A sangre fría de Truman Capote, a dos voces

Por Gerardo Álvarez García

 

El peor depredador del hombre es la ambición, ya sea la propia o la de un tercero. No hay manera de dejarse seducir por la muerte ajena sin tener alguna referencia del finado en vida, Así inicia Truman Capote, contando la intimidad de la familia Clutter, días antes de ser brutalmente asesinada.

 

De ascendencia alemana, siendo una familia querida y trabajadora, su enemigo principal dentro de la historia fue la creencia de su maravillosa fortuna, o eso aparenta al inicio, cuando nos presenta a Dick y Perry, los verdugos de la familia que parecía tener un futuro mejor. Como una paradoja de los dichos mexicanos (ya que los asesinos huyeron a nuestro país) los Clutter fueron víctimas del bendito dicho “Pueblo chico, infierno grande”, ya que Holcomb vive ese aroma de tensión y miedo tras la muerte de unos de los vecinos queridos de la pequeña pero acogedora comunidad.

 

Lejos de ser una familia perfecta, el lado de esperanza llegó a la familia con la ilusión de volver a la felicidad pasada, pues el malestar emocional de la señora Clutter parece estar a punto de remediarse. Tan solo una operación en la columna la separaba de ese pasado en el que compartía cuarto con su esposo, pues ese estar al borde de la locura le ha costado estabilidad al Matrimonio.

 

Por su parte, el señor Clutter era un hombre de rutina simple. Un café en la mañana y el trabajo desde que el gallo cantaba. Su hija Nancy tenía una relación con Bobby, todo un héroe deportivo de la comunidad. Días antes de la tragedia su padre le sugirió dejara de verlo tan seguido para evitar una decepción amorosa, además del dilema ideológico-teológico que eso les implicaba, pues ellos eran protestantes y la familia de él eran católicos.

 

Kenyon era un chico reventado que la comunidad no quería tanto como a sus padres y hermanas. Las dos hijas mayores no vivían en la casa, debido a que una estaba casada y la otra a punto de contraer nupcias.

 

Pero la historia también se centra en los dos homicidas, o bueno, participantes de aquella noche que terminó con la vida de los Clutter, quienes eran contrastantes. Al líder Dick, quien planeó todo incluso la huida a México y Acapulco, Capote lo muestra como una persona fría y calculadora. Es el personaje al que más se llega a odiar. No hay un origen evidente para su maldad, pues tuvo una infancia tranquila e incluso fue a la escuela, todo lo contrario a Perry, que se ve como un acompañante fiel que en momentos puede llegar a arrepentirse, pero termina siguiendo a Dick.

 

Lo interesante y magistral de Capote fue la manera de llevar las historias entrelazadas, incluso siguiendo con el hilo de la historia que vivían la mejor amiga de Nancy y su novio para aclarar los cuatro homicidios, mientras vemos la vida y sucesos que llevan a los asesinos hasta la justicia y la muerte, como una novela policiaca.

 

Capote le da en el clavo a la historia para mantener al lector atento y con la incertidumbre de saber más acerca de ese famoso caso. Los agentes de policía son importantes, mas nunca llegan a ser protagonistas reales de la historia. El agente Dewey es quizás el que toma un rol más aprensivo para el lector gracias a su obsesión por resolver el caso y hacer justicia, pero sin llegar a tener el peso de los Clutter o de Dick y Perry.

 

Periodísticamente, la obra incluye bastantes factores que la hacen una historia escrita de manera casi perfecta. Contiene datos duros, crónica, descripción. El reportaje resultó tan grande y jugoso que dio para hacer un libro extraordinario, que puede darnos a los alumnos de periodismo un ejemplo de cómo se debe llevar la información para que el lector quiera seguir leyendo.

