Joseph Roth, la exageración nos repele…

Por Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

porque no tenemos suficiente capacidad

para interpretarla,

aunque en realidad

debería decir mejor

suficiente inocencia

Walter Benjamin (1932)

 

Hay simples ideas que conjuran el pensamiento de los seres, a veces eclipsan de modo tal, que inspiran a recrear el mundo de las ideas, imaginar posibles vías fugas. El pensamiento surge del pensamiento y tiene diversas formas de plasmarse, bien sea en el espacio en blanco de un lienzo, en una hoja de pulpa… por medio del color, o de la tinta, que fugazmente otorgan validez al saber de quien lo piensa. Saber… simbólico, alegórico sígnico. El arte se expresa en el símbolo, en la totalidad ausencia y consistencia, el mundo queda formado-deformado por el artista, creador de vías alternas.

Joseph Roth escribió alguna vez que “Cualquier hombre es un Dios cuando sueña, y no es más que un mendigo cuando piensa”. Soñar o pensar, dicotomía iniciática, entre bestias, caballeros y un Estado todo poderoso que absolutamente sabe aquello de lo cual es necesario dar cuenta. Ser mendigo o Dios, un científico devela las verdades ocultas de un mundo culto. Un Dios sueña constantemente con un universo diferente; insatisfecho ante el presente se vuelca ante una necesidad básica, la de narrar y escuchar relatos. Soñar es aquí romper el silencio, apostar como plantea Walter Benjamin, con interrumpir el continuum del tiempo, el tiempo-ahora, con relatos sobre la existencia privada; o bien, sobre la obra de un asesino.

Joseph Roth fue un conocido bebedor que constantemente se fugaba del mundo, del todopoderoso Estado moderno. Pero ¿cómo permanecer consciente ante la inconsistencia de la contemporaneidad? ¿Cómo no cerrar los ojos ante la catástrofe? Las pérdidas fueron continuas, así lo narra el gran José María Pérez Gay en El imperio perdido (1990), donde reconstruye a través de la vida y obra de cinco grandes creadores la existencia en el Imperio Austro-Húngaro. A través del relato de Pérez Gay, podemos observar a contraluz a Hermann Broch, Robert Musil, Karl Kraus, Joseph Roth y Elías Canetti. Los cinco ensayos que componen el texto, son a la vez la visión de un mexicano universal que al apoderarse de los destellos tintineantes de la obra de éstas cinco singulares mentes que nos permite ver sombras de lo que significó aquella época.

Joseph Roth fue un miembro destacado de esa generación de homme de lettres, lúcidos, que daban cuenta a través de su creación de la decadencia del presente y de sí mismos. La escritura como la vivía Franz Kafka era un proceso de salvación frente a la angustia que provoca la consciencia del artista, tanto individualmente como ser social. Los homme de lettres se empezaban a transformar en intelectuales, la batalla entre grupos y, la estrecha y dependiente relación con el poder hacen mutar al homme de lettres, para al final desaparecer del horizonte de la creación. La vida de Roth es en ese sentido paradigmática.

El próximo 27 de mayo, se cumplen 77 años de la muerte del escritor Joseph Roth. El próximo 27 de mayo, se cumplirán 77 años de la muerte del errante, borracho, cargado de culpas y judío, Joseph Roth, quien transformó sus pecados en mundos alternos donde la miseria de la humanidad es reflejada cabalmente. De joven, Roth fue un brillante alumno de literatura alemana, se dedicaba a leer, observar y mentir. En la universidad yo quería ser elegante. Tener trajes cortados a la medida y viajar a todas partes: un hombre de mundo. Me faltaba dinero para los viajes, la verdadera elegancia y las aventuras. Entonces tuve que fingir. Me dedique a leer, observar y mentir.

