El mejor papá del mundo

Por Carlos Alonso Chimal Ortiz

“Eres el mejor papá del mundo”

-Nicolás Chimal Jimenez



Cuando niño, mis padres me cuidaban y me procuraban, pues creo que era lo único que tenían que hacer: alimentarme, protegerme y demás.

     Cuando era el día de los Reyes Magos, me llegaba como el cincuenta por ciento de lo que yo les había pedido a esos Reyes Magos, que en realidad eran creo que doce. Y además no había ningún negro. 

     Eso fue ya como las películas de Disney, para ser incluyentes, entonces tomaron algunos continentes y pusieron a un «morenito» para no decir la palabra “negro”, “un oriental” y “un güerito”. Si fuera en estos tiempos, me imagino que sería una negra lesbiana, un gay y un gordo negro. Pero bueno (¿si se puede decir negro y lesbiana aquí?).

     En mis tiempos eran así y ya les había platicado que mis papás se esmeraban en dejar toda la sala movida y el piso lleno de polvo de oro, porque los Reyes Magos tiran ese polvo de sus capas; obviamente porque son reyes y magos, que tampoco eran magos.

     Antes les decían magos a los estudiosos de las estrellas y demás. A lo mejor estarían en Tepoztlan fumando yerba. Y muy válido. Después de que Herodes los mandó a buscar a ese pinche escuincle sucesor de reyes de reyes, yo también me hubiera metido hasta tres toques de mota, para dejarle, oro, incienso y mirra que, para los que no saben, la mirra se da en un árbol. Cuando cortas su corteza y esa resina se hace dura sirve para aromatizar…

     Si ya tenía incienso, para qué madres le llevaron otro aromatizante. O tal vez el establo en donde nació como unos dos años atrás olía muy feo, porque cuando los Reyes Magos fueron a verlo, ese niño Jesús ya estaba en una casa en Jerusalén.

     O sea, no es que haya pasado un año o dos en ese establo. De ahí se movieron, por si no lo sabían, porque lo estaba buscando Herodes. Pero bueno, ya me desvié un poco. Tal vez ese niño Jesús hubiera pedido un iPhone, una Play Station 5 y una membresía de Netflix.

     Si mis padres hubieran podido dejar caca de elefantes y de caballos, lo hubieran hecho, pero en ese entonces el precio de las cacas era un poco elevado. 

     Le decía a mi hermana que nos despertáramos a las cuatro o cinco de la mañana para ver nuestros regalos. Mis padres, muy desvelados por no sé qué, pero eres niño y no te preguntas eso. Vas corriendo a ver qué te dejaron esos tres personajes de los que todo el mundo habla.

     También les conté de esa vez que Jacobo Zabludwosswswkiyei, o como se apandillase, ese señor que vivió el terremoto del 85 y también todo está documentado, el señor ese mandó un helicóptero al cielo porque estaba nublado y los pendejos de los Reyes Magos no podían llegar a esta ciudad, como si no tuvieran waze o maps. Pero bueno, estamos hablando de 1986. No había internet y si lo había lo tenían los gringos para cazar ovnis. Pero esa ya es otra historia.

     –-Eres el mejor papá del mundo.

     Este niño de cabello rizado y claro, cada que estoy con él, me abraza y me dice que soy el mejor papá del mundo. 

     Cada vez que me dice eso me pongo a pensar si es cierto eso, y decirle que no, que a veces me emborracho jugando videojuegos o viendo películas y que fumo sin parar, o que no voy a misa los domingos, o que a veces me burlo de las personas con alguna discapacidad, o que veo videos que no son aptos para menores, o tal vez que no me baño algunos domingos porque me da una hueva inmensa, que siento que me arrastra por los pies, esa hueva que no te deja parar de la cama. 

     Pero si estoy con él, me levanto y jugamos futbol en el jardín, aunque me esté llevando la chingada porque tengo cruda o porque ya estoy grande y no tengo 20 años. Pero eso no me limita a hacerlo y lo hago.

      ¿El mejor papá del mundo?

     Puedo decirles que el mejor papá del mundo no se llama papá, porque también mi mamá se levantaba a las seis de la mañana para darme una leche con chocolate y un pan para ver a Chabelo (que Dios lo tenga en su santa gloria). 

     Entonces el mejor papá del mundo no soy yo, también es su mamá y la que ahora es mi esposa, que también se levanta a prepararle sus huevos cocidos al hijo no sanguíneo y lo procura. Y también su mamá de sangre que lo alimenta y le da todo lo que quiere a “el señor”, como dicen las mamás.

      –-Eres el mejor papá del mundo.

     Yo a mis veintitantos años despertaba desvelado o crudo y la mamá me estaba preparando de desayunar. Y yo después también me levantaba a prepararles a mi mamá y a mi hermana de desayunar. Y ahora con mi esposa lo hago.

     –-Eres el mejor papá del mundo.

      Y cada vez que me dice eso, lo creo, y eso hace que lo haga.

     “¿Qué sientes cuando te digo que eres el mejor papá del mundo?”

      Me dice una voz pequeña.

      ¿Qué chingados le contestas a un niño que piensa que lo eres?

      O como dijera la canción:

     Niño, deja ya de joder con las pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca.

     Ese niño va a crecer y algún día entenderá las cosas de los adultos, esos adultos que a veces somos como niños porque no sabemos resolver algunas cosas y queremos a nuestra mamá.

     –-Eres el mejor papá del mundo.

     Al menos creo que tengo al mejor papá del mundo y a la mejor mamá del mundo, y ojalá algún día sea como ellos. Quiero que cuando este niñito tenga 20 años me siga diciendo:      

-Eres el mejor papá del mundo.

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