El ánimo mentiroso de la socialdemocracia

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

La socialdemocracia internacional se presenta ante el pueblo como una fuerza de izquierda pero, en realidad, su discurso y sus prácticas están llenos de contradicciones, y el espíritu frívolo y cínico de los actores políticos representantes de ella se evidencian siempre.

   Aunque se autodenominan como defensores de la clase trabajadora y de convicciones obreras, carecen de convicciones políticas proletarias, anarquistas o revolucionarias anticapitalistas; se seducen ante el dinero y, además, les gusta ocupar la retórica de la política liberal de linaje capitalista.

   Sus representantes cobran por su oficio político, algo que debieran servir totalmente gratis, ganándose la vida en un digno oficio o de lo que sea, lo que contradice la dignidad y la ética que deberían tener ellos como amantes del pueblo en teoría.

   En lugar de servir al pueblo, se benefician personalmente de su posición, y les gusta mucho el protagonismo intelectual.

   En la práctica, la socialdemocracia implementa políticas similares o idénticas a las de los políticos liberales de derecha, de convicciones por defender la organización oligárquica o nacionalistas conservadores, pero de igual manera se subordinan al capitalismo como modo de producción, ocupan sus leyes y sus restricciones y, en lugar de cuestionarlo o buscar alternativas contra este sistema económico, en el fondo lo encumbran.

   Además, la socialdemocracia no fomenta la unidad proletaria, se asumen como una agrupación política indispensable en la causa proletaria, y entonces ellos desalientan como muro de contención lo que es esencial para cualquier movimiento que busque transformar la sociedad: el espíritu contra capitalista.

   Esta falta de unidad que ellos incentivan debilita la lucha contra el capitalismo y la opresión y no contribuye al fortalecimiento ideológico y político de la clase trabajadora.

   Lenin, Trotski y Ernest Mandel, entre otros, han criticado duramente a la socialdemocracia con elementos teóricos y conceptuales de absoluta envergadura, por sus contradicciones retóricas y, sobre todo, la traición a los principios de la izquierda combativa.

   Lenin la llamó «el ala derecha del movimiento obrero», «los simples reformistas». Trotski, por cuenta propia, la acusó en diversos escenarios de ser «un obstáculo para la revolución», y Ernest Mandel la consideró como «una fuerza conservadora que mantiene el statu quo capitalista y que se disfraza de subversiva».   En resumen, y sin la pretensión de herir susceptibilidades, en nuestro país, en tiempos de la 4T, la socialdemocracia internacional no es lo que parece. Su discurso y sus prácticas están llenos de contradicciones, incluso de personajes siniestros que ocupan la mentira y el engaño en el discurso, que la alejan de los principios de la izquierda radical y la convierten en una fuerza política conservadora que mantiene el poder del capitalismo y que es aliada del capitalismo, como la derecha, así como de los principios neoliberales y liberales.

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