Breve revisión del ánimo industrial estadounidense de Donald Trump

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

La pretensión de Donald Trump en su agenda política por recobrar y retomar, y hasta rescatar, ciertos aspectos de la visión productiva de la economía estadounidense, se centra en revitalizar los circuitos de producción y distribución de bienes y servicios reales y tangibles, en algo que a nivel macro se conoce como un impulso fiscal proactivo.

Esto implica una mayor y consecuente competitividad para la clase trabajadora y una buena remuneración, aprovechando los factores de capital y trabajo en suelo estadounidense, no por un ánimo subversivo marxista, sino por una pretensión de un cabal espíritu productivista inserto en el ánimo capitalista tradicional, alejado, por cierto, de los esquemas teóricos financieristas.

Esta visión se inspira en la cultura empresarial estadounidense de antes, encarnada en una línea histórica, que abanderaba un discurso del Progreso material en Estados Unidos como elemento central del proyecto nacional estadounidense.

La idea era que el país debía ser un ejemplo para el mundo del éxito material visto como elemento revulsivo central del bienestar humano, demostrando que la empresa progresiva y la innovación podían conducir a un crecimiento económico sostenido, soltando beneficios para todos los agentes económicos de la geografía norteamericana.

La cultura empresarial estadounidense, esa que podemos llamar de la época dorada del capitalismo (finales del siglo XIX y principios del siglo XX) se caracterizaba por un ánimo optimista del futuro, una fe en la tecnología y la innovación, como cartas de presentación de una disciplina productivista cabal y un compromiso con la expansión económica.

Empresarios como Andrew Carnegie, John D. Rockefeller y Henry Ford fueron pioneros en la creación de industrias en escala de ascenso y en la implementación de nuevas tecnologías, sostenido en la reproducción ampliada del capital.

Sin embargo, esta visión también tenía un componente de propaganda impulsada por la cultura política y los medios de comunicación estadounidenses, ya que se buscaba promover la idea de que el modelo económico norteamericano era el más avanzado y eficiente del mundo y que eso les daba crédito para dominar el planeta.

Esto se reflejaba en la creación de mitos y símbolos que iban de lo antropológico a lo cultural y que representaban la prosperidad y el progreso, como el discurso del «Sueño Americano».

En la actualidad, Donald Trump busca recobrar este espíritu empresarial y esta visión de progreso, pero con un enfoque más proteccionista y nacionalista, adaptado a los espacios de generación de valor y creación de bienes y servicios tangibles de la época moderna en su condición real dentro del contexto económico.

Su objetivo es proteger la industria estadounidense y promover la creación de empleos en el país, pero también busca demostrar y hacer prevalecer que el modelo económico estadounidense sigue siendo el más fuerte y eficiente del mundo.

Related posts