El mercado capitalista es primeramente un espacio de estímulos

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

La dinámica funcional del mercado capitalista se traduce en un mero compendio de compras y ventas, con ganancias o pérdidas consecuentes, donde hay explotación del factor trabajo y un ánimo de ganancia mayoritariamente.

El mercado de manera breve, en cuanto a que es un espacio dispuesto para la realización del valor, es en su envergadura el fundamento esencial del sistema económico dominante en el mundo y es, al mismo tiempo, una variación casi infinita de estímulos que el ser humano necesita para cumplir experiencias en su vida.

Observe usted como cuando compra un producto o cumple una situación en su vida, al mismo tiempo usted está cumpliendo una experiencia a través de una mercancía o una situación determinada que usted consigue en el mercado.

Sea consciente de que todos los gustos, hobbies y necesidades que usted tiene los consigue y los compra en el mercado.

Al cumplir un deseo, casi siempre material o circunstancial, que reitero, usted compra en el mercado, en apariencia o en el mundo de la realidad concreta, se está cumpliendo con un acto más que cotidiano, nada en especial, pero antes que otra cosa, usted vea que está satisfaciendo una experiencia que su mente necesita.

Ante la ausencia de paz, básicamente paz y nunca antes mejor dicho, el ser humano ha sido preparado tanto por la familia como por la escuela y los medios y todos los medios y ambientes de conciencia alrededor del ser humano, para que su mente demande estímulos y apegos y deseos y necesidades permanentes en un bucle casi interminable.

La vida humana no tiene descanso en cuanto a deseos y prácticamente durante toda la vida se están deseando cosas, es decir, meras experiencias.

Observe también como cuando cumple esas meras experiencias usted ya necesita otras y luego otras y luego otras, casi en una dinámica enferma y obsesiva, ausente de paz.

Se puede concluir que el modo de producción capitalista opera con leyes económicas absolutamente identificables, pero antes que otra cosa es un gran sistema portador de un magno trastorno obsesivo y compulsivo.

El mercado saca nuevos productos para consumir y su mente, a través de la mercadotecnia, está siendo seducida para dejarse engatusar por esos deseos desmedidos de cumplir múltiples experiencias a través de la compra de esas mercancías.

Mientras no existan caminos alternativos de conciencia o modos alternativos de entender la vida, este sistema depredador del medio ambiente y vendedor de meras experiencias va a seguir prevaleciendo y, por consiguiente, el ser humano seguirá siendo víctima de este cónclave obsesivo.

En el fondo prácticamente todo lo que hace el ser humano está encaminado a vivir meras experiencias, disfrazadas de una calificación de felicidad, aunque quién sabe quién determine esa categoría de felicidad en este mundo.

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