Soy periodista, y sí, podría morir

Por Karina Hernández

José Valdés, Jaime Arturo, Ramiro Téllez, Enrique Perea, Bradley Roland, Misael Tamayo, José Manuel Nava, Roberto Marcos, Adolfo Sánchez y Raúl Marcial forman parte de la lista de periodistas asesinados, únicamente, en 2006.

Aquella fecha inició una gran lucha contra el narcotráfico. A partir de este año, el porcentaje de ataques a la prensa creció. El miedo al periodismo nació, pero también la lucha por la libertad de expresión.

El número sigue en aumento. Hay quienes no quieren que se sepan las cosas, ¿la “única” solución? Asesinarlos, desaparecerlos. Callar la voz de personas que buscan esclarecer asuntos que parecieran confusos, quizá, ocultos.

José Valdés: primer periodista asesinado en 2006. José Manuel Nava, exdirector de Excélsior, asesinado a puñaladas. Diez asesinatos que colocaron a México como el país más peligroso, en América Latina, para el ejercicio del periodismo.

Corrupción y crímenes, dos temas que el gobierno y el crimen organizado castigan a quienes los toquen, a quienes los investiguen y a todo aquel que los den a conocer.

En México no existe protección a los medios de comunicación, al menos, claro, que existan intereses de por medio: protección a cambio de silencio. Pero eso no es el periodismo, no es su esencia y mucho menos la finalidad.

Un periodista, uno verdadero, busca llegar hasta lo más profundo de un tema que afecta a muchos y beneficia a pocos. Quiere que sepas aquello que te están ocultando, lo que te están robando. Su misión es traducir las cosas para que puedas entenderlas, para que estés enterado de lo que pasa.

Pero en medio del periodista y tú, está la muerte. El obstáculo que pone alguien que no quiere que te enteres de cómo lava dinero o prostituye mujeres. De personas que tienen nexos con el narcotráfico o incluso los mismos narcotraficantes. De quienes deberían ver por tu bienestar, seguridad y economía, pero, contrario a esto, te roban, te matan, te desaparecen para que después seas encontrado calcinado, en una fosa o mutilado.

2006, 2008, 2009, 2010, 2011 y 2017 han sido los años más letales para los periodistas, la cifra por año no baja de 9 asesinatos.

El año pasado superó la ola de violencia a la prensa. Cecilio Pineda, Ricardo Monlui, Miroslava Breach, Maximino Rodríguez, Filiberto Álvarez, Javier Valdés, Jonathan Rodríguez, Salvador Adame, Luciano Rivera, Cándido Ríos, Edgar Esqueda y Gumaro Pérez (asesinado frente a su hijo dentro de una primaria).

Algunos han sido asesinados por impactos de bala frente a sus familiares, otros fueron “levantados” y sus cuerpos encontrados calcinados y con rasgos de tortura. En la mayoría de los casos no hay culpables, no recibieron justicia.

En la primera mitad del 2018, seis periodistas han sido asesinados. Héctor González: asesinado a golpes en Tamaulipas. Alicia Días: asesinada a golpes en Nuevo León. Juan Carlos Huerta: ejecutado fuera de su domicilio en Tabasco. Leobardo Vázquez: baleado frente a su casa en Veracruz. Leslie Ann Pamela: ejecutada en su restaurante en Guerrero. Carlos Domínguez: baleado en Tamaulipas.

Veracruz y Guerrero, dos Estados considerados como los más peligrosos para esta profesión. Lugares donde periodistas han recibido amenazas por parte de distintos sectores. Dos lugares en donde por 12 años no se ha dejado de perseguir a la prensa.

Y dos sexenios, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, en los cuales la libertad de expresión, lejos de ser protegida, fue condenada a muerte. Lo sigue siendo.

 

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