“Yo sé que él me estaba viendo”: Michael Jordan

Por Adrián Iván Díaz Yanez

Yace ahí Michael Jordan, irrefutablemente el mejor jugador de basquetbol que han visto los ojos de la afición del deporte ráfaga. Tendido y sin energía en la alfombra gris del vestidor local del United Center. Boca abajo. Sin voltear a ver a esos que siempre le acompañaban: las cámaras y los que las manejaban; esos que lo siguieron desde que jugaba en la Universidad de Carolina del Norte y que aún le siguen y lo harán por el resto de sus días, sus seguidores.

El hombre más icónico de este deporte, permanece postrado. Es la emotividad que le generó haber ganado el campeonato de la temporada 1995-96 en el Día del Padre. Recuerda al suyo. Le rinde honor a su difunto progenitor. Está en su momento de duelo.

“Yo sé que él está viendo”, le dijo Michael en una entrevista al reportero de cancha Ahmad Rashad de NBC Sports, tras haberse coronado en Las Finales de la NBA por cuarta ocasión. “A mi esposa e hijos, a mi madre, a mi hermano y mi hermana, éste es para mi padre”.

Éste era su primer campeonato desde la muerte de su padre, James Jordan.

James fue asesinado el 23 de julio de 1993. El homicidio ocurrió mientras estaba en su Lexus SC400 rojo, en Carolina del Norte, cuando dos hombres se acercaron y dispararon hasta matarlo.  Ambos fueron posteriormente identificados como Daniel Green y Larry Demery, quienes fueran sentenciados a encarcelamiento de por vida.

Michael era muy cercano a su padre, quien gustaba mucho del beisbol.

Después del asesinato de James, Michael anunció su primer retiro, en su carrera sin igual e ilustre de las duelas que mayor acción ven.

Fue así, inesperadamente como Jordan colgó la playera en el vestidor, para cambiarla por los spikes y un guante de cuero. Esto, luego de haber ganado el primer three-peat de su carrera.

Después de espantosas actuaciones como beisbolista, Jordan optó por la decisión más sensata en su carrera: volver a vestir la playera de los Bulls.

Luego de terminar la temporada 1994-95 en una derrota de segunda ronda de playoffs contra el Magic de Orlando, Chicago se fortaleció, agregando a su roster a Dennis Rodman.

La siguiente temporada (1995-96) ha sido la más ganadora -hasta el momento- para cualquier franquicia en la historia de la NBA. Con récord de 72-10, Jordan y los Bulls lograron emprender otra racha de tres años consecutivos consagrándose campeones y así establecer un legado que quedará en los libros. Difícil de igualar, ya que fue en los noventa, la era de la liga con mayor competitividad, misma donde pasaron de las más grandes e impactantes figuras que el juego ha reconocido.

Finalmente, para cerrar la temporada del 96 con broche de oro, los Bulls terminaron victoriosos en el sexto de la serie de siete. El encuentro fue en casa ante los Supersonics de Seattle de Gary Payton y Shawn Kemp.

Jordan se tiró inmediatamente a la duela. Sabía que lo había logrado nuevamente. Sin embargo, en esta ocasión no estaría su padre ahí para felicitarlo, celebrar, y abrazarle como lo hizo desde que su carrera deportiva se situaba en ciernes, cuando pequeño.

“Éste fue, probablemente, el momento más difícil para mí para jugar basquetbol. Tenía muchas cosas en mi corazón y en mi mente…”, citó el diario Chicago Tribune a Jordan en su edición del 17 de junio de 1996.

De este modo culminó la celebración inmediata de campeonato. El emblemático dorsal 23 de los Bulls de Chicago acostado en la alfombra, con el balón en mano, así como una toalla y la gorra de campeonato en la otra. Llorando. Sumergido y apartado de la realidad que vivían los otros jugadores.

Una de las imágenes más importantes en el deporte, de las que no se voltean a ver. Esas quepasan desapercibidas.

Una de las más importantes en la carrera de Su Majestad, sin estar suspendido en el aire haciendo el tiro mientras la chicharra expira y el contorno del tablero se pinta de rojo. Sin tener que desafiar la gravedad para realizar una clavada digna de hacer póster y después ser colgada en las habitaciones de sus seguidores.

Un momento, más que deportivo, humano. De esos donde las emociones que nos enclaustran dentro de nuestras propias burbujas a los que no figuramos en la nota de cada día, también atrapan a los que son sus protagonistas.

Ahí yace Michael Jordan, con un campeonato más para su sala de exhibición de trofeos, pero sin su padre con quien disfrutaba esos momentos para él, para ambos. Ahí yace, postrado en la alfombra gris.

 

Related posts