En este sentido ¿qué papel cobra la mentira para el creador? Es en realidad, el espacio de la literatura, lo simbólico, el mundo de la falsedad. En alguna ocasión mi maestro Andrés de Luna, planteaba el tema del Marqués de Sade, icono de los inconmensurables deseos, donde la pasión y la pulsión de muerte se tocan sacrílegamente. Sade, a quien le debemos la denominación de nuestras pulsiones sádicas, masoquistas, pasó gran parte de su existencia encerrado en una mazmorra de la lúgubre y terrible Vincennes, para se trasladado posteriormente a la Bastilla, de donde fue liberado, junto con otros siete reos, por las rebeliones del 14 de julio de 1789. El Marqués gritaba alaridos frente a la revuelta. ¿Cómo Sade reconstruyó su encierro? transformándolo en Justina o los infortunios de la virtud o bien, Los 120 días de Sodoma.

La literatura es un espacio donde lo imposible se teje constantemente hasta saborear el absurdo, los críticos de lo simbólico han establecido que es mentira, es imposible objetivar desde la esfera racional el absurdo. Pero la misma Ilustración no ha podido contra la necesidad simbólica de lo humano, demasiado humano. Diversos pensamientos han legitimado lo simbólico como una forma de conocimiento, a la par resulta una alternativa frente al fracaso del totalitario sistema de signos.

Pero mentir es una forma de delirar, de fugarse ante los embates de la vida cotidiana, hay diversos mecanismos para afrontar la imposibilidad de vivir, delirar es uno de ellos. Desbarrar estimulando tus sentidos, con drogas, con alcohol. Enloquecer, porque la locura en alguna etapa de la historia humana era un acto sagrado, Dios te había tocado. El loco estaba en contacto con Dios, el loco era un ser sagrado, hasta que el enloquecido mundo racional lo cargó en una nave y luego lo encerró con los enfermos.

Joseph Roth fue catalogado como un mitómano por excelencia, constantemente creaba mundos alternos, vivía en ellos, de ellos; hay varias versiones contadas por él sobre su nacimiento, sobre el oficio de su madre y padre, mentía sobre su vida en Galitzia, que como agudamente señala Guillermo Cabrera Infante (Letras Libres), hay que escribir así, exóticamente, para no confundir a los gallegos. Moses Joseph Roth, nació el 2 de septiembre de 1894, en Brody, ciudad ucraniana cercana a las fronteras rusas, en las tierras de Galitzia, donde dos tercios de la población eran de origen judío; sin embargo, en la mente del escritor, Brody es el epicentro de su mundo imaginario. En cada mentira Roth nace, construye su mundo, se deconstruye, se afirma.

Lo mismo se enlistó en el ejército, que fue corresponsal de Frankfurter Zeitung en París (1925), convirtiéndose en el periodista mejor pagado de la Alemania de la República de Weimar; o bien, prisionero de guerra, hombre de izquierda. En alguna época firmaba sus textos como Der rote Joseph, Roth el rojo. Roth fue liberal, converso, que profesó el catolicismo apostólico y romano. Roth el rojo fue un conservador en defensa de la Monarquía. Roth el rojo fue un paria como millones de judíos, opositores, homosexuales, que una mañana dejaron de ser alemanes, franceses, polacos… para simplemente ser apátridas. Roth paria, Roth vienes, Roth alemán, Roth parisino. Roth, el dandy refinado que besaba la mano a las damas, usaba bastón y monóculo.

Tejer sobre las particularidades de la vida de un creador, de su vida cotidiana puede, bajo un enfoque sociológico, ayudar a la comprensión de su tiempo y espacio, porque la creación en ningún sentido es un acto aislado, aunque tal vez sí. Es necesario mantener esta tensión. Lo cierto es que la creación es un acto extremadamente solitario. Elías Canetti escribió en Masa y poder sobre la fragilidad del individuo actual.

Roth es en ese sentido un estandarte de la decadencia de la contemporaneidad, en sus relatos nos da cuenta de la transmutación humana, del cambio de experiencia cotidiana. Sus personajes son parias, seres en búsqueda de la esperanza. El patriotismo es una certeza frente a la fragilidad de su presente, Roth era un patriota y un ciudadano universal.  Son sus palabras en La Marcha Radetzky (1932).

