Por Roque Juan Carrasco Aquino
Foto: Jessica Ramírez González
“Lo único sorprendente es que esta mujer nueva, que se da cada día con mayor frecuencia en todas las manifestaciones de la vida, no aparece en la literatura con sus rasgos propios, como heroína, hasta en las novelas de los últimos tiempos” (Kollontai; 1931: 1).
El tiempo pasa sobre el pensamiento latente, independientemente de los que lo aceptan o lo remueven en su espacio. La historia siempre presente entre la sociedad; sus procesos son más expresivos en cada periodo, en otros el camino a su reconstrucción. Es una constante en transición.
Por ello, las masas populares son las que expresan sus andares sobre la cotidianidad en la percepción de sus vidas. He ahí entonces los relatos concretos sobre la existencia que denotan tres sendas a retomar: redefinir, compartir y trascender sin sucumbir hacia la dirección popular.
Cuando me refiero a la transición de los procesos comunitarios, me viene a la memoria vivida los aspectos frágiles de las condiciones materiales de la colectividad; sus interrelaciones sociales y la materialidad de su concreción en la certidumbre con su lado opuesto de la perplejidad rumbo a la transformación.
Es decir, de un lado, el trabajo digno debe ser bien remunerado como parte de la experiencia acumulada por la exigencia de responder a la sociedad; por el otro, es la forma socializada de construir con la sociedad donde todos logremos bajo la premisa de organización. Así, responder a las demandas del pueblo.
En una sociedad se comprende que no puede ser homogénea ni estar a las órdenes de un reducido grupo de intereses privados; sobreexplotando a las grandes mayorías. Se clasifica para ese grupo, en el cual identifico a la clase política con predominio económico para establecer un orden, imponiendo elegía de “progreso” en sí y no hacia quienes verdaderamente producen la llamada riqueza de las naciones. Es ahí, a la sazón, se impone la voluntad del pueblo con su democracia para sí.
Lo que hemos vivido a lo largo del último sexenio conducido por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), fue parte de la trayectoria histórica de muchos años. Cumpliéndose aquella pasión ferviente de cambios verdaderos. Entonces, éramos adolescentes y, entrando a la juventud dieciochero.
Leímos un tanto a Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, Trotsky, Plejanov, Zapata, Villa, así como a poetas: Neruda, Brecht, Benedetti, García Lorca, Bécquer, Martí. Sin duda, novelas de Gabriel García Márquez, Dostoievski, Gorki, Gogol, Octavio Paz, Carlos Fuentes. A la par, canciones de Silvio, Milanés, Ibáñez, Palomares, De Molina, M. Sosa, Jara, Plaza, entre muchas expresiones del arte en la cultura, y hasta apreciamos a pintores como: Rivera, Kahlo, Picasso, Velazquez, Chirico, Dalí, Miró, etc.
Era parte de nuestra experiencia de conocer, apreciar, valorar, comprender y transformar. Es la parte mínima de lecturas que ayudaron a intervenir en nuestras realidades. De ahí traspasábamos los espacios prohibidos de la política e ideología dominantes. Donde los militantes de izquierda revolucionaria abrevamos orgullosamente. La teoría necesaria para la práctica; porque sin teoría no existe la práctica radical revolucionaria.
Lo que vivimos en la generación de la guerra sucia de los sesenta, setenta y ochenta, no fue una casualidad de juventud, sino que recurrimos a los análisis y a las realidades de ese entonces a escala internacional. Emergían interrogantes de incipientes luchadores sociales; surgieron estas: ¿Por qué incrementaba la pobreza, la miseria, la exclusión, asesinatos y desapariciones de líderes sociales?
En el lado opuesto, así también veíamos el enriquecimiento ilícito de la clase política; no lográbamos entender que, al incrementar la explotación de la clase trabajadora, incrementaba su miseria; mientras que las ganancias del capital crecían inmensamente.
