Se apañaron a “El Cojo”…(El narcomenudista de Satélite)

Por Miguel Osorio Martínez

 

Barba blanca de tres días. Cabellera poblada y totalmente encanecida. Arrugas que rodean una pequeña, redonda y enrojecida nariz. Ojos azul claro que se entrecierran al golpe de luz. Paso lento, cansado, adornado por el compás que marca un gastado bastón de madera.

 

El viejito que “Chocolate abuelita” hubiera querido para la versión masculina de su producto. Pero no. Este abuelito no prepara chocolate ni te abre su ropero. No te cuenta cuentos ni te da dinero a escondidas de tus padres. No. “El cojo” es uno de los mayores narcomenudistas en la zona de Ciudad Satélite. O lo era hasta hace algunas semanas…

 

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Avenida Lomas Verdes es una de las vías más representativas de Ciudad Satélite. Variedad de centros comerciales, restaurantes y antros (además de centros educativos que proveen de clientela, sobre todo a los últimos) adornan los costados de la denominada “super avenida”. Y uno de los puntos distintivos de ésta es, sin duda, el bazar de Lomas Verdes.

 

Viernes 22 de enero. 9 a.m.

 

El bien ‘sateluco’ y veinteañero Bazar de Lomas Verdes  comienza a abrir sus cortinas de acero a la voz de entusiastas comerciantes que poco o nada les da que sea viernes, porque ellos trabajan todo el fin de semana. A espaldas de esta plaza, de los bodegones comerciales, un conjunto de invernaderos dispuestos en fila y cubiertos en su mayoría por lonas azules está a punto de presenciar una de esas escenas de serie de narcos tan populares, pero en la vida real (o sea aburrida y sin modelos en bikini armadas).

 

Era temprano, el sol no había salido del todo. Ricardo, el encargado de un puesto de flores en contra esquina al invernadero donde “El cojo” operaba su “tan lucrativo negocio”, recuerda que todavía no abría el “changarro”. Estaba viendo la tele y todavía no se escuchaba el bullicio natural del día cuando el espectáculo comenzó.

 

“Uuuyyy, güero, ni las armas sacaron: Salieron de allá, de acá, cruzaron las camionetas y pues ya estaba. Ni las manos pudo meter ¿sí o no?”.

 

Y pues sí, nada pudo hacer “El cojo” cuando un par de camionetas Ford verdes, pintadas y seriadas del ejército bloquearon, una, el extremo de calle que deriva en la Lomas Verdes y, la otra, el extremo que termina en un canal enrejado a espaldas de los campos de futbol americano.

 

***

 

Según cuenta Ricardo, de la camioneta más cercana al traficante, la que daba a la avenida, bajó un militar con unos papeles que le mostró al criminal para luego intercambiar unas palabras y esposarlo. Entonces, un par más bajó del vehículo y auxiliaron al primero a meter a “E Cojo”.

 

“Ajá, y se fueron y ya. Se lo llevaron y yo creo que ya no lo vamos a ver. Nadie vino a hablar con nosotros, ni nada”.

 

Y así, sin hablar ni nada, veía su fin otro de los tantos personajes “secretos” que esconde el paisaje urbano. Se va “El cojo”, pero vendrá otro. Otros tantos. Como si  los casos policiacos resueltos no resolvieran sociedades.

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