Jackie Robinson: la respuesta contundente al discurso del odio

Por Adrián Iván Díaz Yanez

Durante el Juego 1 del Clásico de Otoño de 1955, los Dodgers se vieron la cara contra los Yankees en el Ebbets Field.

Yogi Berra, inmortalizado número 8 de los Yankees, aparece en cuclillas en la receptoría. Jackie Robinson, el primer jugador afroamericano en la MLB, trata de mantenerse a intacto –como lo hizo en toda su carrera, dentro y fuera del escenario– para poder anotar.

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En 1946, Jackie Robinson se unió al equipo afiliado de los Brooklyn Dodgers, los Montreal Royals, para (a paso lento) comenzar a quebrantar la barrera del racismo en el deporte y en lo social que seguía impregnada en Estados Unidos, luego de haber pasado más de 80 años de la Proclamación de Emancipación decretada por el presidente en turno, Abraham Lincoln, en 1863, durante la Guerra Civil.

En su primer partido de la Liga Internacional, Robinson terminó con un cuadrangular de tres carreras, tres sencillos, cuatro carreras y dos bases robadas, en cinco turnos al bat.

La temporada de tres cuadrangulares, 66 carreras impulsadas, 113 anotadas, 40 robadas y porcentaje de .349 de bateo, le valió su pase al equipo mayor.

Fue el gerente general de los Dodgers, Branch Rickey, quien le ofreció el contrato a Jackie Robinson para iniciar la una nueva era, que rompía con la arcaica hegemonía de “ligas para blancos” y “ligas para negros” en el deporte más famoso de Estados Unidos en la década de los cuarenta.

Sin embargo, al firmar, Robinson no lo hizo por los millones que lo hacen hoy día los peloteros, pero tampoco fue un contrato casual de aquella época para jugadores blancos. El contrato le impedía contraatacar cuando la gente o los rivales lo insultaran, amenazaran o incluso golpearan.

[En abril de este año, Mykalai Kontilai (empresario) afirmó a ESPN que él y su empresa Collectors Café poseen los documentos originales de los contratos de Robinson: el de 1945, con los Montreal Royals, y el de 1947, con los Brooklyn Dodgers. La colección, actualmente, representa un valor estimado de 36 millones de dólares. Robinson sólo vio cinco mil por su temporada de novato]

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Pese a la negación de aceptarlo por parte de jugadores, entrenadores, fanáticos y analistas del deporte, en 1947 llegaría a vestir el número 42 en azul para los Brooklyn Dodgers.

La temporada resultó prometedora para Jackie. Terminó con un porcentaje de .297 de bateo, lideró la liga con 29 bases robadas, conectó un total de 175 hits y anotó 125 carreras. Estos números representaron la consistencia del juego de Robinson, y lo llevaron a obtener el premio al Novato del Año de la Liga Nacional.

Muchos equipos llegaron a cancelar juegos de exhibición para protestar que la MLB no debía mezclarse con la Liga de Negros.

En Syracuse, New York, un pelotero rival tiró un gato negro al terreno de juego y le infirió a Robinson que “ahí estaba su primo”. Robinson, posteriormente, consiguió batear un doble y anotar una carrera, y respondió con una sonrisa: «Supongo que ahora mi primo está muy feliz».

Así sin violencia, Robinson actuó como lo hacían muchos de los activistas por la lucha de los Derechos Civiles en los sesenta: sin violencia, evidenciando que negros o blancos, las capacidades radican en uno y no en una raza.

El abuso y los actos racistas nunca pararon en la carrera de Jackie Robinson. Algunos compañeros de equipo le dieron la espalda y firmaron una petición para que no jugara más. Kirby Higby, pitcher del equipo, pidió un traspaso tras la negación a la expulsión de Robinson por parte de Branch Rickey.

[Por una amenaza de muerte contra él y su familia, el mismo FBI tuvo que investigar el caso. Se trató de una fuente que advertía una atrocidad contra el pelotero. Se hacían llamar Three Travelers, y mandaron una carta a la policía donde decía que si pisaba el terreno de juego en Cincinnati, el equipo local (Cincinnati Reds) y un periódico de la ciudad estarían prometiendo dispararle a Robinson]

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En la octava alta de aquel juego de Serie Mundial, los Yankees llevaban dos outs y un par carreras de ventaja. Robinson, posicionado en la antesala, corrió los 90 pies hacia la caja registradora. Se deslizó con la rodilla derecha extendida mientras el lanzamiento del zurdo Whitney Ford llegaba al plato. El resultado de esta jugada fue una de las fotografías más reconocidas e icónicas en la historia del beisbol.

Yogi Berra, el hombre carismático, dejó de lado su simpática sonrisa para reclamarle al umpire por haber marcado safe en la jugada. Agitado y con el ceño fruncido, vociferando mientras levantaba los brazos, Berra le infirió al oficial principal que su juicio no fue el correcto. Jackie Robinson se fue inmutable por detrás del home plate, directo al dogout.

[55 años después de la jugada, cuando el primer presidente afroamericano llegó a la Oficina Oval de la Casa Blanca, comentó la marcación en el home plate a favor de Jackie Robinson y los Dodgers. A causa de dicha mención, Yogi Berra envió un retrato de la polémica jugada con su firma al presidente Barack Obama Joe Posnanski, de NBC Sports, afirmó que aun habiendo pasado 60 años de dicha jugada, cuando Berra saludaba a Rachel, la esposa de Jackie Robinson, él decía «out», mientras que ella «safe».]

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Jackie Robinson fue un excelente pelotero, pero un mejor ser humano. Logró abrir caminos que estaban sellados para los afroamericanos junto con otras grandes figuras en los distintos rubros.

Luchó por lo que hoy día siguen luchando los ciudadanos afroamericanos en Estados Unidos: por un trato igual sin distinción de razas que sigue pareciendo lejano.

Por esos mismos derechos civiles de los que creó conciencia el historiador Carter G. Woodson, por los que luchó pacíficamente y soñó Martin Luther King Jr, y que los fortaleció Malcom X.

Por arrancar de las primeras planas los hechos rojos que los incluyen. Desde el «boicot» de Rosa Parks, cuando se negó a ceder su asiento a un hombre blanco en un camión segregado en Montgomery, Alabama, en 1955, hasta el asesinato del joven afroamericano desarmado, Michael Brown, por un policía blanco en Ferguson, Missouri, y los más de 100 acontecimientos similares que se registraron en 2015 en Estados Unidos.

 

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