Venezuela 2024: indiferencia latinoamericana a Nicolás Maduro

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

La división evidente en la socialdemocracia latinoamericana en pleno 2024 entre los jefes de Estado de la llamada «izquierda», es un tema complejo y multifacético, que tiene en el fenómeno económico y en el contexto geopolítico su causa principal.

   La política orquestada por el capitalismo siempre tiene causas definidas en el epicentro geopolítico, comercial y económico y esta es una ley absolutamente irreversible.

   La crítica del marxismo radical a la socialdemocracia, amparada en ensayos y en conceptos de avanzada con convicciones contra capitalistas, puede arrojar luz sobre esta situación.

   El marxismo radical o crítico ha revisado históricamente a la socialdemocracia por considerarla una forma de «capitalismo con rostro humano o pseudo amable», que busca reformar el sistema capitalista sin cuestionar sus fundamentos ni sus reglas de explotación, mucho menos incentivar su extinción.

   Esta crítica sugiere que la socialdemocracia puede ser demasiado complaciente y condescendiente con el poder establecido y no lo suficientemente radical en su búsqueda de cambio, con miras al rompimiento de las leyes capitalistas.

   En el contexto de la división actual en América del Sur, podemos ver cómo algunos líderes de la mal llamada «izquierda», como Nicolás Maduro, han sido criticados por su enfoque autoritario y su falta de compromiso con la democracia liberal, no obstante que su programa sigue respetando las leyes elementales del funcionamiento capitalista y el discurso del progreso industrial.

   Esto ha generado tensiones con otros líderes de la región que se consideran más centristas o socialdemócratas, con programas más vinculados al capital financiero internacional y a las instituciones internacionales de dominación capitalista, como Boric en Chile, con amplia apertura a las agendas ambientalistas, a los programas de cambio tecnológico y virtualización de la vida en la era actual de la información y la inteligencia artificial y la economía en torno al sistema bancario privado y corporativo.

   La crítica marxista radical también puede ayudar a entender cómo la socialdemocracia puede ser vista como una forma de «manejo» de la disidencia, con un discurso que vende bien ante las mayorías pero que no desafía al capitalismo, donde se permiten ciertas reformas y concesiones para evitar un cambio más profundo y disimular una transformación, como lo ha venido haciendo el gobierno de López Obrador en México.

   En este sentido, la división en la socialdemocracia latinoamericana puede reflejar una lucha, hasta de orden conceptual, por definir el alcance y el ritmo del cambio en la región, con los matices que son afines a las influencias dominantes de orden geopolítico. 

   Esto es, ¿quién desde su programa le rinde cuentas a Estados Unidos y a la Unión Europea, o a Rusia y China?

   Es menester también mencionar que las influencias geopolíticas dominantes sobre la totalidad de los países de América Latina, donde hay una clara influencia desde los Estados Unidos, China – Rusia (a pesar de sus diferencias), y la Unión Europea en indistintos países de Latinoamérica, determina dominantemente los programas económicos internos y el sentido del rumbo político interno.

   Sin embargo, es importante reconocer que la realidad latinoamericana es compleja y diversa, y que en un lapso de once años (por poner una fecha, desde la muerte de Hugo Chávez en 2013 a la fecha) la unificación que tenían los supuestos gobiernos de izquierda en AL se ha roto.   

Solamente así podemos entender, en parte, la división y abandono en que muchos líderes regionales reivindicaron sus diferencias con Maduro, descartando por ahora a Bolivia, Nicaragua y Cuba y el NO posicionamiento de AMLO en México hasta el momento, que en las escalas liberales de la política internacional es muy prudente tal posicionamiento bajo el “slogan” de “no intervención” en la política de otros países.

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