Entonces, a mayor conciencia se imponía la represión, además intensa. Empero, insistíamos en las lecturas para conocer ideas de otros autores distintos a nuestra región. No obstante, se ampliaban nuestras dudas; preocupaciones, inquietudes por alcanzar los ideales, como las que nos dejara el Che Guevara en Cuba, Bolivia y en toda América Latina. En aquel tiempo veíamos que la ideología crítica buscaba concretizarse sobre la sociedad; en los pueblos vulnerables del país.
En este sentido, hasta hace unos años, después de alcanzar AMLO su victoria acompañada del pueblo mexicano, empezamos a saborear los sacrificios. Porque en décadas fuimos golpeados, encarcelados, asesinados, excluidos, minimizados, reprimidos, olvidados y frustrados por no ver esa esperanza que siempre soñamos despiertos: transformar la realidad vigente, llena de preferencias para pocos y penuria para muchos.
De ahí, la dirección ideológica la escuchábamos del Comandante Fidel Castro. Claro, retomar esas decisiones revolucionarias hacían eco. Es decir, la toma del poder por las armas, cansados de tantas promesas y juegos sucios de la democracia burguesa parlamentaria (siempre controladas por el Poder Judicial y el capital) para engañarnos con los fraudes electorales.
Asimismo, era de compras de votos, intimidaciones, discursos perversos de la política oscura del PriAn. Hasta hoy intentan persuadir con la corrupción y las falsas promesas para imponer el miedo y volver a quemar nuestros sueños.
Al menos se fue ese espejismo corrupto y siniestro sin lanzarnos hacia aquellas prerrogativas engatusando a los ingenuos. En el presente, el pueblo debe reconstruir su camino, rescatar su dignidad, su propia historia y no la que se nos imponía para aceptar que no somos los protagonistas, sino los sumisos y servidores de los ricos y extranjeros. Así, los empresarios explotadores fijaban el rumbo del país. En suma, era la lógica capitalista.
Se impuso la ley del más fuerte y controlaban la justicia, el Estado, las instituciones corruptas y la acumulación ampliada del capital en todos sus frentes. Anidadas, aumentan beneficios de la oligarquía, afloraban las organizaciones ilícitas, continuaban los nefastos charros hegemonizando sindicatos para perpetuarse en el poder, entre otras tantas fechorías de los partidos oficialistas, carcomían las conciencias.
Al final de este sexenio, se logra sentar las bases de la transición inquebrantable hacia la democracia del y para el pueblo. En solidaridad con las masas populares excluidas, luchábamos. En concomitancia, hoy, la corrupción y la pandilla del PriAn-MC intentan volver a las canonjías y mayorazgos, superados por el pueblo mexicano.
Afortunadamente el pueblo votó el 2 de junio para reformar la Constitución violada, reformada a modo y prostituida por la derecha fascista y la oposición conservadora, al tiempo que se refrenda la Cuarta Transformación.
Ahora, confiamos en que la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo hará su papel como la primera Presidenta mujer que toma las riendas de un país de machistas. Por supuesto, en la alborada de prosperar como la flor en el desierto y lograr la esperanza para las mujeres vilipendiadas, marginadas y un pueblo mancillado por los traidores a la Patria.
Era el reflejo expresado materialmente para reconstruir otro México posible. Un país distinto a los otros, pero donde todos reconstruiremos para vivir socialmente en armonía. Eso era el ideal de nuestra juventud. Hoy, comienza a brotar entre el anhelo y la realidad en tiempos de mujeres. Porque la mujer es el futuro de la humanidad; en nuestra sociedad la semilla está sembrada.
Por ello, el Segundo Piso de la Cuarta Transformación va en marcha y deseamos no volver al oscurantismo de la Prianismo trasnochado, explotador, inquisidor, excluyente y depredador tanto de la naturaleza como del ser humano. Pues, decimos: ¡¡¡ Hasta la Victoria Siempre!!!
Referencias
–Kollontai, Alejandra (1931): La mujer nueva y la moral sexual. Editorial Hoy, Madrid. En línea. Página web: https://grupgerminal.org/?q=system/files/1913-00-00-nuevamujer-kollontai_0.pdf#:~:text=La%20mujer%20nueva%20y%20la%20moral%20sexual.