El iPhone como objeto de deseo

Todo lo que define al usuario como persona miembro de una sociedad, cabe dentro del iPhone y este “valor agregado” ha provocado el protagonismo de todo aquel que posee este “objeto del deseo”.

 

Por  Martha Garrido Luna

                                

Antes del iPhone, los smartphones o teléfonos inteligentes describían un tipo de usuario específico, el cuál encuadraba con personas cuyos empleos requerían el uso de herramientas de asistencia personal digitalizada (PDA). El iPhone le dio un giro a este tipo de mercado al incorporar grandes avances tecnológicos a sus funciones y las puso al alcance de un público más generalizado, sin importar su edad, género u ocupación. Las repercusiones que este teléfono inteligente produjo, no se hicieron esperar. ¿Por qué la sociedad nunca volvió a ser la misma después de su aparición?

 

Fue durante la ceremonia de los Premios Oscar de 2007 cuando Apple anunció la llegada del iPhone, un dispositivo de telefonía inteligente, el cual no saldría a la venta hasta varios meses después de su presentación. Lo que despertó en los millones de espectadores la expectativa suficiente como para posicionarlo como uno de los mejores inventos del siglo, según la prensa especializada de ese año. Esto se entiende, puesto que uno de los grandes aciertos del iPhone fue incorporar tecnología de punta a un dispositivo de uso cotidiano; es decir, la pantalla touch, el acceso a internet, así como la geolocalización a partir de un guía virtual (siri), eran herramientas de uso restringido para el público en general y que con su incorporación al iPhone se volvieron herramientas de uso cotidiano.

 

Sin embargo, el papel que ha desempeñado este teléfono inteligente en el área tecnológica ha trastocado otros aspectos de la sociedad de siglo XXI. Tal es el caso del usuario a quien se dirige, así como su relación con una sociedad de consumo. La percepción del iPhone como un objeto de deseo, que a su vez otorga un estatus a quien lo posee, es un fenómeno social que marca el desarrollo de los individuos miembros de una sociedad de consumo con su entorno.

 

Apple invirtió muchos años, así como recursos de todo tipo, para lograr una incursión exitosa en el mundo de la telefonía inteligente. No resulta sorprendente descubrir qué clase de artefacto aspiraba que se convirtiera el iPhone desde el principio, cuando tímidamente dijo «hola» a través de tantas escenas emblemáticas del cine en aquella histórica ceremonia de los Oscar. El iPhone estaba imaginado no como un objeto de diseño sino como un objeto de deseo. La expectativa que generó al ponerse a la venta casi seis meses después de que fue anunciado, hizo que la necesidad por tener este smartphone de Apple excediera los límites de la cordura en cuanto a una compra racional e inteligente se refiere.

 

Antes de que saliera a la venta, existían miles de pedidos del iPhone y AT&T incrementó sus planes de servicio a partir de los miles de personas que esperaban con ansiedad la llegada al mercado del futuro rey de los objetos de deseo: el iPhone. Gracias a la mercadotecnia, Apple se encargó de presentar a sus futuros usuarios las cualidades de su smartphone, al enfatizar en cada uno de sus anuncios el uso de la pantalla touch, así como la interacción con el usuario al sugerir la inclusión de su universo particular conectado a internet. Sin embargo, lo que logró esta clase de publicidad fue una capacitación de los usuarios potenciales, en relación al uso de un artefacto que en ese contexto representó un gran salto tecnológico. La expectación que generó la publicidad inicial de este smartphone se enfocó en anunciar un producto que, si bien está dirigido al público en general, también denota el estatus.

La estrategia de anunciar un producto con este nivel de tecnología en un determinado evento que es visto por miles de personas, nos da una pista del nivel socio económico mínimo de la audiencia o usuario en la que se espera influir para convertir este producto en un objeto de deseo. ¿Qué hubiera pasado sí el iPhone se anunciaba en un evento como el Súper Bowl?  Probablemente, no hubiera adquirido el mismo nivel de estatus que adquirió con su presentación en los Oscar, porque, aunque ambas audiencias se cuentan por miles e incluso millones de espectadores, el nivel socioeconómico no es el mismo, por lo tanto, aunque el iPhone logró acercar tecnología de punta a herramientas de uso cotidiano, esta cotidianeidad no es la de cualquier persona sin importar el nivel socioeconómico que posea. No cualquiera puede tener un iPhone, lo que lo convierte en un objeto aspiracional, pues el usuario está convencido de que otorga un estatus superior al que normalmente ostentaría si no posee este smartphone.

 

¿Cuál es su identidad? ¿Qué significa iPhone? Es interesante considerar el uso del pronombre personal «yo» o «I» para identificar un producto. ¿Qué efectos produce? La sensación de ser el centro de atención para la creación de un objeto, lo que resulta una idea con potencial de ventas excesivas en el mercado. Apple entendió la rentabilidad de vender la idea de interacción con el usuario a partir de su individualidad con el iPod. Después, con el iPhone, llevó más lejos esa idea de interacción con el usuario, pues a partir de este teléfono inteligente existió la posibilidad de integrar la individualidad del usuario en un solo dispositivo multifuncional y portátil o, por lo menos, eso es lo que se hace creer en los anuncios, con ayuda de la incorporación de la primera persona en el nombre del producto: I-phone.

 

Todo lo que define al usuario como persona miembro de una sociedad, cabe dentro del iPhone, es decir, lo acredita como individuo. Lo cual está muy lejos de facilitar las tareas comunicación e interacción con otras personas; por el contrario, las idealiza y las estratifica, en tanto que el sistema operativo a partir del cual funciona un iPhone no es universal, la caducidad del mismo sistema operativo o la exclusividad en el diseño de piezas que impiden su reparación, entre otras cosas que cuentas como factores que restringen la capacidad del usuario de relacionarse con otros usuarios que no ostenten un iPhone, lo que sitúa al individuo o usuario dentro de un estatus de exclusividad que se define por los objetos que posee.

 

Es claro que Apple se ha manejado como una empresa cuyos productos ostentan cierta calidad en el mercado, lo que hasta cierto punto los ubica en un estatus. Sin embargo, este estatus refería a la calidad tecnológica de sus productos, en tanto que, con la incursión de Apple en la telefonía a partir del iPhone, se enfocó más al nivel socioeconómico del usuario, puesto que año con año el único motivo para lanzar una versión nueva de iPhone se centra en seguir manteniendo la percepción como objeto de deseo y no como un producto que supere en tecnología a la versión anterior.

 

No es extraño considerar que hoy en día los consumidores del iPhone decidan adquirir la versión actualizada del mismo sólo por conservar el estatus económico que tienen por poseerlo y no porque las «innovaciones» mejoren su experiencia como usuario. Así mientras el usuario siga manteniendo esa necesidad por pertenecer, este objeto de deseo se renovará hasta el infinito o hasta la llegada de otro objeto que prometa algo mejor que el iPhone.

 

 

Related posts