El poder de imaginar

Por Astrid Perellón

¿Puedes evocar la charla tensa con tu pareja y pensar qué hubieras dicho si te hubiera dejado hablar? Entonces puedes imaginar. ¿Puedes anticipar lo que pasaría si tratas de ganarle al rojo del semáforo? Puedes imaginar. ¿Pudiste contestar estas preguntas sin tener que estar frente a tu pareja ni acelerar en el volante? Sí puedes imaginar.

La imaginación tiene la función vital de afectar nuestro estado de ánimo. Por ejemplo, estando en la cárcel, en algún momento nos vence el sueño, al abrir los ojos, todo está silencioso por unos segundos, no recordamos dónde estamos y nada pasa. Estamos bien, nada nos falta, nada nos duele. Pero comienza nuestra imaginación a reunir escenarios que nos producen vergüenza, incertidumbre, incomodidad. La prisión no afectó nuestro estado de ánimo. Fue la imaginación. Por eso algunos pensadores entrenados para evocar la paz en su mente, como Gandhi, sobrevivieron a la cárcel.

Es atinado asegurar entonces que la libertad está en nuestra cabeza. Aún privados de movimiento, de libre expresión o de decisión somos libres de imaginar.

¿De qué sirve imaginar una vida mejor si tengo que lidiar con la infeliz existencia que está bajo mi nariz a cada momento? Hay muchas respuestas que de nada sirve enumerarte; sólo te resta probar metódicamente de qué sirve sentirse bien y feliz pese a que tu vida sea un asco. Al menos una cosa sí descubrirás: nadie ni nada tiene la capacidad de librarte de tu felicidad. Es tu entera responsabilidad tu concentración, voluntad y enfoque para usar la imaginación de manera que puedas sentirte como prefieras.

Es como aquella fábula del aquí y el ahora donde a un adolescente le picó una araña radioactiva mutante mientras que, a otro adolescente, se le apareció un genio de lámpara mágica. Ambos acontecimientos les dieron un tremendo poder; podían hacer cualquier cosa que imaginaran. Uno decidió imaginar que grandes poderes vienen con grandes responsabilidades y otro imaginó que sería fabuloso gobernar su nación, ya que él conocía bien lo que era ser pobre. Si te dieran un gran poder, de cualquier forma, mostrarías quién eres realmente por tu capacidad para imaginar.

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