Mi Familia Con Chabelo

(A un año de la salida del aire del “amigo de todos los niños)

Por Karenina Díaz Menchaca

Diciembre, 2015.-  No quiero caer en la retórica pregunta de si ‘En Familia con Chabelo’ era una porquería de programa, ni tampoco me interesa ponerme en un plan de convencer a una tira de intelectuales o de chicos nacidos en los noventas -quienes han crecido con series gringas desde su televisión por cable- de que Televisa sólo nos ha dado programación para jodidos (porque además ya sabemos que es así).

Tampoco me interesa ponerme nostálgica y decir que Chabelo fue lo mejor que me pasó en mi infancia setentera y ochentera, porque además mentiría vilmente. Narraré, en cambio, cómo Xavier López “Chabelo” fue un testigo invisible en los rincones de mi entonces hogar.

¿Han caído en la costumbre de encender el televisor como un ente de compañía?, dicen que los niños lo hacen mientras “hacen su tarea” (mentira, la verdad es que se distraen), ¿mientras haces una llamada telefónica o alguna labor doméstica?

Cuando éramos pequeños, yo, unos nueve años y mi hermano, unos siete, cada domingo aprovechábamos la mañana, casi cuando comenzaba “En Familia con Chabelo”, para encender nuestra televisión analógica (ya me la hubieran tirado a la basura, por cierto), a la que además le teníamos que dar unos golpecitos porque se le iba la onda, pero aclaro que eso en mis tiempos era muy común, ¿no sé ustedes?, y enseguida ponernos a hacer travesuras.

Nuestra travesura favorita consistía en tomar del mueble de la cocina unas jeringas esterilizadas y unos vasos con agua – mi madre siempre tuvo jeringas en casa, sin duda, ya se iba prediciendo el momento de su vocación de enfermera para unos añitos después, una vocación a la que se dedicaría cerca de 25 años-  con el objetivo de apuntar a la gente desde un segundo piso y chorrearle al menos 10 mililitros de agua de la llave, desde la ventana de nuestra recámara infantil y compartida.

El juego consistía en echarnos “aguas” de que no nos cacharan mis papás,  dar unos jeringazos de agua si acaso en la cabeza de algún calvito que pasara (en donde sí llegamos a atinarle), a un señor leyendo su periódico Excélsior y darle al papel interminable de aquel diario, y a una que otra señora que iría a misa seguramente, pues eran casi como las 7 y media de la mañana y las campanadas ya casi anunciaban la misa de las ocho.

Nos escondíamos entre las cortinas que cerrábamos inmediatamente después de la hazaña, sólo unas risitas contenidas podrían delatarnos, dejábamos pasar un rato y continuábamos con la dinámica hasta que uno de mis padres se levantara o hasta que comenzara a haber más gente en la calle.

fa-chabelo

Se escuchaba la voz de Chabelo de fondo, sus risas, sus burlas y la de los niños que participaban de los concursos; también la de los comerciales y una vez más la de Chabelo anunciando los juguetes que estaban de moda, esta era la parte en donde de reojo y por minutos sí nos deteníamos para observar con atención cómo era el juguete y qué novedades tenía.

Finalmente, el programa con Chabelo era una especie de antesala para la elaboración de la cartita a Santa y a los Reyes Magos, al menos así fue para mí y mi hermano, la publicidad perfecta de las marcas populares de juguetes, como Lili Ledy, Playmobil,  Apache, Juguetes Mi Alegría, Avalancha, Vagabundo,  Cabbage Patch y un montón más.

Conforme pasaban los domingos y las travesuras, sí hubo momentos en que  mi padre nos acompañaba a ver alguna sesión del programa ‘En Familia’, y es más, creo que mi padre tuvo su parte favorita de En Familia: cuando los papás de los niños participaban en el concurso de la escalera loca. Nos reíamos muchísimo juntos, porque el chiste de aquel concurso era conservar el equilibrio en una escalera colocada de forma horizontal la cual debía recorrerse hasta tocar un botón, en contra del tiempo, en medio de un ambiente de ruido o silencio, dependiendo de cómo lo pidiera el concursante.

