Por Raul Anthony Olmedo Neri
La película dirigida por Carlos Carrera ha generado una serie de críticas que giran sobre el tema de la clasificación que tiene la trama, el diseño y el tema que aborda. En este sentido, cabe hacer algunas precisiones sobre la película y su contenido para dar paso a la formación de un punto de vista por parte de los potenciales espectadores sobre una producción mexicana que “sale de lo común”.
Ana y Bruno es la película mexicana animada que aborda diversas temáticas que no la hacen (a juicio de los espectadores) preferida para la clasificación “A” con la que fue clasificada. Esto tiene que ver en cierta medida con la relación simbólica que se hace entre la animación y la infancia; pareciera ser que sólo la infancia puede disfrutar de las animaciones y los dibujos, lo cual es un primer error de apreciación.
Siguiendo esta línea argumentativa, creer que los y las niñas no “son aptos” para este tipo de temas, hace que se restrinja la percepción de un hecho social que tiene relevancia en una sociedad que, si bien no cae en la paranoia, sí cae en un conservadurismo sobre lo que es pertinente para quienes “son el futuro de este país”.
Por otro lado, la trama y el tema que aborda esta película en sus 96 minutos dan la pauta a establecer una narración que implica la concatenación del discurso provisto por los personajes, así como la relación entre los hechos que constituyen la historia.
Esta película, en términos generales, desarrolla el concepto de la otredad a partir de los trastornos mentales y adictivos en los personajes; desde los derivados por adicciones, pasando por accidentes, hasta negaciones de la realidad, entre otras, donde el humor mexicano pone un toque sui generis.
Ana, una niña que intenta unir a su familia, cuando su padre la deja a ella y su madre en un edificio junto al mar, es el inicio de la historia que se cuenta desde el valor de la unión y su influencia en la familia. Lo que hará Ana para conseguir su objetivo, la llevará a conocer su destino a través de la ayuda de Bruno y los amigos del tercer piso con quienes viajará en busca de la felicidad de estar con su familia completa.
Es de reconocer que: 1) la historia está construida de manera que el espectador conecta los hechos, por lo que logra mantener la atención a lo largo de la historia; y 2) la forma en que presenta a los personajes imaginarios (aquellos que derivan de la mente de los inquilinos del centro de rehabilitación mental) expresan justamente manías populares.
Entre las críticas resaltan “lo tosco” de los personajes, como si las adicciones, los problemas y los miedos fueran algo bueno o atractivo en su forma. Tal vez allí recaen las críticas; Ana y Bruno no es una cinta que construya el imaginario colectivo de la realidad, es una representación de un problema social desde el resultado del mismo.
Las críticas y reseñas son en principio subjetivas, ellas se basan en los análisis de la persona que adquiere el papel de “crítico”. El espectador tiene en último lugar la decisión sobre lo que se debe pensar de una película; en esta ocasión se ha dado una percepción de la película. Lo que se requiere es que el espectador la vea y se vuelva crítico del crítico.
https://www.youtube.com/watch?v=U01aOkAtk3g
Ana y Bruno o el descubrimiento de la otredad