándome en amarlo, encuentro más y más atributos que minimizan sus defectos. La persona de la que me enamoro es la excusa para un ejercicio de enfoque.

 

Significa que puedo usar muchas personas para lograr el mismo efecto, reuniendo las cualidades que me atraen en ellas, amándolas a todas. Puedo amar celebridades, puedo amar a mis padres, puedo amar a varios chicos aparentemente opuestos a la vez.

 

Yo soy el común denominador. Nadie tiene que hacer nada para que yo ame. Incluso algunos en la escuela pueden ignorarme y más me fijo en ellos. Soy capaz de amar incondicionalmente. Hallo dentro de mí el amor que no está sujeto ni condicionado a lo que otro haga, piense, sea. Como soy capaz de un amor tan grande, puedo alejarme de quien me hiere pero no con odio, sino con amor dirigido hacia otro lado.

 

Por eso en los cuentos de hadas, los protagonistas son adolescentes y encuentran al amor de su vida. ¡Cómo podrían amar a quien acaban de conocer cuando el cuento acaba! Porque el amor proviene de ellos mismos, de la conquista de sus dragones, el hallazgo de sus deseos y su magia personal. Uno puede amar a quien sea, cuando sea, por el tiempo que sea. El amor es eterno; la relación con una personalidad específica encarnada en un cuerpo puede no serlo pero el amor sí dura para siempre.

 

Quizá lo que falta para comprender las fábulas del allá y del antes es leerlas con el énfasis necesario aquí y ahora. Lo que importa no es que la princesa fue rescatada por el príncipe valiente, perseverante, aguerrido, entregado, enamorado del ideal, comprometido con su meta. Lo que importa es que la princesa, valiente por ignorar los rugidos de su captor, poderosa en enfoque, sabiéndose capaz de inspirar un agradable comportamiento en otros, la que no se dejó deprimir por sus circunstancias, la capaz de confiar, receptiva a soluciones, paciente, determinante en su deseo de ser feliz, esa poderosísima mujer fue rescatada de la torre como una confirmación de su poder de evocar un universo de posibilidades a su favor por la correcta actitud, practicada de manera constante. Todo adolescente obstinado o enamorado, en realidad está practicando ser la princesa.

 

 

 

 

 

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