Últimas tardes con Teresa: un verano para recordar

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Barcelona, España. 23 de junio de 1956. Manolo Reyes, apodado Pijoaparte, se cuela a una fiesta que se lleva a cabo en una residencia. Ahí conoce a Maruja, una sirvienta quien le habla de Teresa Serrat, la hija de los dueños de la villa donde trabaja. 

Tiempo después Maruja cae en coma y en las visitas que Teresa y Manolo le hacen, surge entre ellos una amistad que da paso al amor.  

Últimas tardes con Teresa es un trabajo del escritor español Juan Marsé quien sitúa esta historia en un contexto histórico y social muy interesante, que en este caso es la España de mitad del siglo XX y, más en específico, Barcelona en la posguerra, y nos trae a una pareja que no podría venir de dos ambientes más diferentes: 

Pijoaparte nació en un pueblo, pero emigró a un barrio bajo y marginal llamado Monte Carmelo, mientras que Teresa reside en San Gervasio, un barrio de clase alta. 

Coinciden cuando Pijoaparte se enreda con Maruja pensando que es una rica heredera, pero al darse cuenta que es una sirvienta pierde el interés en ella y enfoca sus energías en Teresa, quien corresponde a sus avances. Y, a pesar de que Teresa es novia de Luis, el idilio entre ella y Pijoaparte comienza hasta convertirse en una relación amorosa.

El autor nos presenta a dos Españas distintas a través de mostrar constantemente el contraste tan fuerte entre las dos realidades de la pareja protagonista y cómo es que Manolo, utilizando su encanto, está buscando su boleto de salida de la suya pensando que será con Maruja y, al no ser así, lo encuentra con la ingenua Teresa, quien ha vivido toda su vida rodeada de riqueza, pero su ideología no coincide con ello, pues tiene ideas revolucionarias y la presencia de Pijoaparte le da la posibilidad de conocer a la gente como él, puesto que no tiene la más mínima idea aunque piense que sí. 

A partir de esta anécdota es como se empieza a explorar el cambio de mentalidad en la juventud y su exposición a diferentes corrientes de pensamiento, pero sin dejar de lado su esencia como Teresa y su novio Luis, quien es el encargado de presentarle todas estas nuevas ideas y ser una especie de gurú para ella.

Así como también se nos muestra a Manolo, que es conocedor de las cosas buenas y finas, por lo que sabe apreciarlas. Se nos habla del deseo de superarse y, por lo mismo, la inconformidad, lo cual lleva a sentir la no pertenencia al lugar donde tocó nacer. 

Sobra decir que este texto trae una fuerte crítica social que se presta a reflexiones muy profundas acerca de la desigualdad, las oportunidades y los privilegios, además de que nos muestra las diferencias culturales entre una chica de ciudad y un joven de pueblo con todo lo que ello conlleva.

La historia de Últimas tardes con Teresa está contada por un narrador omnisciente que conoce a fondo no sólo los pensamientos y sentimientos de los personajes, sino que es capaz de hablar en pasado, presente y futuro de ellos, esto con el fin de que conozcamos del todo a estos seres, aunque en ocasiones recurre a la primera persona. 

El autor describe con amplio detalle las sensaciones del verano catalán, así como los ambientes y las personas, al utilizar un lenguaje que raya en lo lírico de tan bello que es, y también lo usa para hacer una distinción entre la propiedad y la educación con la que se conduce la burguesía, así como las expresiones catalanas acompañadas de un vocabulario escaso con el que se comunica la gente del barrio. 

Es pues, este texto, mucho más que la historia de amor de un hombre y una mujer diametralmente opuestos, tan desiguales como los mundos en los que habitan.

Últimas tardes con Teresa. Juan Marsé. 1966. Editorial Debolsillo.

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