CNI contrata a experto teatral para “caracterizar personajes”

Por Rivelino Rueda

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) contrató los servicios de un experto en artes escénicas para impartir cursos, al menos a 20 funcionarios de ese organismo, de “diseño e interpretación de diversos personajes en contextos determinados”.

De acuerdo con un contrato de adjudicación directa que firmó el 19 de septiembre dicha institución, que preside el general de división en retiro, Audomaro Martínez Zapata, el objetivo general de dichos talleres de teatro-maquillaje es que “las y los alumnos apliquen diversas técnicas escénicas y de maquillaje de caracterización”.

El convenio fue asignado al especialista en Artes Escénicas Carlos Guízar Cosío, quien tiene 45 años de trayectoria y cuenta con estudios de dirección en la afamada escuela de actores, directores y escritores de Nueva York, Actor’s Studio, y de maquillaje artístico en el gigante cinematográfico hollywoodense, Universal Studios.

Guízar Cosío egresó de Artes Escénicas en la Universidad Michoacana y cuenta con estudios de actuación en el Instituto Michoacano de Cultura.Tiene más de cien obras como creativo escénico con la Compañía Nacional de Teatro Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), la Compañía Nacional de Ópera y la UNAM.

También ha trabajado para los más prestigiosos directores escénicos de México y el mundo, como Julio Castillo, José Solé, Héctor Mendoza, Luis De Tavira, José Caballero, Claudio Valdés Kuri, Alberto Lomnitz y Enrique Singer.

Los contenidos temáticos de los cursos que contrató el Centro Nacional de Inteligencia, según el contrato con el folio CNI/066/23, que tiene una vigencia del 7 de septiembre al 31 de diciembre y que tuvieron un costo de 80 mil 40 pesos, consisten en dos módulos: Práctica escénica (teatro) y Caracterización avanzada.

En el primer caso, los talleres que cursan funcionarios del servicio de inteligencia mexicano son “la actuación y los elementos que la constituyen”, “ejercicios de preparación actoral”, “interpretación textual”, “técnicas”, “análisis de texto”, “creación e interpretación” e “improvisación”.

Para el módulo de “Caracterización avanzada” las temáticas que se imparten son “diseño de personajes”, “determinación de rasgos y tipología de personajes”, “contexto del personaje”, “materiales y productos para caracterización”, “postizos y pelucas”, “maquillaje de caracterización” y “transformación del cabello para caracterización”.

Un exagente de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS), que pidió el anonimato por motivos de seguridad, dijo a Reversos que esta práctica de “caracterización de personajes” es muy común en los servicios de inteligencia, sobre todo para “infiltrar movimientos que pongan en riesgo la seguridad nacional”.

El exfuncionario –que trabajó en la DFS de 1977 hasta su disolución, en 1985, y luego formó parte del Departamento de Investigación Política y Social (DIPS), hasta su extinción, en 1989, para culminar su carrera en 2001, ya con el nombre de Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), que desde el inicio del actual gobierno, en 2018, se conoce como CNI– narró que en décadas anteriores a esta actividad se le denominaba “entrenamiento de caracterización” y que la impartían “superiores que ya tenían bastante experiencia en estas técnicas”.

“A principios de los ochenta, en el gobierno de (José) López Portillo, me asignaron caracterizar a un maestro universitario para participar en las reuniones del desaparecido Partido Socialista Unificado de México (PSUM), antes Partido Comunista Mexicano (PCM). Aunque unos meses atrás ese partido había dejado de estar proscrito, tras la reforma política de 1977, y ya había participado en su primera elección, en 1979, al gobierno le interesaba conocer sus actividades, sobre todo porque todavía había algunos reductos de la guerrilla que podrían estar recibiendo recursos de ese partido”.

Uno de los casos más recientes sobre el uso de agentes encubiertos del Estado mexicano en movimientos sociales se dio en el caso Ayotzinapa. 

Alejandro Encinas, exsubsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación reveló en el informe sobre los avances de este caso de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia (CoVAJ) que al menos uno de los 43 normalistas desaparecidos entre el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, Julio César López Patolzin, era un informante del Ejército.

“La Secretaría de la Defensa Nacional tenía dentro de la Normal al soldado Julio César López, quien estaba realizando informes para el Ejército dentro de la Normal. Era el responsable de informar de lo que acontecía en las asambleas de la Normal, de las movilizaciones de los estudiantes, e incluso estaba informando de los actos preparatorios de la marcha del 2 de octubre”, detalló Encinas Rodríguez.

Lucía Almaraz Cázarez, doctora en Derecho por el Instituto Internacional de Derecho y del Estado, señala en el estudio Operaciones encubiertas, su obscuridad legal: figura vulnerante de las garantías de certeza y de seguridad jurídica, que el agente encubierto “es un medio extraordinario de investigación en el que se apoyan cuerpos de policía –de diversos países- para conseguir mejores resultados en el combate contra la criminalidad”. 

Con esta fórmula de investigación –añade– “se permite la penetración o infiltración del Estado, por medio de un agente de policía, que oculta su verdadera identidad, a un grupo de delincuencia a fin de obtener información sobre sus miembros, estructura, modus operandi, campos de operación, así como para adquirir pruebas sobre la ejecución de hechos criminales, para que sus integrantes puedan ser sentenciados en una causa penal por los ilícitos que hubiesen cometido”.

“Una operación encubierta es aquella acción de investigación que ejecuta la autoridad con el propósito de hacer creer a los delincuentes que se está actuando a la par de ellos, es decir, que también los que actúan en la operación encubierta, que son los agentes de policía infiltrados, lo hacen ilícitamente, sin pensar los miembros de la organización delictiva, que es una farsa, un engaño, con el objeto de hacer creer que igual que ellos se está actuando impunemente”.

@RivelinoRueda

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