El dios de las pequeñas cosas: una gran desgracia

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Kerala, India. 1969. Los mellizos (hombre y mujer) Rahel y Estha se preparan para la visita de su prima Sophie Mol, quien viene de Inglaterra para pasar la Navidad con el resto de la familia. En esos días tendrá lugar una serie de acontecimientos que desembocarán en una tragedia, la cual marcará los destinos de estos niños y el resto de la familia.

     El dios de las pequeñas cosas es un trabajo de la escritora hindú Arundhati Roy, quien requirió de cuatro años para escribir su primera novela, que es esta saga familiar que se mueve entre dos líneas de tiempo; fines de los sesenta, cuando estos niños tienen siete años, y 1993, cuando hay un reencuentro entre ellos, ya a la edad de 31 años. 

     La acción se sitúa en Ayemenem, un pueblo ubicado en la ciudad de Kottayam, que se encuentra en el estado de Kerala, lugar de residencia de los mellizos y su madre Ammu, quien abandona al padre de sus hijos y vuelve a vivir con su madre Mammachi, que ha sido víctima de maltrato por parte de su esposo Pappachi. 

     Asimismo, Chacko, hermano de Ammu, regresa al seno familiar después de haberse divorciado de su esposa inglesa y recibe en las vacaciones a su hija Sophie Mol. Y otra de las habitantes de esa casa es Bebé Kochamma, hermana de Pappachi, quien nunca se casó y que tendrá un rol por demás importante en los sucesos que se relatan en el texto.

     El contexto histórico nos ubica en una India, que aún tiene que lidiar con los efectos del sistema de castas, el cual determinaba el lugar de una persona en la sociedad, las limitaciones en cuanto a los peldaños que se pueden ascender, así como las relaciones que podía establecer y las que no. 

     Muestra de ello es la relación clandestina entre Ammu y Velutha, un carpintero que pertenece a una casta inferior, lo que lo convierte en un paria. Él forma parte de un sector inconforme que se ha involucrado en movimientos de corte comunista, buscando la igualdad para todos, por lo que este texto aborda la lucha de clases. 

     Pero esto es sólo una parte de la trama ya que, sobra decirlo, el tema principal es la familia, por lo que nos adentraremos en su intimidad para descubrir todo lo que hay dentro y alrededor de ella: la disfuncionalidad de sus miembros, que en conjunto conforman un clan por demás imperfecto; la incapacidad de formar relaciones sanas en el núcleo de la misma; los círculos viciosos que se repiten cada generación.

     Además, el peso de los lazos de sangre, pero también los de la familia, que uno mismo escoge; las mentiras y las verdades a medias como catalizadores de las desgracias, y la presencia constante de la culpa, que destruye a quien la padece, así como el daño permanente que produce la distancia física y emocional. 

     Se hacen presentes elementos tales como el amor, los prejuicios, la pérdida de la inocencia y el poder del miedo y del silencio.

     El dios de las pequeñas cosas es un texto difícil de leer a ratos, ya que contiene descripciones de violencia explícita y puede resultar muy fuerte para algún lector, además de que requiere de mucha atención para no perderse de los pequeños detalles, que vienen aderezados de una buena cantidad de metáforas. 

     Su narración, que avanza a buen ritmo, depende mucho de la perspectiva de los gemelos, y en especial de Rahel, una niña a la que veremos crecer y que nos recordará constantemente cómo es que lo pequeño precede a lo grande y cómo es que el conjunto de momentos, circunstancias, movimientos y hasta objetos nos llevarán a algo grande, que nos terminará definiendo y determinando.

El dios de las pequeñas cosas. Arundhati Roy. 1997. Editorial Anagrama.

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