Mi papá, mi hermano y yo gritábamos en ocasiones por los nervios que nos causaba el que no llegaran a la meta. Y quizás la parte que menos le gustaba a mi padre era cuando le pedíamos todos los juguetes que nos gustaban anunciándose, como el robot 2XL que nunca me trajo Santa, ni el Fabuloso Fred.

Nos reíamos mucho de las puntadas de un Chabelo que de pronto quería sacar su faceta nocturna del Pujitos o del niño regañado del Mercado de Lágrimas en La Carabina de Ambrosio. De este Chabelo nunca olvidaré una vez que lo invitó Verónica Castro a su programa Mala Noche No con el Tío Gamboín. Chabelo no paro de alburearlo, al grado que lo hizo enojar muchísimo, porque le ponía apodos a sus juguetes consentidos del Tío. Supongo que lo perdonó, pues en realidad el Tío Gamboín había sido como su mentor en Televisa.

El sentido del humor en Chabelo en el programa En Familia era parte de su singularidad, creo que todos los papás aguantaban vara y la única “grosería”  visible eran las catafixias, en donde de verdad era muy decepcionante el anhelo de la madre por una recámara o sala de los Muebles Troncoso, por encima de una bici Vagabundo y algunos juguetes más a los que el niño tenía que renunciar para hacer sentir bien a su progenitora. La peor parte es que les tocara algún molcajete o algunas de las bromas pesadas en donde terminaban por perderlo todo.

A veces las lágrimas de  los niños eran tantas que Chabelo optaba por dejarles algo para que no se fueran con las manos vacías, y eso tranquilizaba al público.

En una entrevista que le hizo Adela Micha a Xavier López hace dos años, éste dijo, entre otras cosas, que no le molestaban los memes cuando se burlaban de su personaje, que le pedía a Dios que le diera la sensibilidad de entender cuando el público ya no lo quisiera y entonces sí decidir dejar el programa.

Sin embargo, entre broma y broma dijo algo más importante, cuando hablaron de cómo Chabelo ha conocido a las tres generaciones de Televisa: Vidaurreta, Milmo y Jean, dejó claro: “El de ahora no quiere mucho conmigo, porque como es mayor que yo, yo creo que por eso no me quiere”. ¡Zas!

Con 44 años ininterrumpidos al aire, el domingo 20 de diciembre de 2015, casi al final del programa, encendí el televisor (ya no es analógico, ¡qué triste!) acordándome de que sería el último programa, así que  le dije a mi hija: Mira, él es Chabelo, yo lo veía cuando era niña.

Para entonces Chabelo ya se estaba despidiendo del programa, alcancé el momento en que el Señor Aguilar le pasó la carta de Enrique Peña Nieto en donde, entre otras cosas, le da las gracias por su programa y bla bla bla.

De pronto dijo, teniendo un control de televisión en su mano, que iba a ir apagando las luces del foro 2 de Televisa, y así hizo, hasta que se fue detrás del escenario, se despidió con lágrimas, que puedo calificar, de mucha tristeza y sin más, desapareció. Se quedaron los camarógrafos, por ahí vislumbre a uno de Los Polivoces, a Jorge Ortiz de Pinedo y gente de la producción, un poco raro todo…Al final de cuentas, todo tiene un principio y un fin.

Y bueno, para no dejarlos con el pendiente, les cuento que mi hermano y yo dejamos de inyectarle agua a la gente, desde el día en que un señor muy chismoso aventó una piedrita a la ventana contigua de mi casa, y asomándose mi padre el señor acusó: “Unos niños me aventaron agua”, a lo que mi padre contestó: “Han de ser los niños de a lado, le voy a decir a sus padres, no se preocupe”.

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