Una lectura de Carlos Salinas de Gortari

Por Víctor Manuel del Real Muñoz

Por un liberalismo social y no un neoliberalismo clásico

Recientemente, he leído un libro de corte político y socioeconómico, con amplio bagaje teórico, un marco metodológico diverso, un sistema de referencias y fuentes de información completas, además de una redacción solidaria con el lector en cuanto a claridad, teniendo como autor al ex presidente de México, Carlos Salinas de Gortari. El libro se titula: La Década Perdida, 1995-2006, Neoliberalismo y populismo en México.

Se trata de una obra con una intención y un sentido político muy claro: dejar claros los apéndices del proyecto nacional de Salinas de Gortari y explicarnos el tipo de intereses económicos y políticos en torno a uno de los presidentes más polémicos que ha tenido México.

Una de las grandes impresiones que me he llevado, es la manera crítica en que Salinas aborda, y hasta cierto punto denuncia, muchos de los problemas nacionales en materia económica de los años noventa, posteriores a su gobierno, específicamente durante el mandato del ex presidente Ernesto Zedillo.

Alude a la crisis económica del año 94, la consecuente fuga de capitales, las implicaciones del rescate bancario en México, el crédito de emergencia que el Gobierno de Bill Clinton, en Estados Unidos, autorizó para México como medida de emergencia ante la fuga de capitales, además de su interpretación crítica acerca del manejo político de aquellas problemáticas desde el Estado mexicano.

Las interpretaciones que Salinas hace de cada problema que aborda desde una postura propia, con argumentos teóricos de por medio, utilizando títulos como: “Década perdida”, “Saqueo a los mexicanos”, “Autodeterminación popular”, parecieran dar la impresión de mantener una postura irreverente con el sistema. Algo que, desde luego, no es así. Es un libro que precisa mucha atención al momento de leerlo, para no perder de vista el sentido político que Carlos Salinas pretende acotar, para defender su proyecto.

Salinas no se responsabiliza de la fragilidad de la realidad económica de aquellos años y sus consecuencias, teniendo como antecedente su periodo de gobierno. Admite que en su gobierno existieron una serie de políticas y reformas administrativas, además de nuevos reglamentos, que dieron la base de inicio para la liberalización del sistema económico mexicano en años posteriores, pero se desentiende de considerar su mandato como neoliberal.

Asume que su gobierno estaba basado en un criterio de liberalismo social, con un programa económico donde las grandes masas mexicanas pasábamos a ser sujetos determinantes en este tipo de fenómenos nacionales. Una interpretación que, desde la visión académica, pudiera ser válida, pero que la realidad, las condiciones y las consecuencias para los mexicanos la muestran muy diferente.

El Estado mexicano perdió fuerza en su capacidad de participar e intervenir en la economía, no porque la población tomara riendas de acción en ella, sino porque el reacomodo de las fuerzas dominantes en el mundo traía aparejado un debilitamiento gradual del Estado como sujeto central en el aparato económico internacional. Esto respondía a una inercia de escala global, al menos en la mayor parte del mundo.

Salinas: Enemigo del populismo

Cuando Salinas de Gortari critica el populismo y puntualiza que su ascenso en México implicaría tener un gobierno de “caudillos”. Si nuestro país tiene líderes que pueden hacer políticas y medidas de Estado muy centralizadas y corporativizadas, así como un gobierno que interviene y participa de manera dominante en toda la actividad económica, además de regularla, se desarma al país y a la gente, le quita capacidad de organización al pueblo y además limita sus aspiraciones políticas.

Ese es el punto central bajo el cual el salinismo opera maquinarias mediáticas y propagandísticas en contra del populismo. Toda esta concepción que estudia, la enfoca desde dos ópticas posibles: populismo de derecha y populismo de izquierda. Salinas se muestra reacio a ambas posturas.

El expresidente es claro en marcar su distancia con el Estado benefactor; argumenta que hacer del gobierno un proveedor de oportunidades y de recursos para darle fuerza a un mercado interno, es no confiar a plenitud en las capacidades de organización de la gente. Sobre todo, del manejo responsable de sus zonas y sus espacios de desarrollo económico.

El factor anterior es un punto de vista con miras al desarrollo de un proyecto económico nacional, que diera nuevamente la impresión de reivindicar la plenitud social; sin embargo, las exigencias económicas de los dueños del capital exigen fabricar sistemas de gobierno, acuerdos con los trabajadores y medidas económicas que garanticen los índices de ganancia en función a sus inversiones originales.

Es simple: ante la desorganización colectiva para cambiar las condiciones sociales que imperan en el mundo, no existen medidas ni políticas que favorezcan en todo a las capas sociales. La dinámica social la seguirá determinando el gran capital.

El libro de Salinas sirve para entender que, en torno a los últimos 30 años, los grupos de interés económico ligados a los gobiernos mexicanos no han sido los mismos y que, dentro de los gobiernos liberalizadores nacionales, existen diferencias y matices políticos. Sin embargo, la subordinación hacia el capital, de origen trasnacional y de características expansionistas, fue y siguió siendo bastante pronunciada en un México que, hasta hoy, sigue siendo neoliberal, regresivo y salvaje.

Related posts