 

Quizás el problema con el que se puede encontrar este libro en la actualidad es la poca costumbre de lectura que hay en este país, ya que es un libro bastante amplio y a muchas personas los nuevos medios de comunicación los han hecho personas que buscan la inmediatez y no la calidad, es decir, querrán en una hoja toda la información que contiene la versión de más de 400 páginas.

 

 

***

Por Tamara  Cuevas

 

Hace poco, Gay Talese aseveró en una entrevista para un periódico de Colombia que “el periodismo no se trata de ganar dinero. Es una dedicación a la verdad”. Para Truman Capote, nunca fue dinero, sino fama y el deseo arraigado de demostrarle a la comunidad estadounidense que él era el escritor y periodista más importante de los años 60.

 

A Sangre Fría, que encabezó la lista de los libros más vendidos en Estados Unidos y sigue siendo un best seller a nivel mundial, fue la novela de no ficción que revolucionó al periodismo, abriendo paso al periodismo narrativo que conocemos hoy.

 

La que se considera como la obra maestra de Capote narra el asesinato de la familia Clutter en el pueblo de Holcomb, en Kansas. Un asesinato que fue a sangre fría y que, sin duda, pudo haber pasado a la historia como algo común y corriente, Truman lo convirtió en noticia a nivel mundial.

 

De manera muy íntima y reveladora, el periodista de Nueva Orleans conecta al lector con los dos asesinos, pues durante esta crónica literaria nos muestra aspectos de Dick Hickock y Perry Smith – los asesinos – que difícilmente nos mostraría la clásica nota del periódico.

 

El lector, como quien no quiere la cosa, dicta sentencia en su mente a los homicidas. A uno por ser demasiado estúpido e ingenuo y al otro por ventajoso, todo esto sin necesidad de que Capote juzgue o escriba su opinión.

 

De manera inconsciente, el que devora esta obra, indudablemente elige un bando. Aunque, sí, al final ambos mataron a los integrantes de esta familia.

Y así fue por más de 40 años, en los que A Sangre Fría fue sinónimo de periodismo de investigación, de largas entrevistas y de una gran narración.

 

Pero todo eso se acabó en el 2013, cuando el periódico británico The Independent, basándose en documentos en propiedad de la Oficina de Investigaciones de Kansas,  hizo publicó que Capote podría haber “maquillado” algunos capítulos de su obra. Específicamente para hacer que el principal investigador en ese entonces, Alvin Dewey, quedara como el héroe de la persecución de Dick y Perry.

 

Esto lleva a preguntarme: ¿será válido lo que hizo Truman Capote? Lo cierto es que si le preguntamos a Gay Talese, sería un rotundo NO. Puesto que el escritor de Honrarás a tu padre considera que el periodismo esté comprometido con la verdad.

 

Ahora que si le hubiéramos preguntado a García Márquez hace un par de años, probablemente respondería que sí. Y me aventuró a decirlo, pues es bien sabido que a Márquez le daba por inventar personajes, aunque sus historias y narrativas son tan exquisitas que se nos olvida.

 

Y por otro lado, Rryszard Kapuscinski se hubiera reído. Y aquí es cuando el escritor de ciencia John Lehrer, desea tener la mitad de fama, prestigio y buena pluma de alguno de los mencionados para no ser criticado tan fuertemente por haber inventado citas de Bob Dylan para su libro. Pero la vida no lo trató de la misma manera.

 

Esto me lleva a preguntarme si uno de mis libros favoritos pierde calidad y veracidad; si dicha obra, de la que me han hablado sin cesar en las aulas de periodismo, no tiene la importancia de antes.

 

Sin duda, la respuesta no la tengo, y para cada persona será diferente. Lo único que sí creo es que la investigación que llevó a cabo Capote – omitiendo los capítulos maquillados–, las largas entrevistas, el tiempo que se llevó en conocer a los protagonistas de esta historia y el olfato periodístico que tuvo para reconocer una gran historia en una noticia que apenas entró en el periódico de ese día, es algo digno de reconocer.

 

 

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