Franz Kafka reflexionó sobre la desesperanza que nace de la imposibilidad de vivir, de realizarse ante los embates de nuestra contemporaneidad. Para Kafka, los seres que vislumbran la decadencia de su presente crean en ese instante esperanza, pero no para sí, sino para la generaciones futuras. Roth y esa maravillosa generación de homme de lettres, escritores, heredan a la contemporaneidad esperanza y salvación. Pero Roth murió de la muerte natural de un alcohólico: Alcoholismo. Walter Benjamin murió por las garras del nacionalsocialismo… ¿se suicidó con benzedrina o lo mató la Gestapo?… ¡No había esperanza para Kafka! ¡No había esperanza para Benjamin! ¡No había esperanza para Roth!, sin embargo, todos ellos nos dieron esperanza y salvación.

Una salvación que nace del pecado. La culpa de ser, y por ser… Judío, la culpa de ser converso, la culpa de ser ESCRITOR. La culpa de ser homme de lettres. La culpa de ser ROJO. La culpa de la desesperanza. Pero Roth como muchos de sus contemporáneos, trabajó sobre el problema de la culpa. Trabajó en la culpa, trabajó con la culpa; bien sea en un primer momento desde la óptica del judaísmo, Benjamin dirá la eterna culpa que acompaña a la humanidad por haber sido expulsados del Paraíso. La culpa, que es incompletud, porque estamos rotos. La condena de la contemporaneidad es que vive en una eterna e insuperable culpa. La culpa de la caída. La culpa de la expulsión del hombre del Paraíso por haber comido del árbol del conocimiento.

En Job la novela de un hombre sencillo, Joseph Roth aborda de manera central el problema de la culpa. Job es la figura por excelencia donde el credo, la fe ante la vida y la justicia de ésta, se ponen a prueba. De manera intrínseca se encuentra contenida una noción de esperanza que es llevada al plano de una ontología; es decir, NO HAY SER SIN ESPERANZA. Pero para haber esperanza es necesario la desesperanza, ahí apunta lúcidamente Franz Kafka y sus aforismos Consideraciones sobre el pecado, sufrimiento, esperanza y el verdadero camino, es cierto en los aforismos kafkaianos brota el escepticismo del hombre metamorfoseado: el hombre mosca, el hombre cucaracha, porque no hay creencia en el orden humano. Porque Milena no salva. Tampoco Felice, ni Grete

El relato de Job la novela de un hombre sencillo se vuelve central con el apabullante avance del nihilismo negativo, que hace que las generaciones presentes-futuras, los jóvenes, no tengan confianza, ni fe en el presente. El progreso de la postmodernidad.

Job es el relato de un judío recto y temeroso de Dios. Job es el relato de Mendel Singer, padre de familia, que vivía de enseñar la Biblia: la Torá, sagrada profesión la de Mendel, enseñar la Ley, su vida era profundamente sencilla, ascética. ¿La justeza de lo que Dios da, no está en la medida de lo que da, sino sencillamente en el acto de dar? Pero la vida es injusta ¿La justeza de lo que Dios da, no está en la medida de lo que da, sino sencillamente en lo que nos quita?

El embate ético al que nos confronta Roth, el embate ético al que Roth confronta a su personaje. El embate ético que confronta Roth… se concentra en la idea de la fe; bien puede ser una discusión de carácter exegético pero no es un problema moral, sino ÉTICO. La creencia en un mundo armonioso es ontológica y no deviene del judeo-cristianismo, está por encima de.

Mendel Singer se enfrenta a los avatares de la contemporaneidad, su prueba es ante sí, la pregunta central es ¿cómo se construye el humano actual? El orden social es producto de la suma de individualidades, es el SER quien lo construye; pero en realidad ese orden humano, se antepone al humano. El embate de la fe es ético, en la medida en que es la humanidad y sus creencias lo que está en cuestionamiento.

Una vez muerto Dios ¿qué le queda al hombre? La esperanza en la insatisfacción y los límites de la exageración. “… cuantas más ocasiones nos da vida, tantos más seres nos arranca del fondo de nosotros mismos. Hay quien ha muerto de saber nada y haber sido durante toda su vida uno solo”, ese fue Joseph Roth.

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